«Soy panadero, no soy delator»

Por Isrrael Sotillo

Fotografía redes sociales.

Barinas, Venezuela,  11 de abril de 2026

El 25 junio de 1894, el panadero anarquista Sante Geronimo Caserio quitó la vida al presidente francés Sadi Carnot, después de que la policía y el ejército realizaran diversas matanzas en contra de trabajadores en huelga. Habían guillotineado a tres anarquistas. Las autoridades dijeron que Caserio padecía de trastornos mentales, pero antes de ser pasado por la guillotina, a sus 20 años de edad, expresó lo siguiente:

«No pido perdón ni piedad, sólo quiero hacer saber a mis compañeros obreros que no estoy loco como algunos han creído. Comencé desde los catorce años a conocer la sociedad, esta sociedad mal organizada en la que los que no producen nada, consumen todo y los que todo producen no pueden consumir nada. Hemos hecho muchos panes y hemos gastado toda nuestra fuerza, pero no tenemos un solo pedazo de pan para nosotros… Mil veces, al echar mi cabeza sobre la almohada para dormir, pensaba en los sufrimientos de los míos y me hundía en el llanto, después reflexionaba y otro pensamiento mayor me decía: “No eres tú la causa de los dolores de los tuyos; es la sociedad actual». Y dejé de pensar en el dolor, sólo pensaba en mi deber: combatir este absurdo orden social aniquilando algunos burgueses.

¿A propósito, ¿murió el presidente?..

«Soy panadero, no soy delator», dijo en el interrogatorio, ante una propuesta para conmutarle le pena.

Posteriormente en su juicio, Caserio describiría el asesinato con detalle:

«Llegaron entonces, a paso corto, los militares siempre sobre sus caballos, dispuestos los cuatro grupos de cuatro con sus banderas. Después de las tropas vino un trompetero montado, aunque sin tocar, entonces la segunda tropa pasó igual a la primera. Vino luego el carruaje descubierto del Presidente de la República, con los caballos apartados apenas tres pasos atrás de la tropa de soldados.
Cuando el último jinete de escolta pasó delante de mí, me desabotoné la chaqueta. El puñal lo quería con el mango para arriba dentro del bolso. Lo empuñé con la mano izquierda y con un movimiento, empujé lejos a dos muchachos que tenía delante. Me dirigí con velocidad, aunque sin encarar directamente al presidente, yendo en un movimiento contrario al del carruaje. Subí al escalón externo del vehículo y me apoyé agarrándome con la mano izquierda del lateral y con la derecha, enterré la daga en el pecho del presidente. Dejé el puñal clavado, en su cuello dejé un pedazo de periódico.

Saltando del carro, grité, no recuerdo si mucho o poco, «Viva La Rivoluzione». Así que salté, me di cuenta de que nadie me había detenido ni parecía haber entendido lo que estaba ocurriendo, entonces corrí alrededor del carruaje y de los caballos presidenciales.

Y en aquel momento grité «Viva la Anarchia!»: ahí entendieron los policías. Fui por adelante de los caballos, por detrás de las luces, para intentar mezclarme con la multitud y desaparecer. Pasé entre hombres y mujeres y entonces oí un grito tras de mí: «¡Agárrenlo!». Un policía, llamado Nicolas Pietri, me tomó por el cuello de la chaqueta y entonces otras veinte personas me cercaron.

Apareció el 02 de agosto de 1894 ante el Juzgado de lo Penal del Ródano, y afirma que totalmente su acto que afirma haber hecho solo y por su propia iniciativa. «Ustedes son los representantes de la sociedad burguesa, señores del jurado, si quieren mi cabeza, tómenla. Pero no creo que con esto, detengan la propaganda anarquista. Cuidado, porque cosechamos lo que sembramos. «

Condenado a muerte el 03 de agosto de 1894, fue guillotinado en Lyon. Caserio, quien nunca intentó huir, tras el hecho, fue  guillotinado el 16 de agosto de 1894, él tenía unos 21 años de edad.

*Asesinato de Carnot* :

El 24 de junio de 1894, en la calle Ré de Lyon (Arpitània), el panadero anarquista italiano emigrado a Francia por no hacer el servicio militar e instalado en Sète, Sante Geronimo Caserio, traspasa el corazón del presidente de la República francesa Sadi Carnot de visita a la Exposición Internacional, con un puñal bereber con el mango rojo y negro y al grito de «Viva la anarquía!», para vengar las ejecuciones de los compañeros anarquistas Ravachol, Émile Henry y Auguste Vaillant. Carnot sucumbió a las heridas tres horas después en la prefectura de Ródano donde le habían trasladado y el gentío histérico saqueó las tiendas italianas y la embajada de Italia, en la calle de la Barre. Al día siguiente, la viuda de Carnot recibió una fotografía de Ravachol, expedida por Caserio, con unas simples palabras:

«Bien vengado».

*Anarquismo:*
Solamente los anarquistas, sabrán que somos anarquistas y les aconsejaremos que no se llamen así para no asustar a los imbéciles…

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