12 de octubre. Una de las mayores catástrofes de la historia humana

Por Rodolfo Ondarza*.

Fotografía redes sociales

Ciudad de México 15 de octubre del 2026

Donald Trump y el intento de reivindicación de un antihéroe.

En días recientes Donald Trump lanzó una web para homenajear a Cristóbal Colón como «el héroe estadounidense por excelencia, un gigante de la civilización occidental, uno de los hombres más valientes y visionarios que jamás hayan pisado la faz de la tierra”. Donde ha considerado que la expedición de 1492 abrió el camino para la posterior creación de la nación estadounidense.

En otras ocasiones, el líder republicano se ha declarado defensor del «modo de vida americano que comenzó con Cristóbal Colón». Y en una proclamación firmada el 7 de octubre, Trump calificó a Colón de «leyenda» y prometió que su legado no será borrado por «extremistas radicales».

Celebró la recuperación de una estatua en su honor que ahora se encuentra en el recinto de la Casa Blanca después de que en 2020 fuera derribada y arrojada al puerto de Baltimore en una protesta el 4 de julio, el Día de la Independencia de Estados Unidos.

“Es parte de quienes somos, de nuestra historia, posicionar a  Cristóbal Colón como el héroe estadounidense”, afirmó.

Quizás Trump tenga algo de razón si consideramos que la llegada de Colón significó el exterminio de muchos pueblos y el saqueo de sus recursos, en ese sentido son herederos de la filosofía del colonialismo, de la trata de seres humanos, del esclavismo, de la brutal explotación de otros.

De hecho, diversos análisis históricos estiman que, desde su fundación en 1776, Estados Unidos ha pasado más del 90% de su existencia en algún estado de conflicto armado o intervención militar activa a nivel global.

A lo largo de su historia, EEUU ha participado en más de 114 conflictos militares, aunque la cifra exacta varía significativamente según cómo se definan las operaciones. Si se consideran únicamente las grandes guerras reconocidas históricamente, el número ronda las 12, pero al incluir intervenciones menores, guerras indias y operaciones internacionales, el total supera los 140 conflictos armados (e incluso algunos estudios académicos extienden la cifra a cerca de 200 o más si se cuentan intervenciones indirectas y misiones encubiertas).

Si se suman las intervenciones desde finales del siglo XIX hasta las operaciones en el siglo XXI (como Irak en 2003, Libia en 2011 o intervenciones recientes), analistas internacionales y críticos de política exterior (como el investigador William Blum) estiman que EE. UU. ha intentado o logrado derrocar gobiernos en más de 50 países.

Estados Unidos intervino de manera decisiva para provocar cambios de gobierno en 41 ocasiones en Latinoamérica.

Una de las bases de datos más minuciosas sobre interferencia electoral determinó que Estados Unidos llevó a cabo al menos 81 intervenciones conocidas (tanto abiertas como encubiertas) en elecciones extranjeras entre 1946 y 2000.

La invasión.

La llegada de los españoles el 12 de octubre de 1492, catalogada desde una perspectiva crítica e indigenista como la invasión y colonización de América, transformó de manera irreversible la estructura demográfica, política y cultural del continente. Este acontecimiento dio inicio a un proceso violento de dominación que tuvo repercusiones globales.

Actualmente, muchas naciones de la región han dejado atrás la antigua denominación del «Día de la Raza». En su lugar oficial, el 12 de octubre se conmemora el Día de la Resistencia Indígena como un ejercicio de memoria histórica y reconocimiento a la subsistencia de los pueblos originarios.

Se calcula que la población indígena disminuyó en más del 80% durante los primeros siglos de la colonización debido a las guerras, las hambrunas y el trabajo forzado.

La invasión iniciada en las Antillas tuvo su punto álgido en México con la destrucción del Imperio Mexica en 1521. Esto significó la pérdida casi total de códices, templos (como el Templo Mayor) y la imposición de la Ciudad de México sobre las ruinas de la antigua capital.

Los europeos trajeron enfermedades desconocidas en el continente (como la viruela, el sarampión y la tuberculosis), ante las cuales los nativos no tenían defensas inmunológicas, exterminando a tercios enteros de comunidades. Se produjo el colapso y desaparición de los grandes estados e imperios precolombinos, como el Imperio Azteca y el Imperio Inca.

La población indígena en México sufrió una reducción drástica de entre el 80% y el 90% durante el primer siglo de la colonización española, un fenómeno considerado por los historiadores como una de las mayores catástrofes demográficas de la historia humana.
Pasó de 25 millones de personas en 1519 a 1 millón de personas indígenas en 1605.

Las razones de este desplome de más de 24 millones de personas en menos de un siglo no se debieron únicamente a los enfrentamientos bélicos directos, sino a una combinación de factores económicos, biológicos y psicológicos.

La población del México central se redujo drásticamente en el siglo XVI debido a epidemias.
El choque microbiológico fue la causa principal. Los europeos trajeron consigo virus ante los cuales los nativos americanos no tenían inmunidad biológica. Destacan tres grandes oleadas:
Viruela (1520): Devastó Tenochtitlan antes de su caída, cobrando la vida del emperador Cuitláhuac.
Cocoliztli (1545-1548): Una fiebre hemorrágica (posiblemente salmonela) que mató a cerca de 15 millones de personas.
Huey Cocoliztli (1576-1581): Otra oleada que exterminó a cerca del 50% de la población indígena sobreviviente.

Ante la drástica caída de la mano de obra nativa, se desató el traslado forzoso y la esclavización de millones de personas provenientes del continente africano.

Instituciones coloniales como la encomienda y el repartimiento obligaban a los indígenas a realizar extenuantes jornadas en la agricultura y, sobre todo, en las minas de plata, donde las condiciones de salubridad eran nulas.

Los pueblos originarios fueron despojados de sus territorios ancestrales y de su autonomía política.

Gran parte de los códices, obras de arte, ciudades y monumentos de las culturas prehispánicas fueron destruidos.

Se obligó a los pueblos originarios a adoptar el cristianismo y las lenguas europeas (principalmente el español y el portugués), provocando la desaparición o el desplazamiento drástico de cientos de lenguas.

Se impuso el catolicismo, pero los pueblos originarios de México lograron preservar sus cosmogonías camuflándolas en el culto a los santos, dando origen a expresiones únicas como el Día de Muertos actual.

Se estableció un patrón de poder basado en la jerarquización por razas, donde el colonizador europeo ocupaba la cúspide social y el indígena o afrodescendiente quedaba relegado a la servidumbre o esclavitud.

A pesar de la violencia del despojo, la convivencia forzada dio pie al sincretismo cultural y al mestizaje, que definen la compleja identidad de la América Latina contemporánea.

Se instauraron nuevos sistemas de gobierno, leyes, fronteras y la hegemonía de la corona española y otros imperios europeos en el continente durante más de tres siglos.

Se extrajeron y enviaron a Europa inmensas cantidades de metales preciosos (oro y plata), lo que impulsó la economía y el poderío del viejo continente.

Se produjo una revolución alimentaria y ecológica mundial al intercambiar productos agrícolas y especies animales entre continentes.

Sin embargo, la conquista destruyó los sistemas de cultivo prehispánicos y las redes de comercio locales. El despojo de tierras para la ganadería europea limitó la producción de maíz, provocando desnutrición generalizada.

Existió un verdadero trauma psicológico durante el proceso de la conquista y la expansión ulterior. La destrucción de su religión, cosmovisión y modo de vida generó un colapso en las tasas de natalidad y un incremento en los suicidios.

La alarmante disminución de la población nativa generó una profunda crisis económica y moral para el Imperio español. Al morir los indígenas, la Corona perdía mano de obra para las minas, productores de alimentos y súbditos que pagaran tributos.
Para frenar esta crisis y regular los abusos de los conquistadores, la Corona Española modificó radicalmente su legislación a través de un proceso conocido como las Leyes de Indias.

Las Leyes Nuevas de 1542 promulgadas por el rey Carlos I (Carlos V) e impulsadas firmemente por el fraile Bartolomé de las Casas, las Leyes Nuevas representaron el intento más severo por frenar el poder de los encomenderos y proteger a la menguante población tributaria.
Sus puntos clave fueron la prohibición de la esclavitud indígena y la extinción gradual de la encomienda.

Ante el colapso definitivo de la población por las epidemias de cocoliztli de 1545 y 1576, la Corona eliminó casi por completo el sistema de encomiendas y creó el Repartimiento o Cuatrequil, así el Estado colonial asumió el control directo de la mano de obra.
Las comunidades indígenas estaban obligadas a enviar periódicamente a un pequeño porcentaje de sus hombres (normalmente entre el 2% y el 4%) para trabajar en obras públicas, campos o minas.
A diferencia de la encomienda, el trabajo era temporal y retribuido con un salario diario obligatorio, diseñado para evitar que los nativos murieran por extenuación absoluta.

Hacia finales del siglo XVI, el virrey de la Nueva España (Martín Enríquez de Almansa) y el del Perú (Francisco de Toledo) implementaron la reorganización territorial más drástica de la colonia mediante la concentración de la población, y para facilitar la recaudación de tributos, la evangelización y la atención médica rudimentaria, se obligó a los sobrevivientes indígenas dispersos a abandonar sus tierras ancestrales y congregarse en nuevos asentamientos diseñados al estilo europeo llamados Pueblos de Indios.

Para asegurar que los sobrevivientes pudieran mantenerse y pagar tributos, las leyes coloniales les otorgaron propiedades comunales (el ejido o fundo legal) que legalmente no podían ser vendidas a los españoles.

La población indígena de México comenzó una recuperación muy lenta y gradual hasta el siglo XVII. Sin embargo, la composición demográfica del país cambió para siempre, abriendo paso al proceso de mestizaje.

Ocurrió un intercambio masivo de flora, fauna y alimentos entre ambos mundos:
De América a Europa: Maíz, cacao, tomate, papa y yuca.
De Europa a América: Caballos, vacas, cerdos, trigo y cebada.

Se sentaron las bases de la economía-mundo y del sistema de comercio transoceánico.

Del «Día de la Raza» al “Día de la Nación Pluricultural”.

En México, la conmemoración del 12 de octubre y el análisis de las consecuencias de la conquista han experimentado una transformación radical en los últimos años, dejando atrás el concepto del «descubrimiento» o el «Día de la Raza» para enfocarse en la resistencia indígena y la reivindicación histórica.

En 1928 se estableció el 12 de octubre como el «Día de la Raza» por iniciativa de José Vasconcelos, enfocándose en el concepto de mestizaje y la llamada “raza iberoamericana”. En el año 2020, el Senado de la República aprobó declarar oficialmente el 12 de octubre como el “Día de la Nación Pluricultural”.

El cambio político y legal busca reconocer la riqueza de los 68 pueblos indígenas y afromexicanos que habitan el país, alejándose de la narrativa colonial que celebraba el «mestizaje» como una fusión pacífica y armoniosa.

Como un acto de justicia simbólica, la estatua de Cristóbal Colón que se ubicaba en una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México, avenida Reforma, fue retirada de forma definitiva. En su lugar se colocó la réplica de La Joven de Amajac, una escultura que representa a una mujer indígena gobernante de la época prehispánica, visibilizando a las mujeres y a los pueblos originarios en el espacio público.

El descubrimiento de La Joven de Amajac es uno de los hallazgos arqueológicos más significativos del siglo XXI en México. Esta escultura no solo ha modificado la comprensión académica sobre las estructuras de poder prehispánicas, sino que se ha transformado en un potente símbolo político y social de resistencia indígena y feminismo en el espacio público del país.

La pieza fue descubierta de manera fortuita el 1 de enero de 2021 por agricultores locales (la familia Cabrera) en la comunidad de Hidalgo Amajac, municipio de Álamo Temapache, en el estado de Veracruz. El monolito se encontraba enterrado dentro de un huerto de cítricos. Tras dar aviso al Instituto Nacional de Antropología e Historia, los arqueólogos autentificaron la pieza el 4 de enero del mismo año.
De acuerdo con los análisis del INAH, data del periodo Posclásico Tardío (1450-1521 d.C.).

Aunque pertenece formalmente a la cultura huasteca (como lo demuestra su ubicación geográfica entre los sitios arqueológicos de Tochpan y el Castillo de Teayo), presenta una marcada influencia cultural náhuatl/mexica del Centro de México, debido a las incursiones expansionistas que el Imperio Mexica realizaba en la región en esa época.

La relevancia científica de La Joven de Amajac radica en que no representa a una deidad, rompiendo con la vieja suposición de que casi todas las esculturas femeninas prehispánicas personificaban diosas de la fertilidad (como Teem o Tlazoltéotl). Los investigadores determinaron que representa a una mujer gobernante de la élite, basándose en su indumentaria de alto rango.

El monumento fue develado oficialmente en julio de 2023. La colocación de esta figura a un costado de lo que hoy es la Glorieta de las Mujeres que Luchan, simboliza un acto de justicia histórica. Reúne la reivindicación de los sectores históricamente marginados de la narrativa oficial: el ser indígena, mujer, joven y gobernante, erigiéndose como un referente nacional contra el racismo y el colonialismo.

En México, las luchas indígenas representan un movimiento histórico y contemporáneo de resistencia, dignidad, justicia y memoria colectiva. Lejos de ser disputas aisladas, estas movilizaciones simbolizan una demanda estructural por corregir una profunda deuda histórica y social derivada de siglos de colonialismo, racismo y marginación económica.

DR. RODOLFO ONDARZA*, neurocirujano, neurocientífico, defensor de derechos humanos, periodista, conferencista internacional. Neurocirujano indígena por autoadscripción, honrado con este privilegio por usos y costumbres por el Supremo Consejo y Gobierno Nacional Indígena.

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DR. RODOLFO ONDARZA, neurocirujano, neurocientífico, defensor de derechos humanos, periodista, conferencista internacional.

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