El actual presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, hace tiempo que denota un extraordinario interés por detentar el poder. Yo diría que, ya sobrepasa el interés normal, llegando a constituir una afición, rayando la adicción.
Lo correcto del poder político, es que sea una vocación de servicio a la ciudadanía, fuera de la cual exista la sensatez de abandonar dicha labor, cuando se llega a ciertos límites de cuestionamiento, o de daño visible a la sociedad, cual es el caso que presenciamos en España.
Muy al contrario de sensatez, Pedro Sánchez Pérez-Castejón viene demostrando pasión incontrolada por permanecer a toda costa pegado a la poltrona del Palacio de la Moncloa.
Unos dicen, y él mismo, que los fachas quieren quitarle de la presidencia, otros que está mal de la cabeza, los hay que agregan que trata de escapar de la Justicia, debido a los múltiples casos de corrupción que generó su Gobierno…
En cualquier caso, estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso para una democracia del Occidente desarrollado, porque está quedando claro que el presidente trara de salir reelegido haciendo trampas y jugadas sucias: compra de votos, Ley de Nietos, nacionalización masiva de inmigrantes, manipulación en Indra y en Correos…
Parece importarle muy poco a Pedro Sánchez, la voluntad del pueblo y de los ciudadanos, porque se le ve demasiado preocupado en montar tinglados fraudulentos para permanecer en el poder, aunque caiga en picado el prestigio de España, y aunque deje de respetarse la Ley, y deje de estar vigente la democracia.
Lo peor que nos podría ocurrir, es el abandono de la democracia y del Estado de Derecho, para introducir en España una dictadura totalitaria, fuera de este presidente, o del que fuera.
Una España que deje los derechos de la gente, y, consiguientemente, la libertad de la gente, al libre albedrío de un iluminado, o de quien sea, sería una España en retroceso, y sería una España donde cundirían las injusticias y las desigualdades.
Estamos hablando de volver a un sistema como el régimen de Franco, el de Hitler, el Chavista, el Castrista, o el Pinochetista. España vale mucho más que todo esto; incluso vale más que una ayuda o paguita gubernamental, por favor. Otra vez la vuelta a la tiranía y a la España subdesarrollada, que muchos hemos conocido, se ruega que no.
Contemplar el espectáculo de Pedro Sánchez, tratando de colarnos su reelección haciendo trucos de prestidigitación, es lamentable, y es una soberbia falta de respeto a todos los españoles.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook
Madrid, España, 17 de octubre del 2024
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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