Por Bernardo Méndez Lugo, diplomático mexicano en retiro con rango de Ministro del Servicio Exterior Mexicano, actualmente director ejecutivo de Fundación Promigrante Americasinmuros AC en Ciudad de México
Fotografía Facebook
Ciudad de México 18 de octubre del 2026
La manipulación digital no necesita inventar una protesta: basta con apropiarse de una movilización real, seleccionar sus imágenes más dramáticas y convertirlas en un relato político que exceda los hechos comprobados.
Así, una demanda laboral puede presentarse como una insurrección, un enfrentamiento aislado como prueba del colapso institucional y un episodio de inseguridad como evidencia de que una ciudad entera está fuera de control.
Este mecanismo conecta situaciones distintas en Europa y México. Las causas de las protestas pueden ser legítimas y específicas, pero su circulación digital obedece a una lógica común: las imágenes más impactantes suelen imponerse sobre las explicaciones más completas.
En esa dinámica convergen intereses partidistas, búsqueda de audiencia y, en ciertos casos, operaciones de influencia vinculadas con disputas geopolíticas.
En Francia, Madrid, Milán y Tirana, las movilizaciones relacionadas con demandas educativas, laborales, vivienda, costo de vida o cuestionamientos a las autoridades deben entenderse dentro de sus respectivos contextos nacionales.
Los enfrentamientos y daños registrados en algunas jornadas no representan necesariamente a todos los manifestantes.
Sin embargo, cuando predominan videos de violencia, una protesta plural puede quedar reducida en redes a una imagen de caos generalizado. La descontextualización también puede alimentar narrativas que presentan a los gobiernos como incapaces de mantener el orden o a los manifestantes como una amenaza uniforme.
En México, el mismo mecanismo puede operar sobre conflictos de naturaleza diferente. En la Ciudad de México, las movilizaciones de trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social plantean cuestiones laborales y de funcionamiento de los servicios públicos.
Si la cobertura se concentra exclusivamente en los momentos de confrontación, las demandas sobre salarios, insumos y condiciones de trabajo corren el riesgo de quedar relegadas. La distorsión no consiste necesariamente en inventar los hechos, sino en mostrar una parte como si explicara el conjunto.
Algo semejante ocurre con la inseguridad, aunque aquí es indispensable distinguir entre protesta social y violencia criminal.
En Mazatlán, la preocupación de residentes y visitantes puede responder a episodios reales; en Tulum, la seguridad de la población y de los turistas repercute tanto en la vida cotidiana como en la economía local.
Videos sin fecha, ubicación confirmada o contexto pueden exagerar o confundir la dimensión de un incidente. Pero atribuir toda denuncia a una campaña de desinformación sería igualmente irresponsable: la manipulación digital no elimina los problemas reales que deben investigar las autoridades.
La dimensión geopolítica ayuda a comprender por qué estas distorsiones merecen atención.
En 2024, el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció acciones contra dominios vinculados, según su investigación, con la operación rusa Doppelgänger, que imitaba medios legítimos para difundir propaganda.
Ese mismo año, investigadores de Graphika y Stanford documentaron redes encubiertas de orientación prooccidental que empleaban perfiles falsos y mensajes coordinados. Estos antecedentes muestran que distintas agendas pueden recurrir a técnicas similares para influir en la opinión pública.
No prueban, sin embargo, que Rusia, Estados Unidos u otra potencia haya organizado las movilizaciones europeas o los acontecimientos mexicanos aquí mencionados.
La conexión entre los casos no es una autoría común demostrada, sino la vulnerabilidad compartida: una realidad compleja puede ser convertida en un relato simplificado, emocional y políticamente útil.
La respuesta exige medios independientes, transparencia institucional, plataformas responsables y ciudadanos capaces de distinguir hechos, interpretaciones y propaganda.
También obliga a los gobiernos a atender las demandas laborales y las preocupaciones de seguridad, en vez de descalificar automáticamente las críticas como maniobras externas.
En Europa y México, defender la democracia significa proteger tanto el derecho a manifestarse como el derecho a comprender lo ocurrido.
Una protesta no equivale al colapso de un país, un video no representa toda una realidad y ninguna potencia, partido o influencer debe quedar exento del escrutinio público.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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