El cuerno de la abundancia es un mito, y una alegoría literaria que hace referencia a situaciones de prosperidad y bienestar, en las que solemos guardar la conciencia, por otro lado inconsciente, de que se va a prolongar esta situación sumamente gozosa, por tiempos inmemoriales o vitalicios.
El hombre siempre ha luchado, y lucha, por fórmulas de satisfacción de sus necesidades más perentorias, sabiendo que los recursos con los que cuenta en el planeta donde habita, son todos limitados y finitos.
Otro tema que ha descubierto el hombre, a través de la filosofía, es que debe andar con cuidado a la hora de buscar la felicidad, porque es fácil caer en la confusión de seguir caminos, en principio placenteros, pero que acaban en la destrucción de las personas algo más adelante.
La ley que se aplica normalmente, es la de escoger aquellos atajos en los que, con el mínimo esfuerzo, alcanzamos los máximos rendimientos. Esta ley no estaría mal del todo, si no fuera porque puede producir una marginación de otros seres humanos, desde el momento en que tal esfuerzo medido y tasado, es producto de una idea egoísta, que solo me tiene en cuenta a mí, o a un reducido número de beneficiarios, y consigue un alto rendimiento, en relación al esfuerzo mínimo aplicado, con lo cual parece rentable, pero solo lo es para un reducido grupo de individuos, y el resto, aunque haya participado, se queda fuera, postergado.
La filosofía, o la política a aplicar, debería ser muy distinta, porque no debería ser excluyente, sino aglutinadora, es decir, que incluyera a todos los ciudadanos, y no solo a unos cuantos privilegiados, por más que sea inútil la rentabilidad máxima que se pretende alcanzar, con ese esfuerzo tacaño y cutre que se recomienda aplicar, pero que cuenta con la pega de que es excluyente y marginador.
Si somos una comunidad nacional o supranacional, todos los habitantes o ciudadanos, deberíamos poder participar del pastel, sin que nos quedemos a medias, sino satisfechos, según las ambiciones legales y justas que nos hayan conducido en la sociedad.
El cuerno de la abundancia, pues, no existe, sino en la imaginación y en el deseo de unos pocos ilusos. El verdadero cuerno de la abundancia es el trabajo y el esfuerzo cotidiano que hacemos todos, con la idea suprema de beneficiar a la comunidad, y, desde ahí, servirnos en nuestro caldero particular de cada uno.
No excluyamos a nadie, dejemos de ser tacaños y cutres, para que el beneficio alcance a un óptimo rendimiento, que, sin embargo, nos deja en el ostracismo a muchos, la mayoría.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook
Madrid, España, 25 de octubre del 2024
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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