
ELEDUBINA BECERRIL RODRÍGUEZ
Ramillete Florido infiltrándose en mi piel;
deslizándose por los cercos circundantes que inutilizan mi cuerpo:
COSMOGONÍA DE TI…
inundando mis pensamientos.
Cosmogonía de tu nombre;
modificada en la brisa matinal,
o en el páramo de las convergencias
que fertilizan nuestra corporalidad.
Categorizándote hasta la supremacía;
se cohíbe la distancia
y se procesa la insuficiente autonomía,
se cohíbe la distancia,
que aparta nuestras puertas intactas.
La traducción instantánea:
que mar y sol llevan implícitas,
hasta la extinción en llamas de los horizontes:
olas embravecidas del mar de los lenguajes.
Codificándote hasta probar:
que no era lo que era;
el anuncio febril de los diamantes
que caen flotando dispersos en tu cuerpo;
genial multifacética yendo y viniendo justo, junto a mí.
El multiverso:
anquilosado, desertor de las realidades;
proyectando sonidos guturales
que lo rechazan como osado;
te observa como imponer el secreto
de tu hechura de los colores.
COSMOGONÍA DE TI:
paraísos sin nombre;
ubicados en las coordenadas
de paisajes desarticulados.
Anacronismos que reinciden en espectaculares transhumanos;
perfiles romboidales que ilusan
las categoremas matemáticas.
Arcanos de luz;
sombras engullidas en la oscuridad,
tan pronto se olvidan los latidos
para engrosar las llamas.
Fuego para la sal;
origen que no ha de callar,
agua de luz agitándose en constelaciones
o vías lácteas improvisadas.
¿Como apartar el movimiento?
Si lo llevas TÚ, al límite,
sin reparar en la velocidad,
cambias de forma para transformar lo real;
y luego llegas a mi…
Para, a solas:
unirnos sin vacilar.
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