EL SUSURRO DEL CORAL (CUENTO, PARTE No. 3)

ELEDUBINA BECERRIL RODRÍGUEZ

Marzo de 1989, muy cerca de Toluca, México.

Xeno Renaitré se acercó a Ferder, abrazando libros, cuadernos y tres hojas color revolución engrapadas, le tocó el hombro, Ferder volteó sonriéndole.

– ¡Qué sorprendente eres, en realidad! Es increíble que en este examen hayas alcanzado el nivel máximo y demuestres conocimientos tan avanzados para tu edad, en verdad, eres increíble.-

Ferder no pudo contestar, porque se acercaban el director y el subdirector de la escuela, con el diploma que acreditaba su reconocimiento, por haber ganado el Concurso de Ortografía, de ese año.

– Eres un orgullo para nosotros.- Le dijo con vehemencia el director Samuel.

Se aprestaron para llevar al patio a los alumnos a la formación de honores, e improvisar la ceremonia de entrega de su reconocimiento.

– Tenemos en esta escuela, a quien con su nombre la ha puesto muy en alto, trayéndonos el honroso primer lugar, a nivel estatal, como cada ciclo escolar, a Ferder Cassighi. Le pedimos venga frente a nosotros para brindarle un gran aplauso, por su esfuerzo y dedicación, y que no sea la última vez.- Dijo en parte de su emotivo discurso.

Ferder salió de la fila, para avanzar hacia el atril donde los profesores le esperaban.

La escuela entera le ovacionó con mucho ánimo.

El director le estrechó la mano emocionado y le instó a continuar sobre ese camino de triunfos.

En medio de esa euforia desencadenada, Ferder sólo buscaba la sonrisa de Xeno, cuya aprobación y admiración  trataba de mantenerla con mucha discresión e inteligentemente contenida.

Días después, por fín pudieron volver a encontrarse a solas, casi al toque de salida de la escuela.

Ferder quería mirarla, aunque no hablaran, pero una vez más, Xeno llevó la batuta en la conversación:

– ¿Cuándo harás el poema? –

– Déjame prepararme Xeno. –

– Muy bien, llevas excelente disposición, yo espero que no falte mucho.-

– Supongo que si, pero aún no tengo los recursos suficientes para hacerlo.- Dijo Ferder levantando los hombros y señalándose con la mano derecha la sien.

– Los tienes y los tendrás, porque nadie, en verdad nadie, a tu edad, es capaz de lo que tú haces. Además recuerda la importancia del coral y su valor incalculable, tanto para la tierra, como para el mar. Por favor Ferder, tú eres el coral, no lo olvides.-

Ferder abrió los ojos, con sorpresa, porque Xeno traía en sus manos el exámen de Ortografía y no tenía ninguna intención de soltarlo.

– Tienes el gran talento de convertir y transformar las cosas simples, en extraordinarias, eso te convierte en inigualable e incomparable – expresó con firmeza Xeno.

Salieron de la escuela en silencio, Xeno extendió el brazo y la mano, para hacer la parada al autobús.

– Tu libertad y tu imaginación, serán inmortales.-

Ferder sufría lo indecible, cada vez que Xeno se iba.

(Historia basada en hechos reales, algunos nombres, han sido cambiados o modificados, continuará)

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