El más grande representante del movimiento del Romanticismo

Luís Navarro García

Madrid, España, 8 de junio del 2022

Gustavo Adolfo Becquer, nacido en Sevilla (España) un 17 de febrero de 1836 bajo el nombre de Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, fue sin lugar a dudas el más grande representante del movimiento del Romanticismo. Aunque en vida alcanzó cierta fama, no fue hasta después de su muerte, y tras la publicación de sus rimas y leyendas que obtuvo el prestigio que a día de hoy tiene.

Nacido en el barrio de Triana, en la calle Conde de Barajas 28, hijo del pintor José Domínguez Insausti y de Joaquina Bastida Vargas. Por el lado paterno era descendiente de una noble familia de comerciantes de origen flamenco, los Bécquer, los cuales se establecieron en Sevilla allá por el S. XVI

En 1846 ingresó en el Real Colegio de Humanidades de San Telmo de Sevilla,​ donde recibe clases de un discípulo del gran poeta Alberto Lista, Francisco Rodríguez Zapata, y conoce a su gran amigo y compañero de desvelos literarios Narciso Campillo.

La obra de Bécquer ejerció un fuerte influjo en figuras posteriores como Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la generación del 27, y la crítica lo juzga el iniciador de la poesía española contemporánea. Pero más que un gran nombre de la historia literaria, Bécquer es sobre todo un poeta vivo, popular en todos los sentidos de la palabra, cuyos versos, de conmovida voz y alada belleza, han gozado y siguen gozando de la predilección de millones de lectores.

Hijo, hermano y sobrino de pintores, quedó huérfano a los diez años y vivió su infancia y su adolescencia en Sevilla, donde estudió humanidades y pintura. En 1854 se trasladó a Madrid, con la intención de hacer carrera literaria. A pesar de que el ambiente sevillano auguraba un buen porvenir como escritor a Gustavo Adolfo, esto no parecía satisfacer al poeta, que contaba ya con la edad de diecisiete años. Al fin y al cabo, Sevilla seguía siendo una ciudad de provincias, y como tal, ejercía un efecto constrictor en la inspiración becqueriana, que muchas veces se apartaba de los cauces clasicistas tan queridos por esas tierras.

Fue con Casta, hija de su médico, Francisco Esteban, con quien Bécquer se casó en 1861, y con quien tuvo sus tres hijos. Sin embargo, el último de ellos fue fuente de conflictos matrimoniales, ya que Gustavo lo atribuía al fruto de un amor prohibido de su esposa.

Fue redactor del diario «El Contemporáneo», Censor de Novelas, pero nunca participó en la vida pública o política. La fama no lo acompañó durante su vida. Tenía pocos amigos. Era serio, bondadoso, poco expresivo, le gustaba la música y admiraba a Chopen. Su obra es muy reducida, sencilla, cálida, sentimental y depurada. La componen sus célebres «Rimas», conjunto de 94 poemas breves, 25 leyendas y sus nueve cartas literarias con el título «Desde mi Celda».

Pasó tiempos de gran penuria y nunca logró éxito económico en su vida. En 1864 consiguió un puesto gubernatal como censor de novelas, que ocuparía entre 1864-65 y luego entre 1866-68 y que aliviaría un poco su situación económica. Comenzó a escribir las Cartas desde mi celda en 1864, durante una estancia de reposo en el monasterio de Veruela, donde el poeta se había refugiado para reponerse después de otro ataque de tuberculosis.

Para 1866, como consecuencia de nuevos cambios políticos, Bécquer se halla otra vez vinculado con el Gobierno en el poder. De ahí que vuelva a obtener su cargo de fiscal de novelas, abandonando el de director de El Museo Universal al comenzar el verano. A causa de su frágil salud, viaja a Bilbao para reponerse y en septiembre del mismo año será elegido miembro del jurado de la Exposición Nacional de Bellas Artes. De nuevo en Madrid, fue nombrado director de la revista La Ilustración de Madrid, en la que también trabajó su hermano como dibujante. El fallecimiento de éste, en septiembre de 1870, deprimió extraordinariamente al poeta, quien, presintiendo su propia muerte, entregó a su amigo Narciso Campillo sus originales para que se hiciese cargo de ellos tras su óbito, que ocurriría tres meses después del de Valeriano.

Su prosa destaca, al igual que su poesía, por la gran musicalidad y la sencillez de la expresión, cargada de sensibilidad; siguiendo los pasos de E.T.A. Hoffmann y Edgar Allan Poe, sus Leyendas recrean ambientes fantásticos y envueltos en una atmósfera sobrenatural y misteriosa. Destacan por ese ambiente de irrealidad, de misterio, situado siempre sobre un plano real que deforma y desbarata. Fallece en Madrid el 22 de diciembre de 1870.

Rima IX:

Besa el aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s