En la noche de ayer, tuve el privilegio de asistir a un encuentro con el profesor y escritor de mi tierra extremeña, Luis Landero, junto con una multiplicidad de admiradores, en el Hogar Extremeño de Madrid. El encuentro fue presentado por la también escritora y divulgadora cultural, Pilar Rubio, y por el propio presidente del Hogar Extremeño de Madrid, Jacinto Gil. Como admiradora del escritor y paisana, intervino la popular periodista Isabel Gemio, transmitiéndonos sus impresiones personales sobre Landero, y no solo como escritor, sino también como vecino del mismo, ya que ambos proceden de la población pacense de Alburquerque.
Haciendo alarde de su dilatada experiencia como profesor de Literatura, Landero nos estuvo hablando de manera muy sencilla, pero magistral, de la necesidad del ser humano de contar su propia historia, y de cómo lo hace él en sus deliciosas novelas, cargadas de personajes sencillos, extraídos del mundo más rutinario y vulgar, dentro de los cuales nos podríamos reconocer la inmensa mayoría de los que allí le escuchábamos, pero a los que suceden cosas maravillosas y extraordinarias, envueltas en una prosa que atraviesa momentos poéticos bellísimos, los cuales provocan en el lector una gozosa experiencia, de la cual yo mismo puedo dar fe.
En mi turno de intervención, porque se trataba de un encuentro entre extremeños y admiradores del escritor, más que de una conferencia unilateral por parte de Landero, quise contar, inspirado por sus palabras, la manera en cómo conocí yo a este genio consagrado de la Literatura: errando como alma en pena por la calles de Madrid, allá por la década de 1990, fui a detenerme en una librería dentro de la cual se hacía propaganda del escritor, pues acababa de salir al mercado una de sus novelas, tras el exitazo de otra novela previa, según rezaba la publicidad. De tal manera, sin leer una sola letra suya, tuve conocimiento por primera vez de su existencia, pero ya me quedé para siempre con la referencia del que iba a resultar ser uno de los grandes literatos extremeños de todos los tiempos.
Debo agregar que, si las novelas de Landero, un verdadero Cervantes de la Literatura en castellano, poseen la cualidad de sacarnos del ostracismo de nuestras vidas vulgares y espesas, el encuentro de ayer noche con el mismo, nos puso en órbita a los presentes, ya que nos pudimos identificar, yo al menos, con un hombre la mar de normal, de nuestro pueblo, con mucho que decir y que enseñar, y con un enorme bagaje literario a sus espaldas, que Landero ha sabido poner al servicio del lector, a modo de terapia de ánimo y de ensoñación en este mundo rutinario, pues, recordemos, que los cambios y las revoluciones, se inician siempre con un sueño, que podría ser extraído de cualquiera de las afamadas novelas de nuestro querido Luis Landero.
FRAN AUDIJE
Madrid,España, 27 de enero del 2024 Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.
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