MIRIAN


Por Francisco José Audije Pacheco
Foto, archivo personal del autor

Encarcelada mi alma,
Desengañado juré
Renunciar a toda mujer,
Vanos sueños de poeta.

Mas, hízose presente un hada
De las que hechizan y hacen magia.

Era gacela ágil y franca, llegando
Entre brincos a través de floresta,
Bailarina amorosa, tenaz amazona,
Rasgando certeras sus flechas
Mi corazón receloso de piedra,
Hasta dejar los latidos sin sangre,
Pues, luciendo dulce cual hembra,
Guarda una fuente dichosa,
Alimento a mis venas de Olimpos,
Parnasos, Edenes, Nirvanas,
Paradisiaco Cielo de los cristianos
Hasta confines inalcanzables
Para cualquier ser humano.

Porque me hice yo su dios,
Siendo ella del Ades monarca.

Infierno en el renegado,
De todo amor desconfiado,
Novedosa dimensión cósmica,
Donde los muertos y los vivos
Comparten culto perpetuo,
Hacia ser de inefable mirada,
Logrando aceptar de mí
En su encanto por siempre vivir.

Nunca más oponer nada
Ante mujer tan hermosa,
Que tanto te quiere y te ama.

¡Abrid, carcelero, esta jaula,
De injusticia macabra!

Los amantes claman
Acabes tu orgía canalla,
Capaz de indultar el crimen,
Mas, condenar la inocencia,
En una mujer y un hombre
Cuyo “delito” es que se aman.


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