EL VICIO

Eliezer Salinas Delpino

Eran las nueve de la noche y el fantasma, recostado de la pared del patio de la casa que colindaba con el caminito anexo a la quebrada de Valle Seco,fumaba un cigarrillo.
Los muchachos nos atrevíamos a transitar de noche ese camino a pesar de la oscuridad, de los ruidos producidos por la abundante fauna de insectos locales y de los socorridos cuentos pueblerinos y superticiosos en torno al sitio, que eran parte de las cotidianas conversaciones de los vecinos del lugar.
Lo encontré y le dije: Fantasma, todavía no son las diez de la noche, no debes estar aquí; tu horario para asustar a la gente es desde las diez a las tres de la madrugada.
No me contestó, Pero desapareció refunfuñando algo como » estos pendejos vivos como que creen que nunca se van a morir».
Se desvaneció y ví caer al cigarrillo; lo apagué restregando la suela del zapato derecho sobre la débil llama.
El Fantasma sabe que en el Purgatorio, lugar lleno de normas y reglas, está prohibido fumar. Y sabe también que a quienes están purgando sus culpas, al cielo ni por asomo ,y, a fumar, menos.


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