Por Francisco José Audije Pacheco
Anunciaron, entonces,
Mi celebración célebre,
Triunfal fiesta del poeta,
De poemas escritos,
Del poético legado,
Por todo lo alto,
En manadas y de juerga,
Con suerte de viandas,
De lo más exquisito,
Sin que el baile falte,
Ni tampoco Reservados
Para amantes y enrollados.
Celebración, fiesta de victoria,
De un poeta sin presencia,
Encerrado en puerca celda,
Para así tocar a más,
Sin estorbo ni impertinencia.
¡Viva el poeta, viva la poesía!,
¡Viva el legado que nos deja!,
¡Cuán grande es nuestro poeta,
Encarcelado, evitando estorben
¡Sus versos y disquisiciones!
¡Qué alegría más grande!,
¡Cuánto gozo de españoles!,
Poder amar tanto al poeta,
Sin el poeta, en celda postergado,
Bajo candado, y entre rejas.
Una vez acabada
Bacanal grotesca,
Homenaje al poeta
Usurpado, saqueado,
Confinado entre barrotes
De la más inmunda cárcel,
A requerir vamos,
En condescendencia,
Al poeta currante,
Para que adecente el lugar
Do transcurrió el momento
Divertido, memorable,
Del cachondeo padre.
¡Qué viva nuestro poeta!
¡Pero qué grande!
Y, a continuación, llamadle,
Para que limpie, fije,
Y dé esplendor,
A la estancia de bacanales.
Ahí quedaron las sobras…:
En bandeja desolada
El mordisqueado sándwich,
Una aceitunilla suelta,
Tres patatillas fritas,
Algún cacahuete disperso,
Y media porción devorada
De chocolate la tarta,
Leonina fruición canalla.
Confesamos de tal porción
De tarta chocolatera,
Que apartarla pensamos
Para solaz del poeta.
Mas, no lo advertimos,
Y tomaron una mitad,
Dejando solo otra media
Misericordiosamente…
¡Ay, poeta, poeta, que puteamos,
De quien a costa vivimos,
¡Irresponsables, a todo trapo!
Paraíso verdadero
En la Tierra inepta,
Una saga lamentable
De políticos españoles
Delincuentes y criminales.

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