LEJOS


Por Francisco José Audije Pacheco

Nunca podría dejar de amar
La belleza de tu figura, mujer,
En tu cuerpo y en tu alma.

Te miro a los ojos, y veo que me amas.

Los sentimientos de una mujer
Se despliegan como una catarata,
Cuyas aguas fluyen naturales,
Impregnando de frescura los campos…

Caen las aguas del río, a la ribera
Baja, comunicando el amor
De los proscritos enamorados.

Cómo quisiera dejarme llevar
Por mi corazón, amante de ti,
Que corre las aguas, acabando
En la triunfante cascada.

Morir en tus brazos, y morir
Sin parar de besar tus labios.

Cómo quisiera ser el oso
Que te envuelve de amor,
Penetra tus adentros
Maravillosos, ¡festejo!,
En una mujer que goza
El amor de su hombre.

En un hombre que goza
Bebiendo los senos de la amada,
Sintiendo el poder de tus caderas,
Y llegar al éxtasis un día,
Inesperado, lleno de fe
En Dios, quien te concibió
Para mí, y solo para mí,
Mujer milagro, santificación
Del macho redimido,
Alcanzando la hombría
Por amor, en el amor.

Oh, mujer amada,
Eres mi cárcel, serás mi Cielo…
Tanto ruego vivir contigo
El paradisiaco encuentro…

Allá donde nos abracemos,
Edén esperado repleto.

Mi alegría es tenerte a mi lado,
Oler tu perfume embriagador,
Afrodita de mi corazón,
Donde anida mi deseo insano.

Incapaz de alcanzarte,
Mi sangre derramo…
Débiles, mis ánimos,
Viven única pasión
Encarnada por ti, amor,
Inalcanzable ilusión.

¿Adónde te has ido, amada?,

Mi vida, ¿Te has fugado…?
¿O eres víctima de un rapto,
Que el canalla y el ladrón,
Perpetra sobre ambos,
Porque me amas, y te amo?

Combate contra el amor,
En alta ocasión, de muchas,
Que los siglos presenciaron…

Por tu nombre las batallas libraré.

De morir en la innoble refriega,
Enamorado siempre de vos,
Mi alma he de entregar al Amor.


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