El concepto de lo que es sagrado proviene del ámbito de la religión y de lo religioso, significando que algo es conceptualmente intocable, o que no admite juicio alguno con capacidad para ponerlo en duda o cuestionarlo.
Lo banal, por otro lado, es aquello con carácter intrascendente, que importa poco, y, consiguientemente, podría ser bapuleado por toda clase de juicios, o, sencillamente, pasar desapercibido y dejado en el olvido.
Cuando cualquier tema es calificado, directa o indirectamente, como sagrado, cobra una inusitada importancia, porque entra en el terreno del dogma, es decir, de aquello que se impone como cierto por sí mismo, sin que admita contestación, y necesariamente debe ser creído y admitido por todos.
Recordemos aquella frase tan popular de: «Con la Iglesia hemos topado». Se debe a que los dogmas sagrados están libres de análisis filosóficos o científicos, y se imponen sin cuestionamientos, al menos entre los feligreses de la fe determinada que fuere.
Por las razones anteriores, cuando la Iglesia interviene en la vida pública esgrimiendo estos dogmas intocables, están obligando a creer en ellos, y a seguir los correspondientes comportamientos. Cuando topamos con estos obstáculos insalvables, deja de existir la razón, el diálogo, o la negociación, para que lo sagrado se nos clave al estilo de dos certeras banderillas, en el lomo bravo y descubierto del toro.
Nada hay de banal en aquello que no se deja criticar o poner en tela de juicio, porque, en la práctica, es un condicionante necesario y justo a todas luces, nos guste o no nos guste, estemos de acuerdo o no lo estemos.
La dictadura totalitaria de la sacralidad y del dogma, es fácil de asumir para los creyentes, pero extremadamente incomulgable para los que no creen, o profesan un credo distinto.
Exijamos, pues, un mundo exento de dogmas obligatorios, ya fueren religiosos, o adoptados interesadamente por otros ámbitos sociales, como el de la política, por ejemplo.
Nunca perdamos el derecho a la banalidad, ni a fomentar los cerebros analistas y críticos, tan necesarios para el progreso científico y filosófico.
No estamos en contra de las religiones, ni de las ideologías, pero estamos a favor de la libertad y del respeto a los derechos humanos.
FRAN AUDIJE
Madrid,España, 30 de septiembre del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria#unidadparlamentaria #upr#FRAN AUDIJE

Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
