DEL ÁFRICA AL MEDITERRÁNEO: CUANDO EL MAR SE CONVIERTE EN FRONTERA HUMANA

Por Bernardo Méndez Lugo, – diplomático en retiro, analista en Políticas Públicas, docente fundador de UAM-Xochimilco. Mis opiniones son personales.

Fotografía Facebook

Ciudad de México 12 de octubre del 2026

Durante décadas he seguido con particular atención los procesos migratorios que atraviesan África, Europa y América. Mi experiencia profesional y académica me ha llevado a entender la migración no solamente como un fenómeno demográfico, sino como una expresión de profundas desigualdades económicas, conflictos políticos, guerras, persecuciones, desastres naturales y, cada vez más, de los efectos del cambio climático.

La ruta africana hacia Europa por el mar Mediterráneo constituye uno de los ejemplos más dramáticos de esta nueva geografía mundial de la movilidad humana.

Miles de personas procedentes del África subsahariana y del norte de África han emprendido viajes extremadamente peligrosos con la esperanza de alcanzar Europa. El Mediterráneo dejó de ser solamente un espacio geográfico que une dos continentes para convertirse también en una frontera humana, política y humanitaria.

La tragedia de las embarcaciones precarias y los naufragios ha obligado a Europa a enfrentar una contradicción fundamental: ¿cómo controlar sus fronteras sin convertir el control migratorio en una amenaza adicional para quienes ya huyen de situaciones de extrema vulnerabilidad?

De la emergencia humanitaria a la securitización

Uno de los elementos más interesantes de la experiencia mediterránea es la transformación de las políticas europeas.

Después de las grandes tragedias ocurridas frente a las costas italianas, particularmente Lampedusa, surgió una mayor conciencia sobre la necesidad de rescatar vidas en el mar. Pero posteriormente la política migratoria europea fue incorporando con mayor intensidad mecanismos de vigilancia, control, cooperación con países de tránsito y externalización de las fronteras.

Esta evolución contiene una lección para América Latina.

Cuando una frontera se vuelve más difícil de atravesar, la migración generalmente no desaparece. Cambia de ruta, aumenta sus costos y queda en mayor medida en manos de traficantes y organizaciones criminales.

El resultado puede ser paradójico: una política diseñada para impedir la migración irregular puede terminar haciendo más peligroso el viaje de quienes de todas maneras necesitan salir de sus lugares de origen.

No todos los migrantes son iguales

También considero indispensable evitar las generalizaciones.

No todas las personas que cruzan el Mediterráneo son refugiadas en sentido jurídico. Algunas huyen de guerras o persecuciones; otras escapan de pobreza extrema, inseguridad alimentaria, falta de oportunidades o crisis ambientales. Muchas combinan varios de estos factores.

Precisamente por ello, considero insuficiente reducir el fenómeno a la categoría de “migración económica”.

La realidad humana es mucho más compleja.

Una persona puede abandonar su comunidad porque perdió su vivienda por una guerra, su cosecha por una sequía, su seguridad por la violencia y, finalmente, cualquier posibilidad de sobrevivir dignamente.

¿Dónde termina entonces la migración económica y dónde comienza el desplazamiento forzado?

Esta pregunta será cada vez más relevante en las próximas décadas.

Una experiencia que se repite en diferentes continentes

Al observar el Mediterráneo y compararlo con Centroamérica y México encuentro una constante: la geografía se convierte en una barrera de contención migratoria.

En el Mediterráneo es el mar.

En Centroamérica será posteriormente la selva del Darién.

En México aparecerán los desiertos, los ríos y finalmente la frontera urbana y tecnológica con Estados Unidos.

Son geografías diferentes, pero producen consecuencias humanas similares: desapariciones, accidentes, explotación, separación familiar y muerte.

Por ello considero que la comunidad internacional debe abandonar la idea de que el problema migratorio puede resolverse exclusivamente mediante muros, patrullas, detenciones o deportaciones.

Las fronteras pueden y deben ser administradas por los Estados. Pero la administración fronteriza tiene que coexistir con obligaciones humanitarias y mecanismos efectivos de protección.

Una mirada desde América Latina

Mi propia experiencia en América Latina me ha permitido comprobar que las migraciones rara vez tienen una sola causa.

Los desplazamientos centroamericanos que conocí de cerca estuvieron relacionados con guerras civiles, persecución política, pobreza, desastres naturales y posteriormente violencia criminal.

Esa experiencia me lleva a mirar el Mediterráneo con una perspectiva distinta.

No podemos contemplar una lancha que cruza el Mediterráneo simplemente como una infracción migratoria.

Antes de esa lancha existe una historia.

Existe una familia.

Existe una comunidad.

Y muchas veces existe un conjunto de circunstancias que hicieron imposible permanecer en el lugar de origen.

Hacia una política migratoria más humana

Europa necesita proteger sus fronteras, pero también necesita ampliar las vías legales y seguras de movilidad, fortalecer los sistemas de asilo y trabajar con los países africanos en desarrollo, empleo, educación y adaptación climática.

La misma lógica debería inspirar a América.

Mi convicción es que la migración debe ser abordada mediante una combinación de seguridad, derechos humanos, desarrollo y cooperación internacional.

La verdadera solución no está en hacer que el Mediterráneo sea más peligroso.

Tampoco en hacer más peligroso el Darién.

Ni en convertir los desiertos de México y Arizona en cementerios invisibles.

La solución consiste en reducir las circunstancias que obligan a las personas a emprender esos viajes y, mientras esas causas persistan, garantizar que quienes deban desplazarse puedan hacerlo con dignidad y protección.

El Mediterráneo nos está dejando una advertencia que América no debería ignorar: cuando una frontera se transforma en una barrera absoluta, la desesperación busca caminos alternativos. Y esos caminos suelen ser más peligrosos.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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