SM Rico
Después de varias semanas de haberse estrenado en salas, la película Digger; la pretenciosa y pretendida cinta que se promocionó como obra de arte, misma que unió los nombres de Alejandro González Iñárritu y Tom Cruise, fue vendida por los departamentos de mercadotecnia como una sátira ecológica ambiciosa sobre el poder de las narrativas.
Con la incursión del cineasta mexicano en las dinámicas del cine de autor, financiado, eso sí, por la maquinaria de Hollywood, al final la película se ha estrellado de manera catastrófica en la taquilla mundial.
Más allá de los titulares sensacionalistas, Digger (no confundir con películas anteriores del mismo nombre. Ni la producción canadiense de 1993 ni la película griega de 2020 fueron desastres financieros), no es solo un tropiezo comercial; la película de González es el síntoma de una narrativa fragmentada que confunde la pretensión estilística con la profundidad temática.
Las cifras en torno a Digger son difíciles de digerir para cualquier estudio cinematográfico. Con un presupuesto de producción que escaló hasta los 180 millones de dólares, provocado por rodajes prolongados e imprevistos de producción, y una campaña publicitaria de más de 100 millones de dólares, el proyecto desembarcó en los cines con el ingenuo deseo y la necesidad de recaudar entre 350 y 400 millones de dólares para no generar pérdidas.
El resultado en taquilla ha sido desastroso, su recaudación global al día de hoy apenas roza los 43 millones de dólares tras sus primeras semanas.
Esto aunado a sus fuertes caídas en la taquilla, pues según reporta Box office mojo, experimentó un desplome, a nivel nacional, del 74.2% en su segundo fin de semana y más del 71% en el tercero en el territorio norteamericano. Un desplome espectacular tomando en cuenta la cantidad con la que inició su recaudación, que fueron menos de 3 millones y medio de dólares.
Esto se traduce en pérdidas devastadoras para una productora que acaba de cerrar su venta a Paramount. Los analistas de la industria calculan que Warner Bros. enfrentará un agujero financiero de aproximadamente 245 millones de dólares, posicionando a la cinta entre los mayores fracasos comerciales de la historia del cine.
El verdadero colapso de Digger no ocurre en la hoja de cálculo de los ejecutivos, sino en las páginas de su libreto. La historia intenta construir una crítica mordaz a la industria y a las élites económicas a través del retrato de un magnate petrolero al límite. Sin embargo, su guion, escrito por Sabina Berman y tres personas más, naufraga en una serie de incoherencias estructurales que revientan cualquier intento de conectar con el espectador.
La narrativa salta erráticamente entre la comedia negra, el drama alegórico y el delirio surrealista. Lejos de generar una tensión que pueda aportar algo, el guion parece incapaz de decidir qué tono adoptar.
Las escenas que pretenden ser profundas terminan diluidas en simples monólogos grandilocuentes que dicen mucho sobre la culpabilidad corporativa y de los consumidores, pero no aportan nada al desarrollo de los personajes. Es como si alguien tomara un puñado de hojas que parecen una historia y se fuera a meditar a las montañas, creyendo que le trae luz al mundo con el resultado que nos regresa.
Existe una línea muy delgada entre la ambigüedad narrativa como recurso poético y la simple falta de rigor estructural. Digger cruza esa línea sin contemplaciones y por simple capricho. La película abusa de metáforas visuales sobrecargadas y giros narrativos absurdos que intentan justificarse bajo el sello de «cine de autor» o «experiencia vanguardista o audaz». La opacidad del texto no responde a una propuesta filosófica compleja o para “gente inteligente” como dicen sus aplaudidores, sino más bien a la ausencia de una brújula narrativa clara.
Incluso la presencia de Tom Cruise, alejado de sus habituales secuencias de acción de alto riesgo para ofrecer una interpretación más dramática en busca de un premio Oscar que parezca inevitable, se siente desperdiciada. Su personaje no es una persona real enfrentada a sus contradicciones, sino un títere conceptual diseñado para escupir frases y reaccionar de forma inverosímil según los deseos poco coherentes del director. Al no existir una motivación creíble para sus decisiones, el arco del protagonista resulta plano y hueco.
Digger es el claro ejemplo de lo que ocurre cuando el ego de un proyecto supera a la solidez de su historia y a la intención de producir algo para el público de verdad. La libertad creativa debe defenderse, pero la etiqueta de «cine de autor», “audaz” “inteligente” o la de “arte”, no pueden utilizarse como un escudo protector para justificar deficiencias básicas de guion, falta de cohesión y un ritmo aburrido sin sentido, que necesitan a un puñado de aplaudidores para parecer una buena propuesta, cuando no lo es.
La abrumadora pérdida económica es solo el reflejo del rechazo de un público que, más allá de la pirotecnia visual o el renombre de sus creadores, sigue buscando historias fundamentadas en la lógica y la verdad narrativa; ausentes de la arrogancia de creativos que viven en una burbuja.
Este definitivamente será un caso de estudio para el futuro próximo y un ejemplo de un producto que vivirá de las excusas más que de la aprobación del público. Un tropiezo histórico que sin duda reconfigurará cómo los estudios financian los proyectos de autor de gran presupuesto en el futuro.
Extra: Los reyes del fracaso en la industria (La cinta de González Iñárritu se coronará, muy pronto entre todos ellos).
Isla Cutthroat (1995)
Un presupuesto de 98 millones de dólares que solo generó 18 millones. Esto llevó a la quiebra de Carolco Pictures y enterró efectivamente el género pirata durante casi una década.
La Puerta del Cielo (1980)
El presupuesto se disparó de 11 millones a 44 millones de dólares. Los ingresos eran de apenas 3,5 millones de dólares. Destruyó United Artists y puso fin a la era de la autonomía del «Nuevo Hollywood».
John Carter (2012)
Una inversión total masiva de 350 millones de dólares resultó en una pérdida de 200 millones. Una advertencia sobre títulos deficientes y estrategias de marketing ineficaces.
Trailer (Nota: El tráiler es engañoso)
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