Por Francisco José Audije Pacheco
Fotografía Facebook
Frágiles hombros
Sostienen bellos el orbe,
Finos y estrechos;
A su lado, el hombre.
Amo tu cuerpo,
Niña, eres anhelo.
Al alba, mujer, amanece.
Indigencia observante,
Potente realeza,
Tan simple y compleja,
Tan llana y excelsa,
Confuso fantasma,
Pero no, carne mía es,
De arcángel presente,
Nobleza, reina buena,
Corazón ardiente
Hasta conmover.
Fortaleza, tempestad,
Lidia del amante vate,
Mágica arpa nocturna,
Ilusorios sueños,
Una vaga esperanza:
Tomarte en abrazo,
Cual olas del mar,
Profundo horizonte,
Mirada firme, lejos…
Amazona, dardo
Que atraviesa, certero,
El entero centro;
Del pecho manando
Sangre, amor abundante,
Acudiendo a ti,
Princesa de cuento.
Besos desbordan sentires,
Llueven caricias,
Manantial en los cuerpos,
Entrega… amor nuevo.
Quereres muchos,
Amores, uno:
Senos que abundan,
Entrañas cálidas,
Confortantes besos,
Manos blancas,
Tenue velo,
Eterna frente
Saludando al cielo,
Y la bandera roja y gualda
Inclinada a su paso,
Orgullosa flamea,
Henchida de España.
Seguro avance en el deber:
La patria, corazón candente,
Mano viril que protege
A su amada y monarca,
Antes me parta un rayo
Que padeciera ella menoscabo.
Camino empedrado,
Labor y trabajo,
Palomas de paz,
Mansos vientos,
Concordia,
Clamor emotivo
De un pueblo.
Con pasiones
Ama España.
La reina custodia
Un dulce amor:
Corazón inmenso.
Corazón capaz,
De mujer, de Leonor,
Para todo español,
Y para el español este
Que comparte sueños,
Cada noche, cada día,
Testifiquen las estrellas
Una vida para ambos.
Alzan espadas forjadas
En aguas del Tajo,
Nos bendicen honores
De júbilo y de gozo,
En la casa del Señor,
En el mundo, las naciones.

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