Podríamos definir la ética como aquel conjunto de principios y hábitos, que ordenan la conciencia de las personas, y que nos impulsan a actuar de manera educada en la sociedad.
Por otro lado, el civismo podríamos decir que es la ética aplicada a las relaciones dentro de la sociedad, o más concretamente, en la interrelación que debe existir entre los ciudadanos, de modo que se facilite la convivencia, y la misma pueda ser fructífera.
Cuando estamos en la fase de educación, que comienza principalmente durante nuestra niñez y adolescencia, lo más básico y elemental que debemos aprender es la ética, y a mantener un comportamiento cívico.
No creamos que los conocimientos científicos y literarios, o filosóficos, nos van a abrir camino en esta vida, sin que previamente nos hayan imbuido los principios de la ética, y nos hayan inculcado los comportamientos cívicos más imprescindibles, de modo que nos podamos hacer presentes en la sociedad con dignidad, y la misma no se altere por el concurso de ciudadanos sin un mínimo de educación.
La educación se deber notar, hasta en los discursos, las disertaciones, o en las conversaciones que podamos mantener con los amigos, o con los desconocidos.
Si en cualquier ámbito de convivencia falta o es débil la educación, compuesta de ética y de civismo, es fácil que surjan malestares, trifulcas, altercados… y la convivencia deje de ser posible.
Precisamente, en los tiempos actuales, uno de los principales problemas de la sociedad, al menos en España, es la falta de ética y de civismo entre todos nosotros, que está provocando la debilidad de los lazos fraternos entre los propios españoles.
Esta debilidad fraternal entre compatriotas, se está disfrazando de nostalgias políticas, las cuales, a su vez, generan rencores inoperativos e incomprensibles, perseguidos, en muchos casos, desde la política, que busca pescar en río revuelto.
El trasfondo de todo este malestar, que parecía superado, es una ausencia de ética muy acusada, que redunda, por su íntima conexión, en una decadencia de los comportamientos cívicos, bajo formas de insolidaridad y de brutalidad.
Si queremos acabar con España, una nación de bagaje cultural como pocas en Occidente, solo sigamos esta senda de olvido de los más elementales principios éticos y cívicos, que podría desembocar en una escalada de conflictos, que nos lleve a situaciones en las que perdamos los papeles, y España vuelva a perderse en la vorágine de la guerra o de la decadencia costumbrista, de modo que nos convirtamos en una nación de esclavos, y de personas humilladas, bajo el yugo de los poderosos.
FRAN AUDIJE
Fotografía Facebook
Madrid, España, 24 de agosto del 2026
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