ACADEMIA PARLAMENTARIA RINDE HOMENAJE A MANUEL JIMÉNEZ GUZMÁN

ANTONIO TENORIO ADAME

Cronista parlamentario

La Academia Parlamentaria Mexicana, expresa su dolor profundo ante el fallecimiento de Manuel Jiménez Guzmán. Al mismo tiempo no deja de acrecentar su grandeza como un distinguido Parlamentario mexicano, así como un ciudadano que contribuyó a la convivencia social con generosidad y patriotismo.

Entre las tareas políticas desempeñadas destaca la de ocupar la Presidencia de la Primera Asamblea Legislativa del Distrito Federal, así como la representación en la LIII y LV Legislaturas del Congreso de la Unión. Fue un excelente Legislador de la República, orador extraordinario, así como su calidad de docente universitario entre sus méritos civiles.

Las ideas como legislador fueron manifestadas bajo el compromiso de servir al pensamiento liberal de la tradición mexicana. En memorable discurso del primero de noviembre de 1991, en la transferencia del Poder ejecutivo al posesionar a su partido, el Revolucionario Institucional, señaló:

“Nuestros objetivos son claros, diversificar nuestra economía para acceder a nuevos mercados, impulsar el Tratado de Libre Comercio, como un instrumento más de la política económica, incrementar el ahorro y redistribuir con justicia: el ingreso, la riqueza, y el bienestar nacional.

Reforma de Estado que implica asumir la nueva realidad de condiciones geopolíticas y económicas distintas para inscribir a México en los grandes cambios del mundo contemporáneo.

Como un liberal de la masonería supo obtener la confianza de su hermandad, entre ellos confería las razones que dieron origen al órgano supremo.

Al definir el valor social de la masonería expresó:

“La masonería es una  asociación universal, filantrópica, filosófica, y progresiva, que procura inculcar el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, desarrolla en el corazón humano sentimientos de abnegación y caridad, la tolerancia religiosa, los deberes de la familia, que tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses, uniendo a todos, los hombres por los lazos de la solidaridad, y distinguiéndolos en un tierno afecto de mutua correspondencia, procura, en fin, mejorar la condición social del hombre, por todos los medios lícitos, en especial la instrucción, el trabajo, y la beneficia a través del principio de laicidad”.

Este es un toque memorial del pensamiento de Manuel Jiménez Guzmán, a quien la Academia Mexicana de Crónica e Historia Parlamentaria rinde tributo a su memoria como Legislador del Congreso mexicano.

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