ELECCIONES Y LEGITIMIDAD

Antonio Tenorio Adame

Imagen de portada: Redes sociales (Twitter)

Este año de 2021 es de gran importancia electoral, se renovará la Cámara de Diputados como también se elegirán 15 gobiernos estatales, entre otras decisiones de los electores en las urnas.

Además de revelar los partidos y ciudadanos en los que recaerán los cargos de responsabilidad, las elecciones otorgan al poder la legitimidad política, es decir la voluntad popular acepta el mando del gobierno. Se trata entonces de un referéndum encubierto o derivado, lo que en cierto modo plantea Andrés Manuel, como mandato revocatorio. 

Las elecciones son procesalmente democráticas, pero los partidos políticos no. Porque revisten un serio problema de representación, por una parte, la oposición ha abierto un frente sin distinción de diferencia ideológicas y programáticas abismales; al renunciar a su identidad de origen caen en la anomia de la confusión por lo que se pierde el pluralismo diferenciado bajo la consigna de “todos unidos contra AMLO”. La democracia electoral ha sido arrinconada.

La táctica no es original, se utilizó anteriormente para “sacar al PRI de los Pinos”, también se pidió el “voto útil” para diluir a la izquierda. Posteriormente se promovió “el peligro para México” para cerrar el paso a la alternancia ideológica.

La derecha regresiva solo ha sido enunciativa proclive a paralizar la gobernabilidad política, por medio de desarticular el federalismo y someter a la población a la hostilidad de la guerra híbrida del narcotráfico con la injerencia de las agencias estadounidenses. Ese es el origen del caso “Cienfuegos” cuyas repercusiones son exhibidas en el debate de soberanía, el militarismo y la relación con los Estados Unidos.

Hoy ante un movimiento electoral poderoso sin que alcance su maduración de partido político; en las siglas de Morena, se juega el otorgamiento de legitimidad al gobierno de López Obrador. Los niveles de aceptación asignados son del orden del 64% a favor; se predice un triunfo holgado.

HISTORIAL DE LEGITIMIDAD

La legitimidad puesta a prueba el próximo 4 de julio, es de orden histórico, al respecto Enrique Suárez G, señala que se trata de legitimar todos los actos de gobierno, “se apoya en toda la historia de México, en términos del cambio social progresista, la vía nacional de desarrollo”.

¿Legitimación revolucionaria del poder en México?

La vía propia al bienestar fue planteada hasta 1982 en las transformaciones nacionalistas de la revolución mexicana; las que se frenaron con las promesas incumplidas del neoliberalismo y la inclusión al Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La asimilación al mercado norteamericano menguó el espacio nacional al crear una plataforma exportadora en la franja fronteriza con exclusión del pacífico sur.

El reto de forjar un desarrollo equilibrado regional y abatir la desigualdad e inequidad de la pobreza establece los parámetros del desarrollo que el gobierno de Morena debe atender en condiciones muy adversas de pandemia y restablecimiento de la economía, como primer marco de referencia de legitimidad.

Los obstáculos y las metas, sin embargo, se multiplican en tres veces su dimensión original.

Además, el presidente mantiene sus parámetros cronológicos al considerar que su labor de construcción se fija en el cuatrienio y no en el sexenio, por estimar el riesgo de una labor de destrucción en caso de que su sucesor sea antagónico.

Dentro de ese escenario se encierra el dilema del enunciado de la nueva legitimidad sumada a las vertientes que sigan las relaciones exteriores como determinante geopolítico y segundo referente de legitimidad.

El relevo presidencial en los EEUU pueden favorecer en caso de que se modifiquen las condiciones de asimilación que aún conserva el Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá y se transforme en un acuerdo de integración con equidad y subsidiaridad, de tal suerte que se alcance a mejorar la relación de vecindad al pasar de socios comerciales a socios estratégicos, una categoría esencial si se toma en cuenta la desconfianza de los EEUU de compartir el espacio fronterizo con un país en desarrollo cuya fortaleza afecte su seguridad nacional, al que históricamente se oponen.

Ahí se encuentra el punto más sensible de un desarrollo de cooperación de grandes horizontes continentales, es el numen del nuevo albergue de la legitimidad.

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