Benito Juárez de puño y letra VII

La Segunda Transformación de México (La Reforma) nos costó una guerra civil

De gobernador a exiliado; de revolucionario de Ayutla a reformador del Estado y de ministro a combatiente pero antes, otra vez gobernador de Oaxaca

Por: Raúl Jiménez Lescas

Yo soy de los que se quiebran

pero no se doblan

Melchor Ocampo

La “Ley Juárez” de 1855 que ya hemos mencionado tuvo mucho impacto en un país donde las Leyes no se respetaban (tampoco ahora). Benito lo narró de puño y letra: “La nueva Administración, en vista de la aceptación general que tuvo la ley del 23 de noviembre, se vio en la necesidad de sostenerla y llevarla a efecto. Se me invitó para que siguiera prestando mis servicios yendo a Oaxaca a restablecer el orden legal subvertido por las autoridades y guarnición que habían servido en la administración del general Santa Anna, que para falsear la revolución habían secundado el plan del general Carrera, y que, por último, se habían pronunciado contra la ley sobre administración de justicia que yo había publicado.”.

Benito estaba satisfecho con lo que estaba tramando: “Tanto por el interés que yo tenía en la subsistencia de esta ley, como porque una autoridad legítima me llamaba a su servicio acepté sin vacilación el encargo que se me daba, y a fines de diciembre salí de México con una corta fuerza que se puso a mis órdenes. Al tocar los límites del Estado los disidentes depusieron toda actitud hostil, ofreciendo reconocer mi autoridad. El día 10 de enero de 1856 llegué a la capital de Oaxaca y desde luego me encargué del mando que el general don José María García me entregó sin resistencia de ninguna clase.”.

Así Juárez ocupó la gubernatura oaxaqueña por segunda ocasión y, como vamos viendo, le gustaba el poder y vivir para la política. De hecho, no paró en puestos públicos desde que fue edil de Oaxaca (hoy Oaxaca de Juárez). Y la Reforma estaba gestándose con la convocatoria al Congreso Constituyente que redactó la nueva Constitución de 1857.

Al ser de nueva cuenta gobernador de Oaxaca, Juárez no participó en los debates que terminaron en la redacción de la Constitución de 1857, aunque sea de paso reconocerlo, él inició las Leyes de Reforma dos años antes, en 1855 con la Ley que lleva su nombre. Asimismo, tenía muy claro que la constitución de 1824 debería ser superada, ya que “Esta organización viciosa de la administración pública fue una de las causas de los motines militares que con tanta frecuencia se repitieron durante el imperio de la Constitución de 1824.”.

Así lo observó Juárez desde el gobierno oaxaqueños: “Sin embargo, como existían aún las leyes que sancionaban semejante institución, y el gobierno del señor Comonfort, a pesar de la facultad que le daba la revolución, no se atrevía a derogarlas, dispuso que en el Estado de Oaxaca continuaran y que yo como gobernador me encargase también de la comandancia general que acepté sólo porque no fuese otro jefe a complicar la situación con sus exigencias, pues tenía la conciencia de que el gobierno del Estado, o sea la autoridad civil, podía despachar y dirigir este ramo como cualesquier otros de la administración pública; pero cuidé de recomendar muy especialmente a los diputados por el Estado al Congreso Constituyente de que trabajaran con particular empeño para que en la nueva Constitución de la República quedasen extinguidas las Comandancias Generales”.

La Reforma o Segunda Transformación de México (dixit Dussel) no podía pararse, por lo que los liberales más radicales empezaron a empujar esa Segunda Transformación. Así lo miró Benito: “En este año entró al Ministerio de Hacienda el señor don Miguel Lerdo de Tejada que presentó al señor Comonfort la ley sobre desamortización de los bienes que administraba el clero, y aunque esta ley le dejaba el goce de los productos de dichos bienes, y sólo le quitaba el trabajo de administrarlos, no se conformó con ella, resistió su cumplimiento y trabajó en persuadir al pueblo que era herética y atacaba a la religión, lo que de pronto retrajo a muchos de los mismos liberales de usar de los derechos que la misma ley les concedía para adquirir a censo redimible los capitales que el clero se negaba a reconocer con las condiciones que la autoridad le exigía.”.

Ya no había vuelta de hoja. La Reforma tenía que separar a la Iglesia y al Estado. La Iglesia Católica, Apostólica y Romana (¿no era Jesús nazareno?) que había dominado desde la Conquista Espiritual de los pueblos originarios de Mesoamárica estaba a punto de perder su dominio y control.

Entonces llegó el hermoso y fatídico año de 1857. Veamos como lo observó nuestro personaje: “En 1857 se publicó la Constitución Política de la Nación y desde luego me apresuré a ponerla en práctica principalmente en lo relativo a la organización del Estado. Era mi opinión que los Estados se constituyesen sin pérdida de tiempo, porque temía que por algunos principios de libertad y de progreso que se habían consignado en la Constitución General estallase o formase pronto un motín en la capital de la República que disolviese a los Poderes Supremos de la Nación; era conveniente que los Estados se encontrasen ya organizados para contrariarlo, destruirlo y restablecer las autoridades legítimas que la Constitución había establecido. La mayoría de los Estados comprendió la necesidad de su pronta organización y procedió a realizarla conforme a las bases fijadas en la Carta Fundamental de la República. Oaxaca dio su constitución particular que puso en práctica desde luego y medrando ella fui electo gobernador constitucional por medio de elección directa que hicieron los pueblos.”.

Tenía razón Juárez, “siempre tienes toda la razón” canta Bunbury, entonces, por segunda ocasión en nuestro actual México, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana encabezó una segunda Guerra Civil para mantener sus dogmas, fueros, privilegios, tesoros y poder sobre el espíritu de los mexicanos. Pero se chingaron, es la verdad, mañana lo platicaremos.

Años después, en 1905, el michoacano José T. Pérez publicó una obra memorable que fue reeditada por el Dr. Moisés Guzmán Pérez (mi asesor de tesis doctoral) y el Instituto de Investigaciones Históricas de la UMSNH “Bulnes a espaldas de Juárez” (2006): Según Bulnes “Juárez hizo la Reforma, rechazó y venció la intervención y el imperio; es decir, dio Patria libertad, responsabilidad y por último asiento firme en el recinto de los pueblos soberanos; luego la obra de Juárez es indigna, pequeña, vulgar, mentirosa, oscura, etc., y Juárez un inepto, un traidor, un inerte, un torpe, un ambicioso, un tipo vulgar y demás”.

Es cuanto por hoy.

Fuentes:

Documentos:

Proclama de Juan Álvarez en la Hacienda de la Providencia, 27 de marzo de 1854.

Plan de Ayutla.

Plan de Ayutla reformado en Acapulco.

Proclama y renuncia a la presidencia de la República de Antonio López de Santa Anna.

Acta de Adhesión de la Guarnición de la Ciudad de México al Plan de Ayutla.

Alejandro Morales Quintana. Juárez: Exilio y Revolución. Soberanes Fernández, José Luis; García Olivo, Miguel Ángel, Rodríguez Baca, Manuel Peña, Aníbal; Ojeda Bravo, Sebastián Daniel. Derecho, Guerra de Reforma, intervención francesa y segundo imperio. A 160 años de las Leyes de Reforma. En:

Antonio López de Santa Anna. Mi Historia militar y política, 1810-1874: Memorias. México. Lindero Eds. 2001. Autobiografía de Antonio López de Santa Anna publicada por primera vez por Genaro García en 1905.

Anselmo de la Portilla. Historia de la Revolución de México contra la dictadura del general Santa-Anna. 1853-1855. México. Imprenta de Vicente García Torres. 1856.

Benito Juárez. Apuntes para mis hijos. Presentación de Ernesto de la Torre Villar. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México/Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial [UNAM] (Pequeños Grandes Ensayos; 1). 2003.

Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia, t. I y II. selección de Jorge L. Tamayo, México, Secretaría del Patrimonio Cultural. 1964.

Enrique Serna. El seductor de la patria. México. Planeta DeAgostini. 1999.

Enrique González Pedrero. País de un solo hombre: el México de Santa Anna, volúmenes I y II. México, Fondo de Cultura Económica, 1993.

José T. Pérez (Moisés Guzmán Pérez, investigación). Bulnes a espaldas de Juárez. Morelia. IIH/UMSNH. 2006.

Juan José Reyes. Los berrinches del caudillo. Letras Libres. 30 noviembre 1999.

Jaime Olveda. Gordiano Guzmán. Un cacique del siglo XIX. México. SEP-INAH. 1980.

Patricia Galeana. Juárez en la historia de México. México. Cámara de Diputados-Miguel

Ángel Porrúa. 2006.

Ralph Roeder. Juárez y su México. 2a. ed. México. Secretaría de Educación Pública. 1958, t. I y 2.

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