Lázaro Cárdenas en Cuba

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Morelia, 21 de mayo del 2021

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Foto de PantherMediaSeller


Un acontecimiento sin igual fue la presencia en Cuba, en el mes de julio de 1959, del ex presidente de México, el general Lázaro Cárdenas, quien nacionalizó el recurso petróleo, emprendió una ley de reforma agraria y otras medidas de beneficio popular durante sus seis años de gobierno (1934-1940).


De firme posición antiimperialista, formada en el proceso de enfrentamiento contra los mecanismos de dominación y subordinación impuestos a México y al resto de América Latina por el imperialismo, Cárdenas tuvo siempre una visión martiana sobre el fenómeno del imperialismo en nuestro continente.


Lázaro Cárdenas estuvo al lado de la Revolución Cubana y le brindó su irrestricto apoyo desde que el Movimiento 26 de Julio y su líder Fidel Castro organizaban en México la expedición del yate Granma.


El 2 de agosto de 1956 Cárdenas y Fidel tuvieron su primer encuentro. Y el ex presidente mexicano comentó: “Fidel es un joven intelectual de temperamento vehemente, con sangre de luchador”. Ese día nace una profunda amistad y solidaridad mutuas.


Estando en la Sierra Maestra, en marzo de 1958, Fidel le envía una carta donde le envía un saludo “al primero de los mexicanos”, le anuncia que “la lucha en Cuba está en su etapa final” y que “el combate decisivo se librará con las mayores probabilidades de éxito”. Y le agradece “la nobilísima atención que nos dispensó cuando fuimos perseguidos en México, gracias a la cual hoy estamos cumpliendo nuestro deber en Cuba”.


Cárdenas permaneció pocos días en La Habana. Asistió a dos de las actividades centrales por el aniversario del 26 de julio: un desfile que hubo frente al Capitolio y la concentración efectuada en la entonces llamada Plaza Cívica.


Junto a Fidel estuvo en la presidencia de esos dos grandes actos, en los que participaron decenas de miles de campesinos que se concentraron en La Habana y que recibieron hospedaje en las casas de los habaneros.


Al hablar en la concentración de la Plaza Cívica, Lázaro Cárdenas dijo que “la Revolución Cubana ha despertado un hondo sentimiento de solidaridad en todo el continente, porque la causa de la Revolución es indivisible y es la causa de todos nuestros pueblos tan afectados por la opresión económica”.


Y agregó: “La Revolución Cubana está llena de nobles propósitos; sabemos que su ley esencial es la Reforma Agraria que abrirá en este país grandes perspectivas de desarrollo económico”.


Y luego enfatizó:
“De haber sido la Revolución Cubana un simple cambio de hombres, no habría sido tan combatida como lo está siendo por los intereses oligárquicos extranjeros que han creado la leyenda negra de esta Revolución. Esos mismos intereses crearon la leyenda negra de la Revolución mexicano en sus campañas contra las reformas sociales emprendidas en nuestro país. La Revolución mexicana, que dio jerarquía constitucional a la Reforma Agraria, recibió los más candentes denuestos de los intereses extranjeros”.


Dijo también que “las revoluciones ni se exportan ni se importan, por eso pedimos y guardamos el mayor respeto para las decisiones de cada pueblo”.


En esa concentración, en la que participaron decenas de miles de campesinos que llegaron a La Habana desde todos los rincones del país, y recibieron la hospitalidad del pueblo habanero, también hablaron Raúl y Fidel.


Raúl dijo: “Todos aquí tienen que andar muy derechitos por Liborio está en la Plaza…Aquí están los campesinos en La Habana y con el machete al cinto que algo quiere decir… Frente a los traidores un pueblo como este basta…Para convencer razonamos…”


Los reunidos en la Plaza Cívica llevaban numerosos carteles pidiendo el regreso de Fidel al cargo de Primer Ministro, al que había renunciado días antes. Cuando Raúl expresó que “la única cosa que se pide por el pueblo es que regrese Fidel”, los aplausos y vítores se prolongan durante varios minutos, describe lo ocurrido el reportero del diario Revolución. En ese instante, el presidente Osvaldo Dorticós toma el micrófono y pronuncia las siguientes palabras: “En el momento más emocionante de mi vida, puedo anunciar hoy que el compañero Fidel, ante vuestro mandato, ha aceptado volver al cargo de Primer Ministro”.


Y la crónica del periódico registra: “El jefe de la Revolución se acerca al primer mandatario. En algunos ministros la emoción es tan honda que por sus mejillas ruedan lágrimas. Se tiran al aire los sombreros y las boinas de los soldados rebeldes… Al fin, Raúl Castro puede reanudar su discurso, y lo hace diciendo: “Creo que esta vez, colectivamente, con todo nuestro pueblo, podemos decir: Gracias, Fidel. Que regrese Fidel pidió el pueblo, y ya regresó. En realidad, creo que nunca se fue, porque su pueblo no lo dejaba. Y Fidel está aquí porque hace falta. Porque la nave de la Revolución necesita un timonel como él, para que los traidores no puedan desviar el curso de la nave de la Revolución”.


Presente ese día en la Plaza Cívica también estuvieron Salvador Allende, entonces senador, y la hija de Eliécer Gaitán, el líder popular colombiano que fuese asesinado por la oligarquía.


Al hablar en la concentración, calculada en millón y medio de personas, Fidel sentenció: “Hemos llegado al poder no contra el pueblo, sino con el pueblo. No para sacrificarlo, sino para redimirlo”, y explicó que al redimir al campesinado la Revolución daba su primer paso para constituir una verdadera democracia”.


Sobre lo ocurría en Cuba, el periódico The New York Times publicó un interesante editorial, del cual reproduzco sus dos últimos párrafos:
“Uno puede criticar o aplaudir, pero la verdad es que Fidel Castro es la voz de la nueva Cuba. Él destruyó no solamente una dictadura brutal y corrompida, sino toda una forma de vida en Cuba, toda una estructura social, económica y política. Pase lo que pase, Cuba nunca volverá a la forma de vida y tipo de gobierno que tuvo en sus primeros 57 años de República.


“No podemos predecir lo que resultará de todo esto. Una revolución de este tipo es como un cataclismo de la naturaleza. Pero una cosa es cierta: el resultado final será cubano. Puede que sea difícil para los americanos entenderlo, pero los cubanos por primera vez en su historia se sienten independientes, sienten que al fin Cuba es para los cubanos”.


Eso no lo escribió ningún periódico revolucionario, sino The New York Times.

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