A los animales solo les falta hablar


Héctor Tenorio

El Pilón, Michoacán, 23 de febrero del 2022

Al pie del cerro del Pilón, el cual luce una cruz de aproximadamente de más de siete metros, se encuentra el Potrero de la Cueva, donde todavía se respira el espíritu de don Miguel Pedroza Sánchez. Da la impresión como si él siguiera ordeñando a su vaca Chilindrina que tiene en el lomo la marca de su fierro SP. Tuvieron tanta cercanía que el animal llegaba a reconocerlo solo por el registro de su voz.

Don Miguel heredó el oficio a su hijo, Efraín Pedroza quien cada vez que lo menciona piensa que recordar es vivir. Otro legado que recibió de su progenitor fue el amor a los animales y cree que solo les falta hablar, “son más inteligentes que uno, cuando escuchan el ruido de la camioneta lo reconocen y se acercan”. En total posee un toro, ocho vacas y siete becerros quienes solo pueden alimentarse de las ubres de sus madres.

Desde las siete de la mañana está trabajando, el tiempo se le pasa muy rápido y no para hasta las diez y media. Eso sí, antes de ordeñar a una vaca le amarra las patas para que no brinque. De ocho a catorce litros de leche llegan a producir, e incluso una sola puede dar hasta quince litros. En promedio vende entre 60 y 70 litros diarios.

Comenta que por lo menos hay quince productores de leche en la zona los cuales producen 1200 litros al día. “El litro nos lo pagan a 11 pesos y un animal puede llegar a costar entre los 24 mil y 25 mil pesos”, afirma.
A unos metros de él está su hermana Lucila Pedroza quien le dice cariñosamente “mariquita”, a su mamá doña MA Luisa Alcázar Vázquez.

La hermana de Efraín alimenta a las vacas, becerros y al toro, también inyecta antibiótico a un animal que lo mordió una culebra y existe el riesgo de que sus ubres se pudran, se encuentran hinchadas y le duele amamantar. Para ella vale más la palabra que el dinero y le gusta tratar con gente que piensa lo mismo.

Desde hace 36 años vive en San Diego, California, sin embargo, no ha encontrado allá un lugar que se parezca al pedazo de tierra que la vió nacer y que lo lleva en el alma.

Cuando llegamos les da gusto vernos, nos ofrecen unas “palomas”, sacan los vasos de vidrios, porque no le gustan los de plástico.

Después de tomar leche recién ordeñada Cesar Tinoco Reyes y su esposa Alejandra Lagunas López ordeñan una vaca. Su hijo Julio registra lo que sucede mientras que sus hermanos pequeños Luis y Cesar intentan lazar a un becerro quien se esconde para no ser atrapado.

El ambiente familiar me permite desarrollar mi trabajo y registrar que algunas vacas son agresivas entre si, de repente una puede llegar a embestir a otra contra el alambrado. Son animales territoriales, nerviosos y observan detenidamente el entorno.
Efraín explica que una vaca puede llegar a vivir hasta 20 años o más y depende de lo que muera se decide que se hará con sus restos. “Si es por vejez se tiran al barranco, pero si es por alguna enfermedad se queman, evitando así contagios con el resto de los animales”.

Al terminar la faena nos vamos a desayunar. La esposa de Efraín, Lilia Heredia Delgado, quien es encargada del orden del lugar, nos preparó un desayuno espléndido y disfrutamos de la tranquilidad. A lo lejos podemos contemplar el cerro en forma de Pilón que cuida a los cerca de mil habitantes que viven en ese paraíso perdido.

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