¿Cómo conocí a Rosario Ibarra de Piedra?


Por: Raúl Jiménez Lescas

Morelia, Michoacán, 16 de abril del 2022

Éramos jóvenes, quizá muy jóvenes, quiero decir, demasiado jóvenes, allá por la década del 80 del siglo pasado. Además provincianos, quiero decir, demasiado provincianos en la gran urbe de la Ciudad de México. Todo nos parecía grande, especialmente ese gusano naranja llamado “metro de la ciudad de México”. Nosotros veíamos en nuestros pueblos carretas, bueyes, caballos lecheros y algunos Ford Modelo 50. El metro para nosotros era un metro con el cual la maestra nos daba unos “reglazos” por burros, pobres burros que no tenían la culpa que no memorizamos la tabla del 8. ¿A ver Lescas, cuánto es 8 por 8? Y así la tortura escolar de todos los días.

Rosario era joven y bien apuesta. Siempre de negro. Señal de luto o tristeza, la verdad no sé. Nosotros éramos de izquierda, muy de izquierda. Queríamos cambiar el mundo, pero la neta, no sabíamos cómo, así como la canción de “Ten Year After”.

La primera vez que la escuché me dejó impávido. Era una gran oradora y no había tomado cursos de oratoria. Hablaba con el alma o con el corazón o las dos cosas juntas. Elocuente, clara y transparente como el aire. No pues sí, nos convenció de luchar por la presentación de los desaparecidos de la llamada “Guerra Sucia” contra los guerrilleros o izquierdistas radicales. Era otra época, la verdad.

Ser de izquierda y luchador social era difícil. Muy difícil. Ahora no, todos son de izquierda, hasta los ricos. Rosario nos convocaba a manifestarnos frente al Palacio Nacional y otros lugares. Siempre que pudimos la acompañamos. La pregunta obligada es: ¿Era trotskista como nosotros? Lo era pero nunca lo dijo, lo cual me parece y me pareció correcto… ¿Sì no te piden el pasaporte, para que lo enseñas? Su bandera es lo que hoy llamamos “Derechos Humanos” y son una conquista de la humanidad, sin duda. Rosario fue pionera en México como las Madres de Plaza de Mayo en Argentina.

Iba a todos lados. Fue oradora en múltiples mítines y manifestaciones. Cuando ocurrió el terremoto del 19 de septiembre de 1985, nos reunimos en el auditorio “Lenin” de la Escuela Superior de Economía, la ESE, allá en el Casco de Santo Tomás, donde salió la legendaria manifestación del fatídico 10 de junio de 1971. La verdad, yo fui sin miedo, dije: no nos van a matar… y no nos mataron. Ahí llegó “Chayo”, así le decíamos los cuates, no lo vayan a decir, porque es una señora respetable. Chayito nos convenció de no manifestarnos el 2 de octubre por el duelo de las familias del terremoto. Dijo que siguiéramos luchando. Así éramos los jóvenes de esos años, no teníamos celular ni nada que nos distrajera. La lucha era nuestro elemento, como el agua para los peces.

Rosario fue nuestra candidata presidencial, la primera en la historia, gracias a las feministas de izquierda que la impulsaron. En ese entonces, nadie era feminista, todos eramos machistas y patriarcales al extremo, pero las feministas se impusieron y nos convencieron que una mujer fuera candida a la presidencia. ¿Por qué no? Fue en 1982 y 1988, fue diputada y senadora. Logró gran presencia en la vida política.

La última vez que la vi ya estaba grande y yo ya no era un jovencito. Me dijo no me beses, traes gripa o algo. En ese entonces estaba ya enfermo de alergia a la ciudad, me compuse al salir de la gran ciudad y vivir en Morelia. No la volví a ver. Sin duda fue una gran mujer luchadora, pionera en México.

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