PILAR, DISTANTE AÚN

Por Francisco José Audije Pacheco

Ahí sigues, amada,

Intacta y marmolea,

Callada… dirigiendo

Tu mirada relámpago

Hacia un horizonte

Que no alcanzamos.


Tu piel, tersa, conocida

Entre huestes de un sueño,

 Del más épico y heroico.


Imagino tu mano en la mía,

Tu cuerpo, a mí abrazado…

Manantial de fertilidad,

Un brazo de mar acoge,

Y preña tu ser la dicha

Que te anegue de simiente,

De ser ahogado el grito

Que muta al gozo, desde el dolor,

Entredicha la esperanza.


Te pido perdón, amor,

Porque la guerra me engulló.


A flote salí de tu mano,

Tus labios fueron

Mi tabla de salvación,

Y tus mamas dieron

Un maná del desierto

Al que no renuncio.


Te veo desde muy cerca,

Pero, a veces, tan lejos, tan lejos…


No me faltan ganas, de tu boca

Poder beber, y saborear

El pez de tu lengua…


Magia has de hacer

El día que tome tu cuerpo,

Y tu cuerpo reciba

Al ladrón poderoso,

Cuyo ímpetu ha de ceder

La soberanía del virgo,

De la luz que te envuelve

Lasciva, hecha girones,

Devorada por los besos,

Hasta las Marianas abisales,

Lugar de sueño y de encuentro

Para dos muertos de amor,

Desparramado el deseo

Entre sendos solitarios,

Delicia y canto… ¡Te quiero!


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