Caminar por la vida no es fácil. Hay ocasiones en que hacemos daño a otros, y no siempre se perjudica a otras personas deliberadamente. Se puede hacer daño por ignorancia, o porque somos como somos, y actuamos sin darnos cuenta del mal que causamos.
Pero existen personas que tienen por condición vital, ir sembrando el mal, y ensañándose con determinadas personas que son más débiles.
El mal no es un mito, como creen algunos, y el mal no surge por generación expontánea, sino que lo acarrean personas y grupos de personas, muy concretas.
El mal que padecemos, a consecuencia del comportamiento de terceras personas, se puede disculpar, cuando es un comportamiento fruto de la inmadurez o de la ignorancia. Pero es del todo condenable, cuando ese mal, y ese daño que nos hacen, es a conciencia, y buscado con premeditación y alevosía, como reza el precepto Penal.
He ahí un claro indicio de que lo que digo es cierto: los legisladores describen este tipo de maldad a conciencia y con toda la intención de dañar, y la sancionan de manera cualificada y agravada, porque, no solo perjudica a un caso concreto, sino al conjunto de la sociedad, que, de ver extendido este tipo de maldad siniestra, provocaría un perjuicio generalizado y globalmente destructivo. Por tanto, se intenta sofocar la maldad por la maldad, con penas ejemplares y disuasorias, por el bien de todos.
Una de la principales causas que motivan esta maldad de carácter diavólico, es que no se es capaz de tolerar ni de respetar, la libertad de otras personas.
Hay gente muy manipuladora, que tiene la manía de instrumentalizar a las personas, robándoles su legítima autonomía vital. Esta instrumentalización, consiste en una explotación de las personas, con fines malignos para otros, y para ellos mismos. A los manipuladores, no les importan las personas, solo les importan sus propios intereses, y disfrutan viendo sufrir a sus víctimas, y sintiendo que las esclavizan, y que las destruyen.
El que se dedica a algún cometido, generalmente es porque disfruta llevándolo a cabo, y el instrumentalizador y destructor de vidas humanas, siempre más débiles, encuentra un gran deleite en hacer daño, y no le importa nada más que esto.
No es un mito, vuelvo a repetir, sino una realidad completamente grotesca y carente de sentido, para los que somos personas de bien, pero tan real como la vida misma.
FRAN AUDIJE Fotografía Facebook, Madrid, España, 21 de mayo del 2026 Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria #upr#FranAudije#Panoramainternacional
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