Por Francisco José Audije Pacheco
Fotografía Facebook.
Hacia los mares del Sur,
Agitados, tenebrosos, helados,
Batieron sus armas dispares
Dos titanes a fuego cruzado:
Uno, tecnológico y puntero,
Los recursos del mundo, todos;
Otro, pocos misiles mortíferos,
Montones de bombas letales,
Aviones de otro tiempo en aquel…
Mas, la genialidad heroica,
Sacando de flaqueza, fuerzas,
Transforma la desventaja,
Solo en ventajas: valor,
Valentía, arrojo, amor,
Por la patria albiceleste,
Cuyos trapos ondearan meses,
En derrota, todo un honor.
Tierras de valor exiguo,
De otoño frío y perpetuo,
Rodeadas de las Orcas,
Los leones marinos,
Los curiosos Pingüinos,
Que custodian ovejas lanudas,
Propiedad de colonos,
Tez pálida, curtida,
Enrojecidas las mejillas,
Habla europea bárbara.
Los hispanos argentinos,
Verdaderos propietarios,
Usurpados con descaro,
Al modo de la Pérfida Albión,
En tiempos, otros tiempos,
Que no son estos, ni lo fueron.
Vuelan hacia un objetivo
Los aviones pequeños,
De gran valor dotados,
De bombas cargados,
Y con el combustible justo
Para dar buen zarpazo,
Con fortuna de poder volver.
El navío de guerra detecta
Unas dagas en lontananza,
Y cuando los marinos
Vuelven la vista al radar,
Encima ya tienen las bombas,
Lanzadas por un David,
Contra aquel retorcido Goliat,
Que saluda a Neptuno,
Mientras náyades y sirenas
Preparan su funeral.
Otro barco de esos grandiosos,
Saturado de plomo
Y misiles de muerte,
Contempla amenazas
A velocidad del sonido…
Suenan las alarmas,
Comienza la electrónica
Su labor de interferir,
Pero el regalo envenenado
Ya ha mordido el acero,
Y destroza las entrañas
De aquel buque costoso,
Que no tardará en besar
Del marino fondo su polvo.
¿Cuántos muertos no costó
Ir a luchar a Malvinas,
Por la soberbia de quedarse
Algo que nunca fue propio?
Los halcones argentinos
Destrozaron y fueron destruidos;
Los escualos británicos
Regresan llenos de oprobio,
Daños, entre serios y leves,
Sin contar cascarones
Sepultados bajo océano,
Corroídos de salitre,
Moribundos y heridos.
La soberbia, abofeteada,
Aunque el gigante se llevara
A casa pertenencias
De otro dueño originario,
Quien combate planteara,
Saliendo por la fuerza
A través de portones gloriosos.
Solo de Malvinas los héroes,
Ya vivos, o en combate caídos,
Saben cuál color embellece
Los ojos del miserable cobarde,
Quien a morir les remitiera,
Dejando vida que disfrutan
Potentados y aprovechados,
De solapado guante blanco,
Pero de sangre chorreando.
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