CARRIE FISHER O LA PRINCESA LEIA

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La Guerra de las Galaxias, constituyó, no solo un revulsivo cinematográfico que renovó e impulsó la Ciencia Ficción en la Pantalla Grande, además es y será, la mejor referencia de toda aquella generación de adolescentes, y posteriores, incluso, capaces de reconocerse en el idealismo que nos plantea el filme de George Lucas.

Este peliculón, antes y después en la vida de muchos, siempre lo llevaremos sus espectadores en el corazón, como todo aquel amor que te marca, y deja una cicatriz gozosa e imborrable.

Mi experiencia personal, es que yo amaba aquella obra Maestra, para mí formando parte de mis sentimientos más íntimos, al tiempo que compañera en mi conciencia, y en la imaginación de un niño que vivía en las estrellas, asumiendo los papeles de los personajes, tan verosímiles en la pantalla, como los contemplaba yo en mi cotidianidad, tratando de evadir la dura conflictividad que vivíamos entre mis padres.

Cuantas veces no abría yo remontado los cielos galácticos de «Star Wars», pilotando el Halcón Milenario heroicamente, junto a mi amada y modelo de mujer para mí, como era la Princesa de los Rebeldes, Leia. Los Rebeldes, y el Imperio, con el Emperador y Darth Vader, como máximos exponentes de la angustia persecutoria de la maldad. Una maldad que se puede palpar en el mundo, a pesar de que los personajes de La Guerra de las Galaxias, tanto en los verdugos, como en las víctimas, pertenecen a una Galaxia, muy, muy, lejana, de hace mucho tiempo.

Puedo afirmar sin rubor, lo que, en aquella época, nunca me atreví a reconocer: que Carrie Fisher, la Princesa de la película, y líder de los Rebeldes, fue mi primer amor verdadero, y es posible que mi vida sexual despertara cautivado por su belleza, de niña, pero, a la vez, llena de la sensualidad de una mujer hermosa.

El día que me anunciaron el fallecimiento de Carrie Fisher, yo también fallecí y desfallecí, tras la desalentadora realidad humana, de que también los héroes están condenados a la muerte.

El milagro del Cine, es que estos héroes encapsulados en el celuloide, jamás morirán en la conciencia fílmica del cinematógrafo, porque viven eternamente en los hechos que desplegaron a las órdenes de los guionistas, y en las imágenes donde todo un equipazo de diversos profesionales, logra vencer las limitaciones de la memoria y del proceso vital, completamente servidumbres esclavistas, de la amarga vida, un poco más llevadera gracias a los hermanos inventores, los franceses, Lumiere.

FRAN AUDIJE

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria


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