Que nadie piense que uno disfruta criticando a los políticos de mi país, España, y sacando los colores a personajes que hacen cosas garrafalmente mal, perjudicando, tantas veces, a millones de personas, convertidas en víctimas sangrantes.
Para nada ocurre esto, porque lo que uno desearía es que cundiera la honradez y el sentido común, en beneficio de todo el mundo. Precisamente por esta última razón nos hemos vuelto críticos y detractores de la maldad, y de los malignos.
Hemos de reconocer que, sin embargo, ser crítico y detractor de las cosas mal hechas, perjudiciales para muchos afectados, que ven sus vidas transformadas hacia la deformación humana, y la destrucción física, nunca sale gratis, y suele pasar onerosas facturas, para nada agradables.
Cuando uno pone de manifiesto la injusticia y la criminalidad, suele observar que los malvados se indignan, se rasgan las vestiduras, y hasta toman represalias contra la fuente que les delata.
Pero, atención, tampoco sienten vergüenza por sus actos dañinos, ni nada por el estilo. Si pueden, van a mentir y a negar taxativamente, las acusaciones en su contra, por evidentes que las mismas puedan ser. En pocas palabras: tratan de convertirse en víctimas, y de trasladar a sus detractores la imagen de verdugos que, en realidad, les corresponde.
Hablando en un lenguaje llano y popular, diremos que no tienen vergüenza, y sí les sobra cara dura por los cuatro costados.
En estos momentos, en España, existe una gran cantidad de ciudadanos completamente embaucados y confundidos por los que dicen representarlos. Los han engañado con técnicas para las que son extremadamente hábiles. Mienten una y otra vez, compran voluntades con limosnas que son hambre futura, y explotan el prestigio de las siglas políticas bajo las que esconden su criminalidad.
Por otro lado, son expertos en ofrecer baratijas, a priori apetecibles, pero solo a priori, mientras recortan y roban lo que de verdad tiene valor, como son los derechos y libertades, con sudor y lágrimas conquistados a lo largo de la Historia.
Estemos alerta, queridos amigos, sin dejar que nos den gato por liebre. De ello depende la democracia, y el Estado de Derecho, que debemos seguir construyendo, y haciendo cada día mejor. La otra postura a la que intentan forzarnos sería la peor para toda España, porque supone volver al pasado lamentable de la esclavitud y la violación sistemática de los derechos humanos.
FRAN AUDIJE
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
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