Los extremeños nos hemos distinguido, normalmente en la historia, por ser un pueblo a caballo entre Andalucía y Castilla. Esto quiere decir, que la identidad cultural extremeña nunca se ha tenido en cuenta realmente, convirtiéndonos en unos auténticos animadores y admiradores de otras identidades culturales en España, como las mismas andaluza y castellana.
Nunca hemos tenido claro lo que éramos y somos, prefiriendo identificarnos con otras regiones, y sus peculiaridades socioculturales. El efecto que se ha venido produciendo ha sido el de una especie de abnegación por España, que, al mismo tiempo, ha negado tradicionalmente nuestra identidad sociocultural.
Pero se han provocado otros efectos también, como el ninguneo de las instituciones de Gobierno de España, incapaces de apreciar a esta tierra enorme en su área geográfica, como tampoco se ha tenido en cuenta la tradicional depresión económica de Extremadura, compañera del atraso en el progreso económico social, con la triste consecuencia de la diáspora de extremeños, que se han ido de su tierra, para vivir en otras partes de España donde se invertía en riqueza y en prosperidad.
Hoy, Extremadura, es, prácticamente, un paraíso natural protegido, porque carece de una contaminación severa, y los que habitan en Extremadura, se han acostumbrado a valor este paraíso natural protegido, de manera que, asombrosamente, tienden a rechazar la implantación de cualquier industria que pueda contaminar lo mínimo.
El Estado español, que no tiene muchas ganas tampoco de invertir en Extremadura, encuentra una excusa perfecta para adoptar una postura sumamente tacaña con nuestra noble tierra.
No cabe duda de que no estamos en una zona estratégica de la Península Ibérica, aunque la frontera con Portugal, nos ha beneficiado, porque los portugueses prefieren entrar en España hacia Madrid, o dirigirse a Lisboa, a través de Badajoz, por lo que algo de esta estrategia lusa nos vierte beneficios, y nos otorga mayor visibilidad en el mapa.
No obstante, depender del interés portugués para sacar réditos, es algo en cierta manera ruinoso, porque la zona de Portugal lindante con Extremadura, el Alentejo, es una de las zonas más deprimidas de nuestra vecina lusitana, ya de por sí empobrecida tras la pérdida de las colonias en África. De ahí que el tren de alta velocidad se encuentre estancado, a la espera de que los portugueses se decidan a construir su alta velocidad en el lado opuesto a la frontera con Badajoz.
Por otro lado, aunque existe una corriente tendente a restaurar nuestra cultura autóctona olvidada, muy rica y peculiar, de momento se queda en un esfuerzo de organizaciones privadas, como la lucha de los “collaçus” de OSCEC, por la preservación de las lenguas, no dialectos, sino lenguas, repito, que se hablan, o se han hablado con profusión, en Extremadura.
De vez en cuando se escuchan voces universitarias, o políticas, dudando seriamente, o negando esta existencia cultural lingüística. Una prueba de lo que he señalado anteriormente.
Nos hemos convencido profundamente, al practicar nuestra propia negación como pueblo, de que no somos nada, y que nos debemos a Castilla o a Andalucía, mucho más admiradas que nuestra propia tierra, que, nosotros mismos, ninguneamos y despreciamos, en una ignorancia cruel de lo que somos y hemos sido.
Mantener una cultura propia y peculiar, no es negar nuestra nacionalidad española, sino todo lo contrario, sería enriquecer el panorama diverso español, y, algo muy interesante, nos haríamos más importantes para los Gobiernos de España, muy reacios a realizar inversiones en Extremadura, que nos empobrecen, y disminuyen aún más el interés inversor en nuestra amada tierra.
FRAN AUDIJE
Fotografía redes sociales
Madrid, España, 7 de septiembre del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentaria
#upr#PanoramaInternacional #FranAudije

Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
