La rebelión del cuerpo social: La política de los hechos frente a la retórica del poder

Por Valentina Cuevas

Ciudad de México, 26 de agosto de 2026

Durante las últimas décadas, el pensamiento político internacional ha insistido en buscar las respuestas a las crisis contemporáneas en las cúpulas del poder formal: en las declaraciones conjuntas de organismos multilaterales, en las reformas parlamentarias de gran escala o en la alternancia pendular entre proyectos ideológicos antagónicos. Sin embargo, la brecha entre esa escenografía institucional y la realidad cotidiana del Sur Global y las periferias de Occidente nunca había sido tan profunda.

Como advertimos al analizar el agotamiento de las promesas materiales y la posterior instauración de la gestión emocional como técnica de control, el repliegue del Estado no produce únicamente parálisis o resignación. Cuando las instituciones tradicionales renuncian a su deber de garantizar la certeza material y optan por administrar la angustia colectiva, la vida civil no se extingue: muta, desciende al territorio y se reorganiza en los márgenes.

«La democracia no se reconstruirá en los palacios que administran la resignación, sino en las trincheras cotidianas donde la comunidad organiza el cuidado, el deporte y la dignidad frente a la ausencia del Estado.»

— Valentina Cuevas

Frente al colapso de las certezas públicas, emerge una infraestructura comunitaria descentralizada que no espera la validación de la burocracia estatal ni se somete a la lógica del mercado para sostener la vida común: la trinchera invisible de la sociedad organizada.

La salud mental y el deporte de base: Primera línea de defensa
El trauma psicosocial derivado de la violencia, la precariedad y la incertidumbre económica no se resuelve con discursos polarizantes ni con paliativos asistenciales. En las zonas donde las políticas públicas de salud mental son inexistentes, la contención comunitaria asume la primera línea de respuesta.

Los espacios de entrenamiento barrial, los clubes deportivos formativos y las iniciativas de actividad física adaptada han dejado de ser meros recintos de esparcimiento. Operan como dispositivos psicofisiológicos esenciales de regulación emocional, disciplina colectiva y reconstitución del tejido social. En comunidades asediadas por la criminalidad o el abandono, un gimnasio popular o una cancha autogestionada ofrecen una barrera tangible contra la descomposición social, proporcionando la pertenencia y el sentido de futuro que las instituciones formales han dejado de garantizar.

«El deporte comunitario y la salud mental de proximidad no son lujos del desarrollo, sino la primera línea de defensa de una sociedad que se niega a que la violencia le arrebate a sus juventudes.»

— Valentina Cuevas

La politización del cuidado y la economía de la vida
El segundo pilar de esta arquitectura subterránea es la economía de los cuidados. Históricamente confinada al ámbito privado y sostenida de manera desproporcionada por mujeres, la labor de alimentar, sanar, proteger y acompañar se ha transformado en un acto de gobernanza territorial de facto.

Comedores comunitarios, redes vecinales de abastecimiento, colectivos de búsqueda y cooperativas de apoyo mutuo demuestran a diario que la sostenibilidad de una sociedad depende de la preservación directa de la vida y no de los índices de especulación financiera. Al resolver colectivamente lo que el Estado omite, estas redes desafían la narrativa de la impotencia ciudadana y demuestran una capacidad técnica y logística que supera con creces la lentitud de los aparatos burocráticos.

«Cuidar al otro en un entorno que promueve el descarte no es un acto de caridad privada; es la forma más radical de resistencia política y soberanía colectiva.»

— Valentina Cuevas

La respuesta territorial en la región
Esta dinámica de autodefensa civil y soberanía comunitaria se manifiesta con contundencia en los distintos contextos de nuestra región:
Chile y la reconstrucción barrial: Ante el desencanto con los procesos constituyentes institucionales, la energía ciudadana ha retornado al territorio. Asambleas de salud comunitaria, cooperativas de vivienda y clubes deportivos locales sostienen redes de solidaridad que desafían la mercantilización extrema de los derechos fundamentales.
México y la defensa del tejido comunitario: En un entorno marcado por la crisis de seguridad y la fragilidad del sistema sanitario, son los colectivos de base, las redes comunitarias de cuidados y las organizaciones deportivas locales las que preservan la cohesión social y disputan los espacios públicos a la violencia.
Cuba y el socorro mutuo frente a la parálisis: Ante el colapso de los servicios esenciales y la inmovilidad del monopolio estatal, la sociedad civil recurre a la microeconomía autogestionada, el auxilio barrial directo y las redes independientes como el único mecanismo eficaz para garantizar la subsistencia cotidiana.

El rescate definitivo del cuerpo social
La lección que arroja este cambio de época es ineludible: el verdadero contrapoder no reside en la retórica de los gobernantes ni en la alternancia de etiquetas partidarias, sino en la densidad del tejido social organizado.

Si las democracias contemporáneas aspiran a superar la era de la anestesia institucional y la polarización estéril, deberán reconocer que la soberanía no se delega de manera pasiva en las urnas; se construye y se defiende todos los días en la trinchera cotidiana de quienes reparan, con sus propias manos, la dignidad de sus comunidades.

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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