Yo creo que ninguna nación en el mundo está a salvo de la tiranía y de la injusticia, porque las naciones son dirigidas por hombres, por lo que nos vemos obligados a asumir errores e imperfecciones en la dirección gubernamental de los Estados, puesto que el error y la imperfección nos definen fundamentalmente a las personas y a los seres humanos.
Sin olvidar esta premisa de la que partimos, como es el error y la imperfección en las personas, sí es posible hablar de una mayor cercanía o lejanía a la justicia, el bien común, y la libertad.
Los Estados Unidos de América, desde su fundación como Estado independiente, ha enarbolado las enseñas de la libertad y de la justicia, basadas en los derechos del hombre a vivir con una dignidad. Dicha enseña, la primera que se colocó en un pedestal dentro de las naciones, ondea y alumbra la política de la actual primera potencia mundial, frente a un mundo convulso y viciado, exactamente por lo contrario, es decir, por la tiranía y la injusticia.
No podemos mentir tampoco, y dejar de lado el imperialismo de esta gran potencia, el cual, por otro lado, ha sido una constante entre todas las potencias mundiales que en el mundo han sido. Dicho imperialismo, generalizado entre toda gran potencia mundial, volvemos a señalar, es fruto de la necesidad de mantener el pabellón del control de la situación, especialmente frente a otras naciones enemigas, ya sea porque ensombrecen la política exterior de mantenimiento de un orden beneficioso, o fuera debido a una conveniencia, no solo de la potencia mundial, sino también de sus aliados internacionales.
El imperialismo es fastidioso y odioso, no dejamos de reconocerlo, pero es otra premisa ineludible dentro de la praxis natural en la política internaciones. Lo mismo que el pez grande se come al que es más pequeño, una ley de vida, el más fuerte pone las condiciones a los más débiles, otra ley de la política internacional que es necesario asumir.
Sin embargo, en el contexto que nos movemos de las relaciones internacionales, entre la superpotencia, y las naciones subalternas o inferiores, el trato que otorgan los Estados Unidos de América, no es de los más duros ni siniestros, por el propio convencimiento en los principios de libertad y de dignidad humana de esta nación que ponemos en cuestión, los cuales podríamos mantener que son aplicados tan solo en una política de puertas hacia dentro. Pero, por necesidad, algo de esta actitud interna, se refleja en la política exterior también, que dulcifica el control imperialista.
No es tanto el daño que hace la política exterior de los Estados Unidos de América, como la que generan los propios Estados hacia sí mismos, tantas veces marcados por dictadores desplegando políticas tiránicas y perjudiciales para su propio pueblo.
Me gusta el ejemplo de la actual presidenta de México, Claudia Sheimbaun, ejerciendo una política de claros beneficios sociales hacia su país, poniendo el acento en las clases desfavorecidas y damnificadas, pero, por otro lado, tratando de llevarse lo mejor posible con el vecino del Norte, lejos de la beligerancia y el enfrentamiento que marca la política en otras naciones del entorno.
El ejemplo de Claudia Sheimbaun, me parece que es un modelo a seguir en las relaciones con los Estados Unidos de América. Modelo que constata la consciencia en los condicionantes internacionales que impone el imperialismo, pero, dentro de los márgenes de actuación que dejan estos condicionantes, moverse en beneficio de la nación propia, consiguiendo grandes avances, como también es posible experimentar que sucede.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 12 de septiembre del 2026
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
#upr# PanoramaInternacional #Fran Audije

Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
