JOEL ORTEGA JUÁREZ
Ciudad de México 1 de septiembre del 2026
La gran pensadora siria-francesa-mexicana Ikram Antaki, en una ocasión en una reunión en el auditorio de Economía en la que estábamos participando, entre otros, Marcelino Perelló y yo, se paró y nos dijo: «Ustedes los del 68, los de México y de todo el mundo, tienen el espíritu de Peter Pan, siguen siendo adolescentes, siguen siendo irresponsables, no son capaces de entender que ya son adultos».
Cuando dijo eso no entendí primero el significado profundo de su definición, pero después el tiempo le ha ido dando la razón. Efectivamente, creo que había un síndrome de retrato de Dorian Grey que no envejeceríamos jamás y eso condicionó muchas formas de ser, de pensar, de actuar del movimiento.
Ahora que estamos viendo cómo se apaga la vida de tantos compañeros, de tantos amigos del movimiento, nos damos cuenta de que la vanidad, la soberbia de creernos eternos, nos ha hecho mucho daño.
En estos días, en estas semanas recientes, en estos meses y años recientes, he visto, como dice Joaquín Sabina, irse a tantos amigos, tantas amigas, y como él mismo dice: me duele más la muerte de los amigos que la que a mí me ronda.
Quiero hacer un recuento de algunos compañeros que se han ido, empiezo por las chavas.
Se fue hace unos dos años Selma Beraund, dejando un vacío importante. Fue una de las mujeres icónicas del 68. Era muy conocida porque estuvo presente en el festival de Nancy, festival de teatro donde el teatro universitario de México tuvo una premiación muy importante. Era estudiante de Filosofía, de Arte Dramático, y fue una activista muy singular porque tuvo una generosidad y valentía inmensa.
Era muy amiga de Luis González de Alba al que le llamaban el lábaro por el lábaro patrio. En esos años ya era muy brutal la persecución a los homosexuales, Luis González de Alba era abiertamente homosexual. Fue un cuate que dio la lucha en defensa de la libertad de cada de tener la preferencia sexual que fuera. Pero como era hostilizado en la cárcel, simuló con Selma que era el padre de una de sus hijas, que en realidad era hija de Ricardo Guerra. Lo asumió con tal valentía que esa dupla, esa pareja de Selma y Luis, era una pareja en el fondo mucho más sólida, leal, amorosa que muchas parejas heterosexuales.
Selma después fue actriz en el Centro de Arte Dramático A.C. (CADAC) de teatro que estaba en Coyoacán y se convirtió en un personaje muy importante durante la huelga del SPAUNAM el STUNAM donde jugó un rol muy importante.
La casa de Selma era una especie de casa abierta a donde llegaban y volvían: llegaba José Revueltas, Roberto Escudero, Luis González de Alba, ya había mencionado Carlos Sevilla y muchos otros activistas, dirigentes del movimiento infantil del 68.
Otra mujer importante de esa época y de esos movimientos fue Cecilia Montante, que murió apenas hace un año. Cecilia era una mujer muy guapa, hermosa, supongo que, de origen italiano por el apellido, que fue muy valiente y entre otras cosas sufrió la persecución durante la huelga del STUNAM, la golpearon igual que a Selma y a Juan Gabriel Moreno, que también golpearon cuando entró la policía y se llevó a las guardias que teníamos en la Ciudad Universitaria. Fueron llevados a Balbuena.
Cecilia con mucha valentía supo resistir. También tuvo un papel muy interesante cuando dos tipos siniestros, Mario Falcón y Castro Bustos, tomaron la rectoría de la UNAM para supuestamente encabezar un movimiento de los estudiantes normalistas que querían ingresar a la universidad, pero que en realidad luego se descubrió que eran peones de Rubén Figueroa, de tan siniestra memoria, cuyo hijo después fue gobernador también, igual que él, y que estuvo involucrado en la matanza de Aguas Blancas y que hasta la fecha se prorroga su dinastía a través de Ángel Aguirre, primero que estuvo involucrado en la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, y ahora se prolonga con el control caudillesco de Félix Salgado Macedonio que controla la representación de Morena en el estado de Guerrero y que parece tiene vínculos muy fuertes con los grupos de narcos en ese estado.
Cecilia, siendo estudiante, ya era más bien trabajadora de la UNAM, cuando por mediación del doctor Fausto Trejo —que fue dirigente del 68 y estuvo preso en Lecumberri— le pidió a Fausto que fuera a la rectoría y sacara de Ciudad Universitaria a Falcón y a José Augusto para llevarlos a la Embajada del Perú, cosa que hizo con mucha gallardía.
Cecilia lo saco y por eso fue perseguida, golpeada, una de sus niñas fue amedrenta, sufrió mucho. Fue una mujer muy importante a la que quiero recordar, porque son de esas personas, de esos compañeros que no tuvieron los reflectores de los líderes más conocidos.
También quiero mencionar la desaparición de Serafín Núñez de Guerrero, que estudió en Ayotzinapa. Fue compañero de Lucio Cabañas en esa Normal. Serafín era el líder de la sociedad de alumnos en Ayotzinapa. Salieron de la Normal, se transformaron en profesores y sufrieron, Serafín y Lucio, la masacre del 17 de mayo de 1967 por encabezar una marcha de niños en contra de los atropellos de una directora de la escuela primaria de Atoyac.
De esa represión, Lucio tomó la decisión, como se decía entonces, de irse al monte y primero fundar la Brigada de Ajusticiamiento y después el Partido de los Pobres.
Serafín tomó otro rumbo. Se fue del país a estudiar Historia a la Universidad Patricio Lumumba. Yo lo conocí en el año de 1969-70. Luego Serafín se convirtió en líder del sindicalismo en Guerrero, encabezó una marcha desde Chilpancingo a la Ciudad de México en los años setenta y encabezó también un movimiento crítico dentro de la Universidad de Guerrero. Después fue activista social y político en ese mismo estado. Murió recientemente, casi en el anonimato, y merece ser recordado.
Otro compañero que murió también el mismo día que Serafín fue Gerardo Peláez Ramos, que fue preso en 1967 por ser parte del grupo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria Estudiantil y fue acusado de colocar una bomba o de intentar colocar una bomba en la Embajada de Bolivia a raíz de la muerte del Che Guevara. Acusados por eso, estuvieron casi siete años presos en Lecumberri.
Al salir de la cárcel, Gerardo se convirtió en militante del Partido Comunista. Fue enviado a la escuela de cuadros de Moscú, a donde yo lo conocí en 1978, me hice amigo de él. Y cuando regresó de Moscú le propuse ser parte de la Secretaría de Educación Sindical.
Gerardo escribió miles de páginas de la cronología del Partido Comunista, un diccionario de militantes de izquierda y muchísimos textos de historia documental, sobre todo del movimiento magisterial, del MRM, de la CNTE y del Partido Comunista, como ya lo mencioné.
Otro importante compañero también con pocas luces —con pocas luces me refiero a reflectores, pero con muchas luces de talento— fue Lorenzo Terán Holguín, el patriarca de la familia Terán, que fue el que encabezó el descenso desde la montaña hasta la ciudad de Guasave y, al ejido de Corerepe, llevó a sus hermanos Liberato, Rito, Carlos y David, trasladándolos literalmente de la montaña en la que ni siquiera había automóviles hasta el ejido de Corerepe y luego a Guasave y luego a Culiacán, donde Liberato y Rito se convirtieron en dirigentes del movimiento estudiantil rosalino, líderes importantes de la autonomía universitaria y de la lucha de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Ahí Lorenzo, que era autodidacta, se convirtió en editor de la Universidad Autónoma de Sinaloa, también fue editor en la Universidad Autónoma de Puebla y él mismo publicó varios libros haciendo la crónica del movimiento estudiantil de Sinaloa y la lucha política del Partido Comunista en Sinaloa. Lorenzo era un hombre de convicciones comunistas genuinas. Nunca medro con eso, con eso, no se enriqueció, no se hizo diputado, ni senador, ni nada. Era un militante genuino y creo que son de esas personas ejemplares que afortunadamente demuestran que hubo, en ese mundo que hoy está en un proceso de decadencia, que hubo gente valiosa, gente íntegra, como el gran Lawrence de Arabia, como le decíamos.
Y hay otros muchos más compañeros y compañeras que participaron y tuvieron una conducta de lucha muy ejemplar y hoy, tristemente, rondando los ochenta, están emprendiendo el viaje a las estrellas. Quiero rendir ese homenaje y con su ejemplo que sea también un mensaje de esperanza, para que los jóvenes tengan sus vidas como ejemplos dignos de ser respetados e imitados en la lucha por la transformación que tanto se requiere en este mundo tan lleno de desigualdad, de amenazas a los seres vivos y de guerras.
Un homenaje para todos los compañeros y compañeras que no tienen los reflectores pero que fueron fundamentales en la lucha social, política y revolucionaria de este país.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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