México necesita una conducción institucional: Sheinbaum frente a su antecesor

Por Bernardo Méndez Lugo, diplomático mexicano de carrera en retiro. Estuvo adscrito a cuatro consulados de México en EU, también cumplió tareas en Consulmex Montreal y en Embamex El Salvador.

Fotografía Facebook

Ciudad de México 2  de octubre del 2026

Claudia Sheinbaum debe ejercer plenamente el mandato que recibió de los ciudadanos y conducir la política exterior de México sin tutelas ni sombras. Por eso, aunque Andrés Manuel López Obrador tiene todo el derecho a expresar sus ideas y defender su gestión, sus declaraciones sobre los embajadores de Estados Unidos resultan inoportunas en un momento en que el país enfrenta negociaciones delicadas con Washington. (El Financiero)

La reaparición pública de López Obrador, con motivo de la presentación de su libro Pueblo, merece una consideración serena. El expresidente puede compartir su interpretación de la historia reciente, defender las decisiones de su gobierno y formular críticas sobre la relación bilateral.

Sin embargo, cuando sus opiniones se refieren a asuntos sensibles de la agenda exterior, también es necesario valorar sus efectos sobre la labor de la administración en funciones.

López Obrador afirmó que casi todos los embajadores estadounidenses en México han sido “metiches” y han ejercido presiones sobre nuestro país.

Esa valoración corresponde a su visión de la relación histórica con Estados Unidos. Pero, desde una perspectiva diplomática, ese lenguaje no contribuye a facilitar el trabajo de quienes hoy tienen la responsabilidad constitucional de negociar con Washington.

La cuestión central no es si el expresidente conserva influencia política o si sus opiniones tienen eco entre sus seguidores. La cuestión es quién define actualmente la posición de México ante el exterior. La respuesta institucional es inequívoca: la Presidenta de la República y su gobierno.

México enfrenta asuntos de enorme trascendencia: la revisión del T-MEC, la cooperación en materia de seguridad, el combate al tráfico de drogas y armas, y una compleja agenda migratoria.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que comercio, seguridad y migración son temas centrales de la relación con Estados Unidos y que deben abordarse mediante diálogo, reciprocidad y respeto mutuo. (Gobierno de México)

En ese contexto, la capacidad de decisión de Sheinbaum debe entenderse como una responsabilidad de Estado. No se trata de negar la continuidad histórica de un proyecto político ni de desconocer los logros de la administración anterior.

Cada gobierno tiene la obligación de responder a las circunstancias de su tiempo, establecer sus prioridades y asumir plenamente las consecuencias de sus decisiones.

Claudia Sheinbaum es la Presidenta constitucional de México. No es una extensión de Andrés Manuel López Obrador, aunque haya sido su sucesora y comparta con él buena parte de los principios políticos de la llamada Cuarta Transformación.

Tiene derecho a construir su propio estilo de gobierno, definir sus prioridades y desarrollar una política exterior acorde con los desafíos que enfrenta su administración.

Ésta no es una crítica personal al expresidente, sino una defensa de las atribuciones presidenciales.

López Obrador ha dicho que está retirado de la política y que no es “jefe máximo” ni “poder tras el trono”. Precisamente por respeto a esa decisión, conviene evitar cualquier percepción de que existe una conducción paralela del país o una autoridad política distinta de la que corresponde a la Presidenta en funciones. (El País)

La posición de México frente al exterior debe expresarse a través de la Presidenta, la Secretaría de Relaciones Exteriores y los canales diplomáticos establecidos.

Desde mi experiencia en el Servicio Exterior Mexicano aprendí que la diplomacia exige firmeza, pero también oportunidad; defensa de los intereses nacionales, pero igualmente capacidad para escuchar; soberanía, pero sin confundirla con confrontación permanente.

La eficacia internacional de un país depende, en buena medida, de la claridad con que comunica sus posiciones y de la confianza que transmite a sus interlocutores.

Estados Unidos es nuestro vecino, nuestro principal socio comercial y un país con el que compartimos una frontera, millones de familias, enormes flujos migratorios y problemas de seguridad que ningún gobierno puede resolver unilateralmente.

Por ello, cualquier declaración pública sobre la relación bilateral debe considerar no sólo su contenido político, sino también sus posibles efectos sobre las negociaciones en curso.

El gobierno de Sheinbaum también debe definir su propio tono diplomático. Defender la soberanía mexicana no significa responder a cada provocación con otra provocación.

La verdadera fortaleza consiste en saber cuándo hablar con firmeza y cuándo preservar el espacio indispensable para negociar.

Por eso me permitiría recomendar respetuosamente a la Presidenta mantener una prudencia todavía mayor en el lenguaje utilizado frente a Washington.

La firmeza puede ser compatible con la mesura, y la defensa de los intereses nacionales puede fortalecerse mediante una comunicación estratégica, coherente y profesional.

También sería conveniente que quienes acompañaron políticamente al expresidente comprendieran que la lealtad al proyecto no debe confundirse con la continuidad personal de un liderazgo.

Respaldar a la Presidenta no implica abandonar los principios de la Cuarta Transformación; implica reconocer que esos principios deben ser interpretados y aplicados por el gobierno que actualmente tiene la responsabilidad de conducir al país.

Sheinbaum puede reconocer los logros de la administración anterior y, al mismo tiempo, marcar diferencias, corregir estrategias y construir su propio legado. Distinguir entre continuidad política y subordinación personal es esencial para la madurez de cualquier proyecto.

El T-MEC, la seguridad y la migración requieren una diplomacia profesional, discreta y eficaz. Las diferencias con Estados Unidos deben discutirse con firmeza en las mesas de negociación y no convertirse innecesariamente en una sucesión de declaraciones públicas que puedan dificultar los acuerdos.

La política exterior no puede estar sujeta a la nostalgia, a la lealtad personal ni a la necesidad de preservar una figura política del pasado. Debe responder a los intereses actuales de México y estar dirigida por las instituciones que tienen constitucionalmente esa responsabilidad.

Andrés Manuel López Obrador pertenece ya a la historia presidencial de México. Su gestión será objeto de debate y evaluación, como ocurre con la de todo expresidente. Claudia Sheinbaum, en cambio, tiene ante sí la responsabilidad presente de gobernar y la oportunidad de escribir la siguiente etapa de la vida pública nacional.

Reconocer la trayectoria de un expresidente no implica limitar a su sucesora. Claudia Sheinbaum debe ejercer plenamente sus atribuciones y conducir, con criterio propio y responsabilidad institucional, la relación de México con el mundo.

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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