El canciller Ebrard al frente de festejos históricos

Atilio Peralta Merino

albertoperalta1963@gmail.com

En la conferencia de prensa del presidente del pasado 30 de septiembre de los presentes, se anunció la conformación de una comisión de gabinete presidida por el canciller Marcelo Luis Ebrard Casaubón, que estará encargada de organizar el año próximo, los festejos por motivo de la conmemoración de hechos por demás señeros, y cuyas efemérides corresponden al año 2021.

Destacándose al respecto de manera por demás significativa el medio milenio de la caída de la gran Tenochtitlán y la detención de Cuauhtémoc el joven Tlatoani del Anáhuac, que habremos de conmemorar el 13 de agosto; y los dos cientos años de la consumación de la independencia nacional que celebraremos el 27 de septiembre.

Cien años atrás, con motivo del primer centenario de la consumación de la independencia, el gobierno de Álvaro Obregón encomendaría una misión equivalente a José Vasconcelos, titular de la recientemente creada Secretaría de Educación Pública, destacándose “La Vida Literaria en México” de Luis G. Urbina como una de las obras punteras que, con motivo de aquella celebración, fueron escritas y dadas a conocer a la opinión pública y a su posteridad.

Respetando la investidura que reviste el presidente, los integrantes de la comisión referida y su coordinador el canciller Ebrard, soy de la opinión de que las celebraciones en torno a sucesos de especial relevancia para la historia y la cultura, no sólo de México y del continente sino de la civilización humana, tendrían que empezar en realidad el 30 de octubre del presente año,  fecha en la que conmemoraremos 500 años de la segunda carta de relación, dirigida al emperador Carlos V, y que fuera signada en la villa de Segura de la Frontera por el capitán general Hernán Cortés.

José Vasconcelos, muy probablemente, hubiese mostrado especial interés en rescatar las grandes crónicas y consideraciones filosóficas de la época y posteriores a la misma, en las que se diera cuenta de un suceso formidable que llevaría aparejado un choque de civilización y con ella de concepciones de la vida y del universo sin precedente alguno en la historia de la humanidad, y de la que el referido documento signado por Cortés constituye acaso el testimonio más directo y acabado.

Vasconcelos, seguramente, se daría a la labor de reeditar a los grandes cronistas que incursionaron en la Nueva España, o en la “América Septentrional” como dijeron en “El Despertador Americano” o en cualesquiera otro de los documentos de la época de la independencia cuya consumación habremos asimismo de conmemorar el año entrante. Reeditaría obras que yacen en el olvido como la de Francisco Cervantes de Salazar, o bien la “Monarquía Indiana” de Juan de Torquemada, bautizado por don Lucas Alamán como “el Tito Livio Mexicano”; y ni que decir de la prácticamente olvidada crónica de los presidentes del Real y Supremo de “Indias”.

Hasta donde entiendo, ni la obra de Pedro Mártir de Anglería, ni la de Antonio Herrera Tordesillas han sido publicadas jamás en nuestro país, a diferencia de la célebre recopilación de las “Leyes de Indias” de 1680 debida a la labor infatigable de Antonio de León Pinello, más legislador que cronista, por aquello de la consigna por demás ridícula que con pretensión de dogma circuló hace algunas décadas en el sentido de que: “lo único que cuenta y es digno de valor es la crónica”.

Es de destacarse que la obra de Antonio Solís Rivadeneyra, por su parte, circuló en su época copiosamente, a grado tal que inspiró la Ópera de Antonio Vivaldi “Moctezuma” cuyo estreno, -hecho por demás curioso y digno de las más intrincadas reflexiones- se llevaría a cabo en fechas tan recientes como es el año 2000.

Las conmemoraciones de hace un siglo han dejado huella perdurable: obras tan trascendentes como la de Luis G. Urbina, se erigen hasta nuestros días en lectura obligada para comprender la vida cultural y pública de México; seguramente, el canciller Ebrard se empeñará en hacer otro tanto, y un primer paso en tal sentido, bien podría ser honrar este 30 de octubre el medio milenio de un documento por demás valioso y trascendente.

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