MORENA: ¿LIBERALISMO ICONOCLASTA?

Antonio TENORIO ADAME

La campaña electoral del próximo año es más que una renovación del Congreso de los diputados:

·         La nación se transforma en un referéndum al gobierno en turno.

·         El régimen de Morena se desvanece o se fortalece en la renovación de la distribución territorial del poder con los gobernadores;

·         La alianza de partidos de minoría solo reafirmará la composición actual de los legisladores como consecuencia de enfocarse a derrocar a la mayoría parlamentaria sin agenda como tampoco identidad ideológica y

·         La democracia directa en alcaldías municipales enciende pasiones.

En el primer tercio de gobierno de AMLO, se ha derrotado a las tendencias golpistas que pedían la renuncia del presidente y alentaban a la insubordinación civil.

No ocurrió el despropósito porque el país dispone de instituciones sólidas e instancias alternas en solución de conflictos. La provocación de FRENA quedó vencida ante la indiferencia social de su propuesta.

La impronta de los 665 intelectuales llamando a romper el “Asedio a la libertad de comunicación” no tuvo eco.

Ante la divulgación de textos contrarios al régimen: “El balance temprano” coordinado por José Woldenberg, así como: “Orgullo y prejuicios y El presidente, filias y fobias” de Leonardo Curzio, a la vez, dan cuenta de diagnósticos de la realidad, y de la libertad de expresión.

En contrapartida, la presencia literaria de Jorge Zepeda y Lorenzo Meyer alimentan un clima saludable de opiniones diversas y críticas de un México de brillante inteligencia.

La dinámica del gobierno lopezobradorista ha sido de una gran fluidez, de ligereza por su capacidad de desprendimiento, como demuestra no alojarse en el lenguaje de orden de izquierda, en ningún grado ni semejanza, pálidamente latinoamericanista al no excluir a Maduro y arropar a Evo, evitó accidentarse ante la difícil relación con Trump y es posible que ofrezca un nuevo marco de relaciones a Biden con mayor margen de negociación, como se demuestra al solicitar el control de las policías  extranjeras que operan en el país.

LA INCERTIDUMBRE ICONOCLASTA

En esa virtud, algunos analistas califican a AMLO como un neoliberal iconoclasta, una definición que adquiere significado por su exclusión, si partimos de la idea del neologismo imperativo en el que se especifica un liberalismo renovado o modernizado radicalizado, donde el individualismo radicaliza las utilidades vía financiera y socializa la pobreza creciente y acumulativa.

En ese oxímoron de enriquecer la pobreza, debemos enmarcar la praxis política obradorista, de no comprometer los intereses nacionales en una confrontación ideológica donde no existe posibilidad de salvar el interés nacional con liberalismos enfrentados.

En el liberalismo clásico se distinguen entre otros, los paradigmas de la prosperidad opuesto en contrasentido por el temor y destrucción. El primero se encuentra en la obra de Adam Smith en “El origen de la riqueza de las naciones”. El segundo corresponde a Hobbes autor del “Leviatán” que requiere someter al monstro social de las ambiciones personales que propicia la necesidad de la violencia legítima del Estado para someter y ordenar.

Así se enfrentan la libertad de crear y poseer, ante el segundo esquema fundado en la razón del Estado. En ese contexto ambos son además de opuestos, dos que llegan al conflicto de contrapuestos.

El neoliberalismo procura o intenta resolver la contradicción entre libertad de riqueza frente al orden de la seguridad, por medio de fortalecer la acumulación y debilitar al conjunto mayoritario social con la pobreza. Hacer más ricos a los ricos y darles más poder.

Ahora el neoliberalismo rompe los lineamientos de racionalismo social del bienestar a favor de la elite dominante; se plantea, ¿Cómo enfrentar sin violencia y evitar la ruptura?, Ahí el pragmatismo de AMLO encuentra acogida.

Uno de los adjetivos más severos para encajonar ese pragmatismo político del presidente es el calificativo de “destructor”.

Antes de iniciar su administración, sin embargo, el panorama del estado que guardaba la nación era de desolación, ante una privatización galopante que despojó al sector público de su capacidad empresarial para regular el mercado y generar empleo, así como un estado de evasión y colusión con una generación de fraudes fiscales que imposibilitaban la recaudación eficiente, el comportamiento criminal de los servidores públicos en el saqueo de las arcas nacionales, habían dejado un paisaje de un desierto de muerte.

Así, quien destruyó el Estado, fueron los gobernantes neoliberales en colusión con un mercado voraz y deshumanizado.

La actitud de reposición y rescate de la 4T fue la de auxiliar a niveles de urgencia a los grandes sectores sociales, por medio de políticas de bienestar social aun insuficientes pero indispensables a una urgencia extrema.

El pragmatismo político como antídoto a la desintegración del Estado.

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