LA ESTEPA EN EL JARDÍN DE LOS MANIQUÍES CAPÍTULO 3 BAENERUM

ELEDUBINA BECERRIL RODRÍGUEZ

Imagen portada pixabay.com

Augusto Baenerum, el creador del emporio del mismo nombre, llegó a ver a su hijo. Juslar, conteniendo todas las emociones que se le enredaban, se le plantó enfrente, para dialogar como acostumbraban.

Pero esta vez Augusto indicó que era muy conveniente salir.

Visitaron algunos de los grandes almacenes de la moda, donde sus maniquíes se distribuían.

Juslar los miraba con apasionado deleite.

-Son lo más cercano a la eternidad, entre la escultura clásica y los humanos, pero más accesibles, porque podemos llevarlos a donde queramos… A donde queramos – sus pensamientos irradiaba una constelación de deseos inagotables.

Su padre le interrumpió:

– Aun debemos revisar lo de Enovid, no pensarás quedarte todo el día, ¡contemplando … ESO! – con despótico autoritarismo.

Salieron a la Avenida, donde les esperaba la limousina.

Antes de subir, Juslar le señaló los escaparates:

– Deberían aprobar una ley que diga, que toda belleza tiene derecho a ser admirada –

El malestar de Augusto fue creciendo hasta que no pudo más, le soltó las palabras.

– ¿Qué significa esa habitación escondida, al fondo del jardín? Vamos, quiero saber ¿Qué ocultas? ¿Qué es eso tan tormentoso, que los demás no podemos saber? –

– Vamos de regreso- dijo Juslar al chofer.

Al abrir la puerta del Jardín, Augusto no pudo creer lo que veía.

Una cantidad increíble de maniquíes perfectamente acomodados en posturas de una rutina cotidiana imposible y la figura central, destacadisima, por ser la única que estaba recubierta con elegancia, es decir “vestida”.

– Juslar, ¿qué significa todo esto? Esto, es terrible, inconcebible ¿Cómo pudiste? ¿Te imaginas, que alguien más sepa de esto? ¿Qué explicación vamos a dar? Más bien, tú, ¿qué explicación vas a dar? – durante un buen rato, lo estuvo cuestionando, hasta que se cansó y le contestó.

– Por si no lo sabes, ahí, en los círculos más renombrados que visitas, hay cosas peores, sórdidas, retorcidas y escondidas. Bajo la máscara de una impecable e hipócrita sonrisa. Y lo que yo hago es un juego de niños que no daña a nadie –

– Juslar, pero cuando alguien más ¿lo sepa? – comentó preocupado mirando a Anthara.

– Estamos en 1960 papá, la reina Victoria, no nos va a venir a reprimir. Y yo no soy Jack… –

Después de un muy largo silencio incómodo, salieron de ahí, con una enorme molestia ambos.

– Juslar, esto aún no termina, tenemos que hablar… –

– Mira papá, Forbes y Vogue, están realmente inquietos porque concedí la entrevista a un medio publicitario que ellos consideran menor –

– Juslar, soluciona eso – dijo Augusto antes de retirarse.

En diferentes sesiones de entrevistas con Forbes y Vogue, dos reporteras le hicieron la misma pregunta:

– ¿Por qué Yma Sumac? –

Con su característica sonrisa de sarcástico hermetismo, les contestó:

– Escúchala –

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