HEBRAS DE SOL

De toda la discusión filosófica desatada en las redes sociales y en los medios de comunicación por el filósofo esloveno Slavoj Zizek y el filósofo coreano Byung-Chui Han, así como las intromisiones repentinas de pensadores como Judith Butler, Giorgio Agamben y Noam Chomsky, uno esperaría que los debates de la era digital fueran más encarnizados y demoledores. Zizek sostiene que el Coronavirus (COVID 19) nos encamina hacia la “barbarie o a alguna forma de comunismo reinventado”. Para el filósofo esloveno, el escenario o la crisis mundial sanitaria provocada por la pandemia es como un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista. Sin embargo, de inmediato esta tendenciosa aseveración fue atajada por el coreano Byung-Chui Han, señalando que el virus no puede vencer al capitalismo; por el contrario, el virus nos aísla e individualiza y, salvo el pánico consumista, no genera ningún sentimiento colectivo fuerte, en todo caso, la solidaridad planetaria solo nos puede llevar a reflexionar que no podemos dejar la revolución en manos del virus. Por momentos pensé que esta discusión versaba más en las referencias a las películas que se disputaban el Oscar como la coreana Parásitos y Jojo Rabit, que sobre una verdadera discusión filosófica que buscase dinamitar la zona de confort de la sociedad en red. Al final de cuentas su discusión antropocentrista sobre el cambio que viene, como aspirinas frente al virus, sus planteamientos apenas pretenden avizorar, mas no saber si habrá una AC (Antes del Coronavirus) y DC (Después del Coronavirus) para el Capitalismo como sociedad de consumo.

 Nadie de ellos repara de lo que está sucediendo en los países de Latinoamérica ni mucho menos de África, tan solo piensan que el destino de la humanidad depende del fantasma del discurso apocalíptico que recorre la histeria colectiva por Europa y Estados Unidos. Por otro lado, nadie de ellos habla que la caída de la bolsa y el aumento y caída en los precios del petróleo significan más que el fin del capitalismo, los prolegómenos de una guerra mundial, que por supuesto ningún medio internacional informa. 

Lo importante sería pensar si la Pandemia, viralizada primero en las redes sociales, forma parte de una estrategia de la guerra híbrida auspiciada por los servicios de inteligencia militar y si los amos de los grandes medios de información digital ahora forman parte de una especie de nueva guerra fría y bacteriológica que se ha desatado entre los aliados de la OTAN contra el bloque de Rusia, Irán y China. La única nota discordante en todo este debate global fue, sin duda, la postura del Tendero del Vaticano que pronunció un discurso sobre la barca del cristianismo a punto del naufragio por la falta de fe de sus seguidores, aunque lo más curioso no era precisamente su mensaje oscurantista, falto de solidaridad con Italia y con otros países que profesan otras religiones, sino el montaje de una misa de cuaresma sin un alma en la plaza de San Pedro, porque los tiempos dictan que la batalla por el espíritu debe ser transmitida a los feligreses conversos del ciberespacio. De todo ello los filósofos eurocentristas no hablaron ni un ápice. 

En esta guerra híbrida lo único cierto son las visiones orwelianas como aquellas que plantean los amos del mundo y algunos de sus seguidores autoritarios que tratan de implantar un chip en cada cuerpo humano como medida de seguridad y salud pública. O bien, la embestida de los mandatarios del mundo para tomar un férreo control militar en sus fronteras y sus países, al grado de iniciar deliberadamente sendos ensayos militares. 

Entre toda esa confusión mundial, se ha dinamitado la confianza del ser humano en sí mismo, se ha sembrado la duda y el pánico a gran escala, alzándose innumerables multitudes de cobardes y egoístas, que solo han vaciado los supermercados comprando toneladas de papel de baño y armas. Y qué decir del canibalismo de las trasnacionales y los bancos que lucran y fomentan el acaparamiento de medicamentos y los alimentos, dejando a las economías emergentes en manos de los depredadores de las grandes farmacéuticas y del Banco Mundial.  

Frente a toda esta crisis sanitaria que tiene paralizada la economía de millones de trabajadores y sus familias, esta pandemia ha provocado el terror en unos y la histeria en otros, pero, sobre todo, la pereza mental, que atizada por el odio y la xenofobia, realmente está llevando a una parte de la humanidad a una edad de oscurantismo, de hambre y de plagas sociales a nivel mundial.  Sin embargo, frente a toda esta crisis mundial, positivamente, también se ha despertado una sociedad más creativa, que en la distancia ha comenzado a cantar en los balcones para recordarnos que siempre florece en primavera, también han surgido mejores lectores y escritores en las redes que comparten sus mejores lecturas y su gran espíritu creativo. Algo sorprendente para mí de todo lo que hoy circula en las redes del ciberespacio es la aparición de los animales salvajes en las ciudades desiertas como si anunciarán un castigo a la humanidad por todo el desastre ecológico y su histeria colectiva que está consumiendo las reservas naturales del planeta. Hoy más que nunca los bosques y todos los seres vivos son sagrados, en especial, el Agua, la Tierra, el Aire y el Fuego son sagrados.

De todo esto prefiero pensar que en el momento que estamos viviendo confluyen nuestro pasado, presente y futuro para darle un giro de tuerca a la historia, y entonces abrirnos a una sociedad global más ética, una sociedad postatómica, más iluminada por una supraconciencia planetaria como pensaba Einstein. Más que pensar el destino de la humanidad a la deriva prefiero pensar como algunas mitologías orientales y del antiguo Anáhuac, las cuales sostienen que cada fin de una era acontece como el paso de las estaciones. Los dioses destruyen una Era para crear y dar paso a otra. Después de Kali Yug, la edad oscura, viene la era de Satya, la era del conocimiento y la verdad. Se acaba el quinto sol de movimiento para que nazca un sexto sol, de intensa quietud. 

Ahora más que nunca, la filosofía tendrá que aprender a danzar como decía Nietzsche y la humanidad tendrá que pensar en la creación no solo de un Nuevo Orden Mundial y su modelo de Homoexnovo, sino que tal vez será más importante pensar y crear nuevos modos de actuar en una sociedad planetaria más tolerante y ética que ponga en el centro, no al hombre como hicieron los banqueros del Renacimiento después de la gran peste bubónica de la Edad Media, sino que vuelva a la Naturaleza como fuente del sostenimiento de todas las formas de vida. Algo que nos estaba haciendo repensar el mundo y es un debate que no debemos dejar fuera y debe continuar es el movimiento o revolución feminista, que no solo estaba cuestionando el sistema capitalista, sino el patriarcado como un sistema de violencia estructural contra las mujeres. Por cierto, una nota al margen que nos da Mircea Eliade sobre el origen del patriarcado subyace en religiones monoteístas como el judaísmo, el cristianismo y el islam frente a las religiones politeístas que miran más a la naturaleza. De algún modo, me gusta pensar que la revolución de las mujeres en el mundo, tarde o temprano, nos conducirán a una sociedad más creativa y No violenta contra las mujeres, pero también más pacífica y consciente del Naturaleza como Gran Madre de todos.

Hoy más que nunca, la pandemia nos ha enseñado en muy pocos días a la humanidad y sus gobiernos que debemos invertir más en la ciencia que en la tecnología, más en la formación de los médicos y enfermeros que en las fuerzas militares; hoy por hoy vale más un salario digno a los maestros que a los burócratas, vale más invertir en arte y cultura que en deporte y entretenimiento. Pero sobre todo, lo que esta pandemia nos está enseñando es a vivir de manera más simple y digna, para comprender que la verdadera cercanía se aproxima en la confianza y en la rectitud que nos guía ante nuestros seres amados, ya sea en el cuidado y en el amor a nuestras abuelas y abuelos, a nuestras madres y padres, a nuestros hijos e hijas, a nuestras hermanas y hermanos, a nuestros amigos y amigas, a nuestras mascotas y todo ser sintiente, porque para vivir en paz y con mesura, todos necesitamos de todos, para crear una nueva era todos necesitamos de todos,  desapegándonos del pasado, del presente y futuro. Frente a toda esta crisis y su marasmo filosófico, prefiero respirar profundamente una flor y recordar los versos de Paul Celan:

“Hebras de Sol

por encima del yermo gris y oscuro.

Un pensamiento

alto como un árbol

se adhiere al sonido de la luz:

todavía quedan canciones que cantar

más allá de los hombres.”

Ursus Sartoris.

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