Las personas sin techo

Luis Navarro García

Madrid, España

Imagen portada de pixabay.com

La pandemia ha agravado la situación de las personas sin techo. La gente se ha vuelto más desconfiada y también es más difícil mendigar en las calles vacías.

Según el banco mundial: “Debido a la pandemia de COVID-19, el número de personas que viven en la pobreza extrema habrá aumentado en 150 millones para 2021. Ocho de cada 10 “nuevos pobres” serán habitantes de países de ingreso mediano”.

Se estima que la pandemia de COVID-19 empujará alrededor de 150 millones de personas a la pobreza extrema (habiendo llevado ya a 100 millones de personas en 2020), entendiendo por pobreza extrema, como la situación de quienes viven con menos de USD 1,90 al día.

Para finales de 2021 se estima que el 9,5 de la población mundial corra este destino.

Poniendo nombre a los “sin techo”, sirvan estas dos historias de sendos mendigos afincados en Madrid y Asturias (España).

Alberto Torres duerme en la calle desde hace casi una década. No se separa nunca de su mochila. En ella guarda el conjunto de lápices y rotuladores con los que pinta sus coloridos dragones que vende a los viandantes.

Vecinos y viandantes le saludan con amabilidad.

Un buen día se cruzó en su vida una joven asturiana que se acababa de instalar en el distrito de Arganzuela, distrito al que pertenece Alberto.

Durante la ola de frío del temporal Filomena, le pagó una habitación en un hostal y le llevo a cabo los trámites para que pudiera recibir el Ingreso Mínimo Vital. También le ha creado una cuenta de Instagram.

De los 79 dibujos publicados en Instagram ha vendido todos prácticamente, así pues, gracias a esos dragones y a la joven asturiana su vida ha cambiado para bien.

Aquí dejo su Instagram:

https://www.instagram.com/albertoarganzuela

Manuel, exlegionario de 59 años, lleva en la calle a temporadas desde hace más de veinte años, todo fue al quedarse precisamente viudo y empeoró su situación vital. Sabe bien lo que es vivir en la calle o en centros de acogida.

El primer confinamiento le pilló en un albergue para transeúntes en la provincia de Asturias, y en él se quedó hasta junio, cuando volvió a recorrer mundo, durmiendo en cajeros y recurriendo a la mendicidad para tener algo que comer. Así ha estado viajando de ciudad en ciudad en bus, con lo poco que podía disponer.

La realidad de este tiempo que estamos viviendo hace imposible poder disponer de camas suficientes en los albergues para tanto indigente. La situación se agrava tanto en cuanto los toques de queda y las restricciones de movilidad no hacen posible que esta gente pueda obtener de cuantías que les resuelvan su día a día.

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