Mank

Por: Atilio Alberto Peralta Merino

albertoperalta1963@gmail.com

El escritor Herman J. Mankiewicz ha sido formidablemente caracterizado tanto por John Malcovih como por el actor   Gary Oldman.

 Ver en exhibición una y otra vez “El Ciudadano Kane”, al unísono de que  se repasa la producción de la HBO designada “RKO281”, así  como la reciente producción de NETFLIX, nos permitirá apreciar a cabalidad la enorme influencia que el libreto escrito por el dramaturgo neoyorkino  ejerciera en el tratamiento narrativo que Carlos Fuentes desarrollara en su novela “La Muerte de Artemio Cruz”.

El más destacado de los editores de prensa de nuestro país, en parangón con lo que una generación previa a la suya habría sido en la Unión Americana el portentoso magnate Waldo Randoplh Hearts, imaginado en su lecho de agonía, es descrito en diversos tiempos y bajo diversas voces narrativas, como el propio Mank lo habría hecho al escribir su célebre guión.

Al costado de la catedral del siglo diecisiete, de la ciudad de Puebla,  se levanta imponente un palacio de cantera con los muros revestidos de petatillo. En la época colonial su orgulloso dueño ofreció la mano de su hija a quien lograra dar muerte a una enorme serpiente que llenaba de estupor a los vecinos, siendo un modesto labriego quien, a fin de cuentas, reclamaría la dote que incluía aquella edificación.

Muros que darían albergue a una publicación lanzada con el deliberado propósito de sostener la candidatura de Javier Rojo Gómez a la Presidencia, y que terminaría por convertirse en la cadena García Valseca.

 Cuenta la leyenda que, cuando su mentor, Maximino Ávila Camacho, puso en sus manos la empresa, el dueño nominal le inquirió -¿No teme que me quede con el periódico? – No. -¿Confía usted en mi entonces? –no, es que si lo haces… ¡te mato!

Durante el mandato del presidente Luis Echeverría, Nacional Financiera trabaría embargo por adeudos pendientes en contra de dicha empresa editorial que, con el visto bueno de las más altas autoridades del país, pasaría a manos de una familia de inmigrantes gallegos apellidados Vázquez Raña que habían hecho alguna fortuna con la venta de muebles, pero que, a partir de esos momentos se vería catapultada a los más altos niveles del poder social y económico de nuestra sociedad.

Aquel edificio que en la actualidad sigue siendo sede de la empresa editorial en cuestión alberga, asimismo, las cabinas de transmisión de la concesionaria radiofónica hermana de uno de los periódicos que mayor influencia llegaría a tener en la vida social del país, y que se ha visto siempre envuelta en medio de episodios sórdidos, como los que Orson Welles describe a cargo de John Foster Kane, el personaje central de una de las mejores cintas de todos los tiempos.

Al subir por las imponentes escalinatas se da de frente  a un mural de muy regular valor pictórico, pero que resulta significativo al conocerse los antecedentes del lugar y la literatura que ha inspirado; es arduo  alcanzar  en los días que corren una mediana perspectiva histórica, dado que la inmediatez de lo que los reporteros denominan “la nota”, acaba ahogándolo todo.

Siendo originalmente con Heródoto, la descripción cosmopolita con el propósito de interrogar sobre los diversos lugares y el suceder de las acciones humanas, tendría más de una semejanza con la mejor crónica periodística de nuestros días; en contrapartida, para el médico Tucídides, la historia constituye un estudio que arroja la composición de realidades concretas y específicas, ya que el término “diagnóstico”, no sería empleado en tal caso de manera arbitraria. La medicina es, precisamente, la ciencia que habría alcanzado el mayor grado de complejidad metódico en el período ático.

Surgirían posteriormente las biografías en la historiografía de la antigüedad clásica, primero con un mero propósito de exaltar a los personajes que encarnan las  virtudes de los héroes, como puede apreciarse en Plutarco para, posteriormente, con Los Doce Césares, emprender  lo que bien podría ser considerado un “diagnóstico clínico”. No en balde, la obra de Suetonio habría dado pie al estudio de Gregorio Marañón sobre el emperador Tiberio, uno de los estudios de psiquiatría forense más connotado en la historia de las ciencias penales.

La construcción de episodios y la interiorización de los personajes que tanto Mank como Carlos Fuentes llevarían a cabo de los poderosos hombres del dominio noticioso, nos habría acaso de dotar de enorme profundidad de perspectiva sobre el cambiante y hoy caótico mundo de la información masiva, a no dudarse una de las principales manifestaciones de la crisis de civilización que hoy afrontamos, y cuyo equivalente en pasadas generación habría sido avizorado magistralmente por uno de los escritores por excelencia del siglo XX dotado del don profético en el mejor sentido de la expresión,  como a no dudarse lo habría sido Herman J. Mankiewicz.

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