Debate electoral, posibilidades y limitaciones

Mario Ensástiga Santiago 

En cuanto concluyeron las elecciones del 2018, con el contundente e incuestionable triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, empezamos a informarnos y a visualizar que las elecciones intermedias del 2021 serían, como ahora lo estamos comprobando, las más grandes y complicadas de nuestra historia. 

La democracia representativa, aún con sus imperfecciones, contradicciones y retrocesos, es la forma más civilizatoria de las sociedades modernas y democráticas; por ello uno de los grandes desafíos de los años en la pospandemia del COVID-19 es el impulso de nuevas y mejores formas de relación cualitativa entre los seres humanos, con el ambiente y entre quienes gobiernan y son gobernados y gobernadas. 

La construcción de la democracia sustantiva sigue siendo un gran pendiente de nuestro tránsito a una verdadera democracia, que debe ser esencialmente participativa y constructora de mayor calidad humana y civilizatoria de las democracias representativas y directas; la participación ciudadana a la que ahora nos referimos es la que debe incluir a la ciudadanía en las decisiones más importantes del desarrollo de nuestra sociedad, más allá, mucho más allá de las elecciones. 

Un debate electoral en teoría debe ser el combate y confrontación de ideas y proyectos políticos en relación de por dónde debe caminar la sociedad; en tal contexto y reflexiones, los debates electorales como parte del proceso del relevo de los poderes de los Ayuntamientos, del Congreso local y del Ejecutivo de Michoacán deben promover la reflexión, el análisis y deliberación en torno a las propuestas de cada partido político y sus candidaturas que aspiran a un cargo de representación popular. 

Hoy en día los debates políticos son parte importante de la comunicación política, con mayor razón en estos tiempos de la pandemia del COVD-19, los antecedentes los encontramos en el primer debate televisado por la Presidencia de los Estados Unidos, el 26 de septiembre de 1960, entre John F. Kennedy y Richard Nixon.  

En México, un año más tarde, en 1961 en la ciudad de Monterrey, cuando el candidato a diputado federal del PAN de apellido Calvi, retó al del PRI, aun cuando se pactaron los términos del debate, el priista decidió no presentarse; poco después en el Distrito Federal otros dos candidatos, Antonio Vargas McDonald, del PRI, y Tomás Carmona, del PAN, discutieron frente a las cámaras de televisión.  

Fue hasta el 12 de mayo de 1994, en el marco de la contienda por la Presidencia de la República, el debate televisivo entre Diego Fernández de Cevallos, del PAN; Ernesto Zedillo Ponce de León, del PRI, y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, del PRD; en el 2000, el 25 de abril entre Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, de la Alianza por México; Francisco Labastida Ochoa, del PRI; Vicente Fox Quezada, de la Alianza por Todos; Gilberto Rincón Gallardo, por el PDS; Porfirio Muñoz Ledo, del PARM,  y Manuel Camacho Solís, del PCD. 

La experiencia se repitió en 2006 con dos debates presidenciales; el primero, el 25 de abril, con la participación de Felipe Calderón Hinojosa, del PAN; Roberto Madrazo Pintado, de la Alianza por México; Roberto Campa Ciprián, del Partido Nueva Alianza, y Patricia Mercado Castro, del Partido Alternativa Socialdemócrata, y Campesina; AMLO, de la Coalición por el Bien de Todos, no quiso participar porque sabía que él sería el centro de los ataques. El segundo debate se realizó el 6 de junio del mismo año; en esa ocasión sí participaron todos los candidatos. 

En relación al primer debate por la gubernatura de Michoacán, organizado el 21 de abril por el Instituto Electoral de Michoacán (IEM), en el que participaron Hipólito Mora Chávez, del Partido Encuentro Solidario (PES); Abraham Sánchez Martínez, de Redes Sociales Progresistas; Mercedes Calderón García, del Movimiento Ciudadano; Carlos Herrera Tello, del PRI, PAN y PRD;  Cristóbal Arias Solís, de Fuerza Por México, y Juan Antonio Magaña de la Mora, del Partido Verde Ecologista, y la notable ausencia del  profesor Raúl Morón Orozco. 

A decir verdad, son varios los factores a considerar por lo que en mi opinión, el debate no tuvo la suficiente repercusión política que modifique la falta de interés de la ciudadanía, el descredito de la clase política y las encuestas electorales de estos meses y días; pese a la buena conducción, orden logístico y amplia difusión; en mi opinión las principales características fueron: 1. La ausencia de Morón hizo que el debate perdiera expectativas; 2. El formato y metodología, si bien, como se anunció, fue dinámico, predominó la rigidez y la brevedad del tiempo para las participaciones; 3. Salvo dos o tres casos, las intervenciones reflejaron mayor naturalidad, experiencia y conocimiento de los temas, por haber estado alejados de la mecánica, aburrida y limitada lectura de las obligadas tarjetas informativas; 4. Las condiciones del debate de facto orillan a decir generalidades y lugares comunes sobre los principales temas de salud, economía, educación e inseguridad, quedándose en el “deber ser”; y 5. Las preguntas y tiempos dan menos oportunidad de hablar de los “qué y los cómos”. 

Ciertamente en un debate de entrada a las campañas electorales, se cuenta con la plataforma electoral del partido y las propuestas programáticas de gobierno del candidato o candidata, documentos que por lo general, el primero por su carácter nacional no exige más que ser los ideales ético políticos y propuestas generales de un proyecto de Nación, el segundo, es decir, la propuesta programática de gobierno, sí exige mayor esfuerzo de focalización y precisión de las propuestas estratégicas, sus objetivos, estrategias operativas generales y líneas de acción; es decir, los qué, los para qué y los cómos, en otras palabras pasar del deber ser, al “saber hacer y puede ser”.  

Por consiguiente, el debate no fue la gran oportunidad para conocer los distintos proyectos políticos, en su lugar afloraron más las narrativas mediáticas de ser la verdad andante, como si no conociéramos las trayectorias políticas dela mayoría; en ese sentido, el electorado queda huérfano de información de elementos de juicio que le permitan razonar el voto, quedando los debates convertidos en prácticas mediáticas, sin mayor trascendencia estratégica. 

Es deseable que un previsible segundo debate, los cuestionamientos se formulen más que por las clásicas y tradicionales preguntas de los temas obligados y visiones sectoriales, se pregunte en función de los diagnósticos, principales problemas y estrategias de solución de los principales problemas que impiden el crecimiento, desarrollo y bienestar de Michoacán, que cada candidato tiene. 

En el segundo debate seguramente ya podrá participar el profesor Raúl Morón Orozco, candidato de la coalición MORENA-PT, que por las actitudes y decisiones del INE y el Tribunal Federal Electoral, ante un evidente error y omisión administrativo de MORENA, ha dado paso ante una evidente falta administrativa a decisiones inquisitorias y desproporcionadas de querer cancelar el derecho constitucional de Morón a ser votado. 

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