LA FUNDACIÓN DE MÉXICO-TENOCHTILAN

Entrevista al Dr. Alfredo López Austin, por Ursus Sartoris

Siempre que se evocan el nombre y la grandeza de México-Tenochtitlan, la capital del antiguo imperio Azteca que se fundó en el centro del gran lago de Texcoco, surgen diversas preguntas que tienen que ver con aspectos míticos que trascienden muchos de los datos históricos que se han venido configurando desde la invasión de Hernán Cortés. Actualmente, existen severas fracturas mentales que trastocan la identidad de los mexicanos, debido a la devastación moral y espiritual que trajo a los indígenas la conquista española. La caída de México-Tenochtitlan no sólo significó la derrota de una Ciudad-Estado, también representó la desintegración del universo mítico y religioso de uno de los centros políticos y culturales más importantes de Mesoamérica. Más que contar con ruinas arqueológicas, hoy los pobladores de la Ciudad de México viven con una memoria en ruinas. El Doctor Alfredo López Austin ha sido uno de los restauradores de esa memoria, pues, desde diversos ángulos, ha reunido muchas de las piezas e imágenes que conformaron el pensamiento mítico y religioso de los antiguos mexicanos. Libros como La constitución real de Mexico-Tenochtitlan, Juegos rituales aztecas, Augurios y Abusiones, Textos de medicina náhuatl, Hombre-dios, Tarascos y mexicas, Cuerpo humano e ideología, La educación Mexica, Tamoanchan y Tlalocan, así como Los mitos del Tlacuache, son ya referencias obligadas que nos ayudan a comprender de manera más completa y profunda los aspectos que conformaron el pensamiento y la religiosidad de las culturas mesoamericanas, a partir de una concepción histórica del mito que permite comparar dicho pensamiento con el de las religiones coloniales de México y Centroamérica.

PREGUNTA : Doctor Alfredo López Austin, ya es casi un lugar común pensar que las ciudades que se desarrollaron en Mesoamérica tienen un principio de fundación que refleja el paso de pueblos cazadores a sociedades agrícolas, tal y como se ha dicho de ciudades como La Venta entre los olmecas o Tula entre los toltecas, pero en el caso de México-Tenochtitlan ¿Cómo sería la forma de vida de aquéllos que vinieron a fundar la ciudad que ha sido desde entonces el centro político, económico y cultural de México?  

RESPUESTA: Generalmente se tiene en México una apreciación desmedida de los mexicas (o aztecas), fundadores de las ciudades de México-Tenochtitlan y México-Tlatelolco. Esta apreciación es un reflejo de las actuales características del país, fuertemente centralista. Se destaca en exceso la importancia de este pueblo, sin pensar que destacó sólo durante el último siglo de la historia mesoamericana, una historia que ocupa cuatro milenios. Además, se atribuyen a los mexicas glorias falsas, entre ellas un vertiginoso desarrollo cultural. Se les presenta como recolectores-cazadores que llegaron a la Cuenca de México en el siglo XIV y que cien años más tarde ya habían asimilado la cultura de sus vecinos hasta convertirse en una potencia hegemónica. Hay que ser muy cautos con estas interpretaciones de la historia. Los mexicas no eran recolectores-cazadores a su llegada, sino agricultores pobres. Tanto la migración de Aztlan a la Cuenca de México como el milagro fundacional se consideran relatos únicos. No se toma en cuenta que siguen las pautas míticas e históricas de otros muchos pueblos de su época. En narraciones similares, diversos mesoamericanos del Posclásico Tardío afirmaban que su lugar de salida había sido Chicomóztoc (“el lugar de las siete cuevas”). En Chicomóztoc, montaña situada en el límite de este mundo y el ámbito de los dioses, los pueblos eran paridos en grupos de siete en siete. Cada pueblo había sido extraído y guiado por un dios patrono, quien lo conducía a la tierra prometida y le donaba el territorio en que se establecería. La señal de la llegada era milagrosa. Los mexicas hablaban de Aztlan, también nombrado Chicomóztoc. Habían salido de ahí por orden de su dios patrono, Mexi o Huitzilopochtli, y buscaban por instrucciones de su dios la tierra prometida. Al llegar a la Cuenca de México, en el lago de Texcoco, presenciaron la señal de su dios en forma de milagro: apareció un águila devorando una serpiente, posada sobre un nopal (chumbera) nacido entre las piedras. Esta imagen se convirtió en el escudo nacional.

PREGUNTA: Si aceptamos que una de las funciones del mito es, sin duda, el de constituir el fundamento que legitima el origen de ciertas creencias, instituciones o cosmovisiones del mundo, en el caso de que reconozcamos que los mexicas o aztecas no son propiamente los primeros fundadores de la Ciudad de México, pues, incluso, se sabe que antes de su llegada ya estaban asentados pueblos como los xochimilcas, los acolhuas, los texcocanos y azcapozalcas, y de hecho puede decirse que fueron los últimos en arribar al valle, entonces, ¿Cómo podemos explicar el mito de la peregrinación de su salida de Aztlán o desde las siete cuevas de Chicomóztoc en busca de la tierra prometida?

RESPUESTA: Los pueblos mencionados habitaban numerosas ciudades en la Cuenca de México. Propiamente los asentamientos de México-Tenochtitlan y México-Tlatelolco se fundaron en sitios insulares de difícil población dentro del Lago de Texcoco. El territorio era muy limitado y tuvieron que ir ganando terreno al pantano por medio de construcciones de predios agrícolas, las llamadas chinampas. La semejanza en los relatos mexicas de la migración, sobre todo en su aspecto mítico, se da no sólo con los pueblos de la cuenca lacustre, sino con otros muy distantes, como los Quichés y los Cakchiqueles de las tierras altas guatemaltecas. También allá se hablaba de la salida de un lugar portentoso, la Tulán del otro mundo (no la Tula actual, que se supone que fue una de tantas copias de la Tullan o Tulán mítica). En efecto, Tulán es uno de tantos nombres del lugar de origen de los pueblos. Otros son, precisamente, Chicomóztoc, Hueicolhuacan, y, en el caso particular de los mexicas, Aztlan. Habitaban en la Tulán mítica todos los hombres antes de salir al mundo, y hablaban allí un solo idioma. Cuentan los quichés que al dejar Tulán iban adquiriendo sus distintas características étnicas, lingüísticas y profesionales. Con la salida de la ciudad matriz se iniciaba una penosa migración que concluía con el arribo a la tierra prometida.

PREGUNTA: ¿De modo que la ciudad mítica de origen se convierte en el centro del mundo de donde emana toda la humanidad?

RESPUESTA: Sí, es la ciudad de origen de todos los pueblos. De allí se sale durante el amanecer de la historia, antes de que el mundo empiece a existir. El establecimiento en la tierra prometida corresponde al momento de la salida prístina del Sol; entonces empieza verdaderamente la historia. Cada uno de los pueblos caracterizaba desde su particular punto de vista la ciudad de origen. Los mexicas describían Aztlán como un sitio rodeado por el agua. Creían que su dios patrono, Huitzilopochtli, les había dado la profesión de pescadores y cazadores de aves acuáticas. Para cumplir su misión sobre el mundo buscaron un medio lacustre para establecerse.

PREGUNTA: Pero ¿cuál es entonces el momento real de la fundación?

RESPUESTA: Los mesoamericanos buscaban el medio idóneo para ejercer la profesión que cada pueblo poseía. Algunas fuentes documentales señalan el año de 1325 como el de la fundación de México-Tenochtitlan. Éste había sido un segundo intento, tras el fracaso de Coatepec (“el lugar del monte de la serpiente”). No fue esta fundación en un medio naturalmente lacustre, pero los mexicas construyeron una gran represa en la que llegaron a sembrar peces. Pero el experimento no tuvo éxito y debieron dejar el lugar, abandonando allí a muchos de los suyos. Siguieron después a las márgenes occidentales del lago de Texcoco, sitio que no era demasiado favorable. Las aguas del lago no eran suficientemente dulces, pues recibían por el oriente corrientes cargadas de sal. Además, políticamente se encontraban en un territorio peligroso, dominado por ciudades poderosas y en pugna, entre ellas Azcapotzalco, Culhuacán y Texcoco. Hicieron su asentamiento en calidad de tributarios de uno de los pueblos dominantes.

PREGUNTA: Entonces podemos decir que fue necesaria la justificación mítica como el referente fundacional, no obstante, las tensiones políticas que se estaban viviendo tanto entre los pueblos de la zona lacustre como entre los mismos aztecas, ¿pero ello no vino a modificar la imagen mítica de la vieja Aztlán?

RESPUESTA: Como otros muchos pueblos, los mexicas trataron de reproducir en México-Tenochtitlan las características que atribuían a su lugar mítico de origen. Era el esquema que debía cumplirse. La geometría cósmica los obliga a construir en el punto central una pirámide para el dios patrono. Junto a dicho templo se levantaría un juego de pelota –edificio de funciones religiosas– y el altar donde se elevarían las ringleras de los cráneos de los enemigos. Del centro templario partieron los ejes de una gran cruz, pues para los mesoamericanos el símbolo de la cruz es uno de los más importantes y cargado de significados. Entre otras cosas, la cruz era el símbolo de la superficie de la tierra y señalaba los puntos de los cuatro pilares que sostenían los cielos en los extremos del mundo. Tras el trazo del esquema cósmico, la tierra fue dividida entre los distintos grupos migrantes o calpulli. Algunos grupos consideraron que la distribución no era justa y 13 años más tarde se separaron del grupo para fundar México-Tlatelolco, población muy próxima y, desde entonces, hermana rival.

PREGUNTA: En algunos de sus libros usted ha referido, hablando del simbolismo, que en el espacio mítico mesoamericano existe esta imagen horizontal de la cruz que marca los cuadrantes del universo, pero también hay la imagen vertical del universo, representada con la montaña o el árbol cósmico, que estable los distintas jerarquías u órdenes del universo, como son lo terrestre, lo celeste y el inframundo, ¿Cómo es exactamente esa imagen del mundo?

RESPUESTA: El axis mundi es una figura compleja. Uno de sus componentes es el Monte Sagrado, promontorio hueco que tiene en su interior un gran depósito con las aguas, los vientos y las riquezas potenciales del mundo. Sobre el Monte Sagrado se levanta el Árbol Florido, compuesto por dos ramales, en ocasiones representados en forma de un torzal. Los dos ramales son los caminos de los flujos de los elementos opuestos y complementarios del cosmos: el agua y el fuego. Bajo el Monte Sagrado se encuentra el Mictlán o Mundo de los Muertos. El axis mundi se proyecta hacia los cuatro extremos de la tierra, reproduciendo sus figuras como pilares que separan el Mundo de los Muertos de las capas celestes. Cada una de estas cuatro proyecciones –representadas frecuentemente como pilares, árboles o dioses– tienen un color distintivo: roja la del este, negra la del norte, blanca la del oeste y azul la del sur, para diferenciarse del árbol verde, central.

PREGUNTA: ¿Y esa imagen del mundo está presente en todos los pueblos mesoamericanos?

RESPUESTA: Sí, en todos los pueblos mesoamericanos, y algunos de sus elementos se encuentran más allá de Mesoamérica, tanto en la parte septentrional como en la meridional del continente. La imagen del axis mundi como montaña cósmica es muy importante en la fundación de los asentamientos. Las pirámides son reproducciones de los montes, y muchas de ellas del Monte Sagrado. A partir de la pirámide se marcan los cuadrantes de la superficie de la tierra.

PREGUNTA: De manera que, si los fundadores de la ciudad de México-Tenochtitlan siguieron este mismo principio, hoy podemos ubicar dónde está el centro de dicho eje.

RESPUESTA: Hasta la fecha no se ha podido excavar la pirámide original debido a que no lo permite el nivel freático del centro de la ciudad de México. Sobre dicha pirámide se fueron construyendo otras, y las descubiertas son, hasta la de la última etapa, dobles; esto es, tenían al frente doble escalinata y culminaban en dos capillas, destinadas a sendos dioses. Estas dos capillas remedan la conformación dual del árbol cósmico.

PREGUNTA: Es lo que se conoce como construcción semejante al tipo de una “cebolla”.

R: Exactamente. Es una técnica que semeja la formación de capas de cebolla. Una pirámide se construía cubriendo la anterior. En la cúspide del Templo Mayor de México-Tenochtitlan se edificaban las dos capillas. Al sur quedaba la del patrono, Huitzilopochtli, dios solar, ígneo. Al norte quedaba la de Tláloc, el dios de la lluvia. Es el símbolo de la dualidad, de los opuestos complementarios. Esta misma dualidad se había hecho presente en el milagro fundacional. El tenochtli o nopal sobre la piedra era un símbolo acuático, mientras que el águila era el símbolo solar.

PREGUNTA: Pero ¿no se supone que la referencia mítica más conocida es aquella donde aparecen la hermana de Huitzilopochtli, Malinalxóchlitl y su hijo Copil?

RESPUESTA: La historia de Huitzilopochtli, su hermana Malinalxochitl y su sobrino Copil es otra expresión de la idea de la polaridad. Huitzilopochtli lucha contra su hermana, la mujer relacionada con las artes mágicas, y la abandona durante la migración. Posteriormente los mexicas matan a Copil en un enfrentamiento. Del corazón de Copil nacerá el nopal del milagro.

PREGUNTA: Entonces ¿Cómo podríamos entender este relato mítico, acorde con lo que nos acaba de explicar, lo de Copil y Malinalxóchil, dentro de la representación simbólica de la pirámide del Templo Mayor?    

RESPUESTA: En esta historia se descubre el conflicto de dos fuerzas contrarias. Malinalxóchitl es una maga, vinculada al mundo subterráneo, oscuro y frío; es la hermana poderosa que, al ser vencida por su oponente, le abre el camino a la gloria. Su hijo es el fundamento pétreo, frío, acuático de lo que sería México-Tenochtitlan.

PREGUNTA: Es decir que, tanto Copil como su madre son las formas atávicas de la naturaleza que constituyen la materia de la fundación. El agua y el nopal que nacen debajo de la tierra.

RESPUESTA: Son, aunque vencidos, elementos de la fundación. Además del significado de estos personajes, la oposición también se expresa en los fundadores de México-Tenochtitlan. Son hombres-dioses, líderes de grupos en migración. Uno de ellos es Ténoch, que identificamos con los seres de la lluvia. El otro, Cuauhtlequetzqui, está vinculado con el Sol y, por tanto, con el dios Huitzilopochtli o Mexi. Cuauhtlequetzqui significa literalmente “el que enhiesta el fuego aquilíneo”. En un pasaje relativo al milagro que nos relata el historiador Chimalpain Cuauhtlehuanitzin, el líder Cuauhtlequetzqui dice a su compañero: “Oh, Ténoch, partirás enseguida e irás a observar, entre las juncias, entre las cañas en donde fuiste a enterrar el corazón del adivino Copil. Allí se yergue un águila que está agarrando con sus patas a la serpiente, que está picoteando a la serpiente que devora. Y aquel tenuchtli serás, ciertamente, tú, tú Ténoch; y el águila que veas, ciertamente yo.”

PREGUNTA: Entonces, por decirlo así, hay una especie de arreglo para la fundación de la ciudad.

RESPUESTA: Sí, y en el arreglo están los representantes de los dos dioses, Tláloc y Huitzilopochtli o Mexi, pese a que las fuentes insistirán después en que es uno solo el dios patrono de la ciudad. Y con los dioses encontramos los opuestos complementarios: por una parte, el femenino –aunque Tláloc sea dios varón– que es acuático, del mundo inferior, de muerte, el fundamento; y por otra, el masculino, ígneo, superior, de vida, celeste. Debo aclarar que para los mesoamericanos la lluvia procedía del inframundo, pues estaba en la gran bodega del interior del Monte Sagrado; y que para ellos el agua era elemento de muerte, y en consecuencia generador de la vida en una concepción cíclica de las fuerzas cósmicas.

PREGUNTA: Antes de hacer otra pregunta sobre esto, quiera que regresáramos de nuevo a la relación entre Huitzilopochtli y Malinalxóchitl, ¿no le parece que en el fondo de estos dos personajes el mito nos está refiriendo el paso, o el enfrentamiento entre dos cultos, un culto solar y un culto lunar, es decir entre la potestad de la hermana mayor y el hermano menor? ¿Cómo se refleja realmente en nuestras culturas esta teoría, pues otra versión del mito se dice que después de salir de Chicomóztoc, una vez que comenzaron los mexicas su peregrinación hacia la tierra prometida, resulta que Malinalxóchitl es separada del grupo, debido a sus prácticas de “brujería” o cierto culto maléfico en contra de Huitzilopochtli?

RESPUESTA: Se ha hablado mucho de una cosmovisión primitiva en la cual la figura femenina era primordial, superada posteriormente por una masculina. Creo que esta hipótesis no está suficientemente fundamentada.

PREGUNTA: ¿Acaso se trata más bien de un aspecto que intenta legitimar una determinada visión?

RESPUESTA: Existe la idea central del conflicto de dos fuerzas, de una lucha en que la inicialmente superior se ve superada por la otra para dar origen al ciclo. La primera puede estar representada por la mujer: por la madre, por la hermana; pero también por otros personajes, como son el hermano mayor sobre el menor, el libidinoso sobre el casto, el rico sobre el pobre pero valeroso. En la aventura mítica se invierte la supremacía para que triunfen el hermano menor o el casto o el pobre.

PREGUNTA: Digamos que aquí aparecen más claros los planos terrenales en los que se ubica el hombre, los planos de la condición humana.

RESPUESTA: Estos planos se repiten. Por ejemplo, en otro mito, los personajes son Huitzilopochtli, su hermana Coyolxauhqui y sus cuatrocientos hermanos. Coyolxauhqui y los cuatrocientos son en este caso los poderosos iniciales. La hermana es la Luna, y los hermanos las estrellas. Huitzilopochtli es el hijo menor, solar, que debe luchar contra sus hermanos nocturnos. Los vence y con ello da origen al ciclo luz-oscuridad, día-noche.

PREGUNTA: En ese sentido el mito también nos aproxima a una sabiduría de buscar en los contrarios, en esos mundos contrarios un equilibrio.

RESPUESTA: No precisamente un equilibrio, puesto que el absoluto equilibrio llevaría a la parálisis del mundo. Es necesario el juego de desequilibrios, la fuerza débil que crece, se impone, después de dominar se desgasta, se debilita, es vencida, y así sucesivamente. La guerra es la imagen de la existencia cíclica del cosmos. Así se suceden día y noche, temporada de lluvias y temporada de secas, etcétera.

PREGUNTA: Digamos que esto es el ritmo que les va a dar la visión cíclica del tiempo.

RESPUESTA: Sólo así se crea el ciclo, como imagen de la guerra o atl-tlachinolli (“el agua y la hoguera”).

PREGUNTA: Entonces, a partir de esta idea, podríamos pensar nuestra historia como esos vaivenes entre la superioridad de la serpiente sobre el águila y viceversa.

RESPUESTA: Exactamente. No hay un triunfo definitivo de las fuerzas ígneas. Existen mitos “contrarios”. Hoy en día podemos encontrar este juego. Por ejemplo, entre los actuales huicholes, se cuenta que las fuerzas acuáticas de la Diosa Madre se habían apoderado del mundo en forma de serpientes. Entonces vino el águila a derrotar a las serpientes. Las devoró, pero no a todas.

PREGUNTA: ¿Por qué no acabó de una vez con todas las serpientes?

RESPUESTA: Porque se destruiría el mundo. Tiene que quedar algo de agua como elemento de muerte, como productora de vida. Debe continuar la circularidad de los elementos. Las fuerzas femeninas son oscuras, húmedas, podridas, como el vientre de la mujer preñada. El semen es un elemento celeste, blanco, luminoso, semejante a una bola de plumón. Se pudre en el vientre femenino. La preñez, como putrefacción, culmina en el “momento de la muerte”, que así es llamado el nacimiento del niño.

PREGUNTA: Es el nuevo que ser celeste que va a elevarse sobre su condición terrestre. Como muchos mitos de otras partes del mundo han referido tenemos aquí nuestra representación mítica de la lucha entre el principio luminoso que genera la vida y su contrario que es la muerte, de modo que nacer y morir son exactamente lo mismo.

RESPUESTA: Un mito contrario, que también narran hoy los huicholes, es el del robo del fuego de los dioses por el Prometeo mexicano, un marsupial, la zarigüeya, conocido en México como tlacuache. Cuando el tlacuache trae el fuego a la superficie de la tierra las llamas se reproducen, incendiándolo todo. Entonces la Diosa Madre apaga el fuego con su propia leche; pero queda algo de fuego para que el mundo continúe.

PREGUNTA: Así que gracias a este pequeño personaje que roba el fuego se salva la luz de la vida. Háblenos de este singular marsupial que conocemos en México como el Tlacuache, ¿por qué resulta ser tan importante entre nosotros?

RESPUESTA: El tlacuache es un personaje excepcional: es un viejo borracho, apestoso, sabio, ladrón, tramposo, burlón.

 PREGUNTA: Tengo entendido que este astuto animal aparece en varios mitos, como es el caso del mito huichol que nos refiere el momento en que después de robar el fuego y haber sido despedazado, resucita y por fortuna le queda una chispa de ese fuego guardada en su vientre o marsupio o en su cola.

RESPUESTA: En realidad no es un mito exclusivamente huichol. Los huicholes son actualmente unos excelentes narradores de mitos; pero el mito lo relatan otros muchos pueblos descendientes de los mesoamericanos. El tlacuache es un personaje famosísimo en todo el país. Como animal, como ser natural, el tlacuache vive bajo tierra; trepa a los árboles; habita en las proximidades del hombre e invade sus dominios –sobre todo los gallineros–; roba todo lo que puede, incluyendo el maíz y el aguamiel con que se fabrica la bebida alcohólica llamada pulque; es tan astuto que se finge muerto y con su actitud confunde a quien lo persigue. El personaje mítico va al mundo de los muertos, engaña al guardián y roba el fuego, escondiéndolo en el marsupio –cuando el personaje es hembra– o envolviéndolo con su larga cola prensil, que desde entonces queda pelada. Como castigo por su robo es descuartizado y distribuido por los cuatro rumbos de la tierra; pero se recompone. Esta división y proyección a los cuatro rumbos corresponde a otro de los esquemas cósmicos mesoamericanos.

PREGUNTA: ¿Se refiere a los despedazamientos de la Coyolxahuiqui y de Quetzalcóatl?

RESPUESTA: Coyolxauhqui y Quetzalcóatl también son descuartizados, pero no son los únicos personajes que sufren este castigo. Es una acción que se repite esquemáticamente para simbolizar varios procesos cósmicos. La proyección hacia los cuatro rumbos explica el surgimiento de los cuatro pilares que sostienen el cielo, la formación de los cuatro depósitos de donde salen las aguas de la lluvia, de las cuatro bodegas donde se guarda el maíz, la llegada del tiempo, etcétera.

PREGUNTA: En tal sentido, ¿puede decirse que la vitalidad del mundo y el conocimiento están en los cuatro rumbos?      

RESPUESTA: La vitalidad está originalmente en el centro, pero para activarse necesita su proyección hacia los cuatro rumbos. Como ejemplo puede citarse el nacimiento del tiempo. El curso del tiempo se da en la parte central del mundo. Los dioses habitan las nueve capas superiores de los cielos y los nueve pisos del inframundo en un eterno presente. Sin embargo, los dioses viajan por los cuatro postes para visitar el mundo, donde se da el transcurso temporal, presente, pasado y futuro. El tiempo es sustancia divina. El viaje de los dioses al mundo no es arbitrario. Los dioses deben sujetarse a un orden calendárico. Su aparición se va dando con su turno de flujo por los cuatro árboles. Un día –un dios-día– sale por el árbol del este; el día siguiente, por el del norte; el siguiente, por el oeste; luego, otro por el sur, el quinto viene por el este, y así sucesivamente. Lo mismo pasa con los años, con los siglos. Todo el tiempo se da en movimiento levógiro. Los dioses llegan sobre la superficie de la tierra y trastornan a las criaturas, cada uno imprimiendo a su paso sus características propias.

PREGUNTA.: Entonces ¿la función del sol no es la del segundero que va marcando el paso del tiempo y que va recorriendo cotidianamente los cuatro puntos cardinales?   

RESPUESTA: Más que eso. El Sol distribuye el tiempo con sus rayos, arroja el tiempo sobre el mundo. El Sol irradia; cotidianamente arroja los tonalli (“irradiaciones”) o destinos sobre las criaturas.

PREGUNTA.: Y esto seguramente repercute en la naturaleza del destino y, por ende, en todos los seres que van a nacer.

RESPUESTA: El tiempo se agrupaba en períodos de 13 días, numerados del 1 al 13. Los niños tenían que pasar por un rito semejante al bautismo dentro de la trecena en que habían nacido. Así se determinaba su destino.

PREGUNTA.: Según Fray Bernardino de Sahagún, también se dice que el día nacimiento marcado por el calendario ritual o el día que correspondía a la trecena, ya se tratará de un animal o de un objeto, determinaba la condición de quien acaba de nacer.

RESPUESTA: En efecto, algunos de los días tenían nombre de animal; otros de elementos, otros de vegetales, etcétera. Se elegía el día que pareciera más favorable dentro de la trecena; se recogían entonces los rayos solares en el reflejo de una vasija llena de agua, y se vertía el líquido sobre la cabeza del niño para dejar en su interior una irradiación (tonalli) que funcionaba como una de sus almas, como su nombre y como su destino. La criatura quedaba así con las características del dios del día.

PREGUNTA: Pero esta concepción ¿no hay un determinismo de la vida?

RESPUESTA: No precisamente un determinismo. No había fatalidad. Era una influencia. El hombre debía proteger su destino para aprovechar en lo posible sus elementos favorables y para evitar el daño de sus características dañinas. Por ejemplo, si una niña recibía el tonalli 1-flor, era muy sensible. Si era virtuosa aprovechaba dicha condición para convertirse en una delicada artista. Si no lo era, seguía siendo sensible, pero podía terminar como prostituta. El destino era modelado por el individuo.

PREGUNTA: Aquí no sucede como entre los antiguos griegos el conflicto permanente de sentirse juguete del destino, lo cual hace del simple existir un suceso trágico de la vida.

RESPUESTA: En Mesoamérica existía la idea de que el Dios Único (fusión de todos los dioses en una persona) jugaba con el destino de los hombres como si fueran canicas en la palma de su mano. Pero puede afirmarse también que los hombres creían tener un trato demasiado directo con los dioses. Eran relaciones muy familiares, de halagos, promesas, negociaciones, expectativas de reciprocidad.

PREGUNTA: De algún modo el conocimiento de la medicina tradicional parte de este principio, del hecho de reconocer que en la estructura psíquica y espiritual del hombre había un deterioro de las relaciones con los dioses.

RESPUESTA: Sí. En la búsqueda de la salud se pretendía estar en condiciones favorables con los dioses. Cuando alguien enfermaba lo primero que buscaba el médico era la causa del mal. La etiología podía encontrarse en una ofensa voluntaria o involuntaria a algún dios. Se trataba de remediar la situación. Se pedía perdón: se hacían ofrendas para aplacar al ofendido. Esto era, al menos, una parte de la acción terapéutica, aunque la medicina era mucho más compleja que esto.

PREGUNTA: Aunque usualmente se piensa que México es una nación católica, la medicina tradicional sigue viva y es una forma de creencia arraigada en cultos indígenas ¿hasta qué punto esto es cierto, los dioses prehispánicos se han ido o definitivamente los rostros de los santos católicos son una máscara? Pues, a veces, pareciera ser que hay un auge de éstas y otras formas de creencias y ritos prehispánicos o, más bien formas sincréticas que todavía vemos en pleno centro de la Ciudad, por ejemplo, entre los concheros, los curanderos, los hueseros ¿Qué sucede, por qué no hay una claridad en cuanto a los dioses que se están adorando?

RESPUESTA: En México no es fácil generalizar. Somos un mosaico cultural. El espectro religioso es sumamente amplio y heterogéneo. Las religiones, sobre todo las indígenas, tienen muchos elementos de las antiguas concepciones mesoamericanas; tienen también elementos del cristianismo; pero son además religiones coloniales, construidas bajo un sistema de dominación. Son religiones complejas, pertenecientes a tradiciones muy diferentes, las indígenas y las cristianas, que los creyentes han tratado de hacer compatibles. Otra razón por la que no es posible generalizar es la heterogeneidad inicial de la población indígena. Debe tomarse en cuenta que el actual territorio mexicano no estuvo en ocupado el pasado sólo por los agricultores que hoy llamamos mesoamericanos. La mitad septentrional estuvo poblada por pueblos de otras tradiciones culturales, entre ellas la de los recolectores-cazadores, los aridamericanos.

PREGUNTA: Los Tarahumaras o los Mayos, por ejemplo.

RESPUESTA: No. Los antepasados de los actuales tarahumaras y mayos eran oasisamericanos, no aridamericanos. No eran recolectores-cazadores, sino agricultores. Estaban ligados con los pueblos del territorio que actualmente es el suroeste de los Estados Unidos. Eran sedentarios que cultivaban el maíz, muy próximos y con fuertes influencias de los mesoamericanos. Habitaban territorios en que el cultivo era más difícil, donde las lluvias no eran favorables. En cambio los aridamericanos se dedicaban a la recolección y a la caza, frecuentemente al cultivo de las plantas; pero su territorio árido no les permitía ser sedentarios. Aparte de estas diferencias, anteriores a la conquista española, durante la colonia la evangelización fue muy desigual y provocó mayores diferencias. La influencia de los frailes llegó muy diluida en las regiones menos accesibles. En otros lugares, en cambio la presencia cristiana fue tan marcada que se pretendió realizar allí las utopías europeas de la época. Hoy, casi en su totalidad, los indígenas se consideran cristianos, son sinceramente cristianos; pero habría que ver si otros cristianos que se estiman ortodoxos aceptan que las creencias de los indígenas son cristianas. Con frecuencia la pertenencia a una religión es cuestión de marbete.

PREGUNTA: Sin embargo, a veces en la ciudad de México pareciera ser que aún somos politeístas. De pronto vemos que, si no fuera por las múltiples invocaciones que hacemos a Tláloc para que llueva, esto sería un infierno de polución. O lo que hacen curanderos de los mercados como el de Sonora, donde se vende para cada mal del alma las yerbas, los fetiches hechos de semillas, como el ojo de venado contra el mal de ojo, los colibríes envueltos en una bolsa de terciopelo para el mal de amores, y toda esa pluralidad de objetos raros, velas de colores, inciensos, así como una extensa variedad de imágenes de vírgenes, santos y mártires, etcétera.

RESPUESTA: También en el aspecto religioso somos un mosaico cultural. Existen en muchos ámbitos del territorio nacional, principalmente rural pero también urbano, creencias marcadamente politeístas. No considero que esto sea negativo. El politeísmo es una forma muy racional de enfrentarse a la realidad. Deriva de la complejidad misma del mundo, que se cree originado y ocupado por lo divino. El mundo es diverso porque la divinidad es diversa. El politeísmo no tiene la necesidad de inventar contra dioses para dar cuenta de las contradicciones mundanas, entre otras cosas para explicar el mal. No hay para qué crear una figura como la del Demonio. Nunca he entendido por qué algunos teóricos consideran que las religiones monoteístas son superiores a las politeístas. En cuanto a las razones de la persistencia del politeísmo en México hay que señalar entre ellas que la evangelización no fue completa.

PREGUNTA: De manera que esta otra conquista fue más brutal, porque a toda costa trato de borrar la memoria religiosa de los indígenas.              

RESPUESTA: Creo que la división entre conquista material y conquista espiritual es un concepto desgastado. No hubo más que una conquista. Para llevar a cabo los fines económicos que impulsaron la conquista fueron necesarios el respaldo y la justificación de la evangelización. El intento evangelizador fue vigoroso, incluso brutal; pero incompleto. Se pensó que la religión indígena era una estructura creada y necesariamente dirigida desde una jerarquía. Los conquistadores combatieron la religión indígena destruyendo el culto público, las imágenes de los dioses, persiguiendo a los sacerdotes, derrocando las pirámides; pero quedó la parte más importante de la religión: la que crea el hombre común y corriente en su vida cotidiana, la ligada a la vida familiar y comunal, al campo de cultivo, a la petición de las lluvias, al tratamiento del cuerpo.

PREGUNTA: En este sentido, ¿No cree que la virgen de Guadalupe fue la mejor forma de intermediación entre la religión antigua y la cristiana?   

RESPUESTA: El fenómeno religioso de la Virgen de Guadalupe es sumamente complejo. Como símbolo, la Virgen de Guadalupe es un solo significante recargado de múltiples significados disímbolos. Es como una imagen tachonada de espejos en la cual cada quien ve su rostro. Una de las percepciones más importantes es la que se tiene de ella como Diosa Madre Terrestre. En un principio existió la pretensión de sustituir el culto de la diosa Tonantzin por el de la Virgen María, y la aparición se situó en el sitio del culto de la diosa. Muchos indígenas siguieron viendo en ella a la Diosa Madre Terrestre; muchos continúan haciéndolo. Para un cristiano heterodoxo el culto guadalupano será, sin duda, muy diferente. Dicho fiel mirará otros espejos de la imagen. En medio de ambas clases de fieles se extiende una inmensa gama de concepciones.

PREGUNTA: Pero en el caso de los mitos fundacionales de esta ciudad, ¿Cómo inciden en la actualidad, podríamos decir que se ha hecho una religión cada vez más sincrética o simple y sencillamente se están buscando nuevas formas de comprender la realidad?

RESPUESTA: No encuentro relación más allá de la persistencia de la imagen simbólica, de la visión milagrosa que se convirtió en escudo nacional. El milagro fundacional tuvo un profundo significado en la antigüedad indígena. Con él los pueblos mesoamericanos justificaban la posesión de la tierra como don de sus dioses patronos. El milagro era un título sagrado de propiedad, era la base para defender los derechos propios frente a las pretensiones de los vecinos. Esto quedó atrás, en el pasado remoto. Con la colonia los milagros fundacionales cambiaron de símbolos. En algunos casos intervinieron los santos, pero con otro carácter, con hechos portentosos de otro cuño, como otro tipo de justificación.

PREGUNTA: Pero ¿Qué sucede con el milagro fundacional, se diluye durante la dominación española o más bien se prolonga?

RESPUESTA: Son otros milagros, otras las justificaciones de la posesión de la tierra.

PREGUNTA: ¿En qué sentido son otros y en qué sentido se va a justificar la relación de los indígenas con la tierra?

RESPUESTA: Se introducen milagros de corte europeo: por ejemplo, la imagen que se hace tan pesada que marca con su inmovilización el lugar en que debe rendírsele culto al santo. En algunos casos hay paralelismos de los milagros típicamente cristianos con la antigua milagrería indígena; pero hay que pensar que durante la colonia la legitimidad se alcanzaba frente a la autoridad española. El indígena tenía que entrar en el juego simbólico legitimador que los españoles habían establecido. Por ello puede afirmarse que del milagro fundacional de los mesoamericanos sólo conservamos una imagen simbólica solitaria en el escudo nacional.

PREGUNTA: ¿Pero entonces que fue lo que en realidad heredamos como pueblo?

RESPUESTA: De la milenaria y compleja herencia indígena heredamos simbólicamente el nombre de un solo pueblo: el mexica. Es la absurda simplificación de la ideología oficial.

PREGUNTA: En el caso del mito fundacional del águila y la serpiente, que de algún modo se proyectó a toda la nación, encontramos que ahora es el símbolo que nos da identidad.

RESPUESTA: Sin duda el escudo nacional, como cualquier símbolo patrio, es un elemento de cohesión identitaria; pero ya no tiene liga con el mito fundacional, aunque sepamos que ese fue su origen. ¿Quién entiende hoy que en el milagro hubo una expresión de la oposición del fuego y el agua? Ni siquiera se identifica ya el águila con el Sol. Al significado inicial han seguido interpretaciones de naturaleza muy diferente. No han faltado, por ejemplo, quienes supongan que el águila representa el bien y la serpiente el mal, con un maniqueísmo totalmente ajeno al pasado indígena.

PREGUNTA: Hay otro mito que tal vez podría relacionarse con la fundación de México, y que tiene que ver con la montaña de Coatepetl, que se encuentra al norte de la ciudad y que posiblemente fue el lugar donde los Mexicas arribaron por primera vez para establecerse. Porque se dice que fue en Coatepetl donde vivía la diosa Coatlicue, la madre de Huitzilopochtli.

RESPUESTA: Creo que debemos distinguir entre el Coatépec del mito astral, donde Coatlicue parió a Huitzilopochtli, y las proyecciones del monte en cualquier punto del mundo de las criaturas.

PREGUNTA: Digamos que no son lugares físicos sino míticos.

RESPUESTA: Efectivamente. Estas proyecciones del anecúmene en el ecúmeno son una parte importante de la cosmovisión mesoamericana. La Tullan del otro mundo se hizo realidad en este mundo en la Tula situada al norte de la ciudad de México, en Chichén Itzá, en Cholula, en la propia México-Tenochtitlan, etcétera. El Coatépec del mundo de los dioses fue el modelo para la construcción del fracasado asentamiento de los mexicas, y posteriormente fue el modelo para la construcción del Templo Mayor de México-Tenochtitlan. Por ello la pirámide doble llevó el nombre de Coatépec.

PREGUNTA: Entonces, ¿hasta qué punto la aparición de la virgen de Guadalupe en un monte está relacionada con la Madre Coatlicue y su Coatepetl?

RESPUESTA: Es posible que sea un elemento de la tradición indígena, pero no es fácil imaginar cómo se produjo esta tradición mariana. Hay elementos que son engañosos; hay paralelismos; hay coincidencias y reinterpretaciones. Por ejemplo, el color moreno de la Virgen, que todo mundo considera indígena, puede tener otro origen, español, y en México ha servido, sin embargo, como una de las características que identifican la figura de la Virgen con la población indígena.

PREGUNTA: Pero si nos pudiéramos atener a las argumentaciones que se han venido dando de la virgen de Guadalupe e hiciéramos una genealogía de la imagen encontraríamos en primer lugar que el nombre mismo es de origen árabe.

RESPUESTA: No sólo el nombre es de origen árabe. La imagen de la Guadalupe de Extremadura es morena, y tienen una muy precisa herencia hispánica los rayos y la media luna que ostenta la patrona de México.

PREGUNTA: Pero más allá de esta muy posible identificación ¿Qué pasa con ese nuevo milagro?

RESPUESTA: El milagro guadalupano tiene también rasgos europeos. Comparemos a San Diego de Alcalá con el próximamente santo Juan Diego mexicano. El español desplegó el hábito donde ocultaba el pan y éste se convirtió en rosas. El mexicano desplegó su tilma donde llevaba las rosas y apareció la imagen.

PREGUNTA: Más allá de la implantación europea, en el caso del mito de Juan Diego y la Virgen de Guadalupe cumplen la función de crear una nueva institución religiosa, ¿no considera que, finalmente, el gran milagro en la Nueva España es que este mito tenga un arraigo tan importante hasta nuestros días?

RESPUESTA: La imagen guadalupana es una figura cohesiva muy importante, pese a la diversidad de sus significados. Su origen como Diosa Madre y su color moreno han tenido una confluencia exitosa.

PREGUNTA: Entonces, para la mentalidad del mexicano es mejor no pelearse con la forma, pues lo que importa es el contenido del culto.

RESPUESTA: Sin embargo, la devoción popular puede ser golpeada por los nuevos intereses de la jerarquía eclesiástica. Los actuales movimientos hacia la canonización de Juan Diego, cuya devoción popular es inexistente, han provocado situaciones difíciles para los fieles. Se han dado a conocer pruebas científicas que contradicen la tradición aparicionista en los medios masivos de comunicación; se han puesto en evidencia falsificaciones burdas que supuestamente comprobarían la historicidad de Juan Diego; se han creado serios conflictos entre los fieles y algunos miembros de la jerarquía eclesiástica, y se han producido conflictos en la jerarquía misma, ya por el recrudecimiento de las discrepancias entre aparicionistas y antiaparicionistas o por las rivalidades por el control de los beneficios del nuevo santo. La imagen respondía adecuadamente –sin necesidad de santo adjunto– a la devoción popular como juego de espejos.

PREGUNTA: De manera que hay tantas vírgenes de Guadalupe como gentes que se van a asomar a la imagen. Y lo mismo sucede con la imagen misma que tenemos de México, hay tantos Méxicos como mexicanos.

RESPUESTA: Y la cohesión deriva de la ilusión de que cada uno cree que los demás comparten su idea. La fragmentación tiene rostro de unidad.

PREGUNTA: De hecho, actualmente vemos que cada vez más está fragmentada la unidad y la necesidad de esos referentes simbólicos.

RESPUESTA: El marbete es el mismo; pero al marbete no corresponde la similitud de las creencias.

PREGUNTA: Si hiciéramos un balance de cuál es la nueva religiosidad o el referente simbólico que están teniendo los pobladores de la ciudad de México ¿Qué imagen o símbolos de unidad nacional encontraríamos?                   

RESPUESTA: No lo sé con exactitud. Prefiero sostenerme en la idea de que en la Ciudad más grande del mundo existe un gran mosaico cultural.

Un comentario en “LA FUNDACIÓN DE MÉXICO-TENOCHTILAN

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