España y México comparten tres momentos históricos

Luis Navarro García 

Madrid España, 9 de agosto del 2021

Se antoja extraño que navegantes, descubridores, y/o conquistadores en este último caso de la talla de Francisco Pizarro, Francisco de Orellana, Vasco Núñez de Balboa o a quién nos referiremos en este artículo, Hernán Cortés, hayan nacido en Extremadura, provincia española sin acceso al mar, bien interior, que podría definirse como la sartén de España, secano puro y duro.

Precisamente cuna de la producción de olivas, bellotas y los mejores embutidos ibéricos, procedentes (de las más grandes dehesas y latifundios) de la que es sin duda la mejor raza de cerdo, la ibérica.

España y México comparten tres momentos históricos susceptibles de haber sido utilizados en sus respectivos relatos: conquista, época virreinal e independencia.

Este próximo 13 de agosto se conmemoran en México 500 años desde la caída del imperio mexica o azteca.

En estos dos últimos años, desde las editoriales en México, ha habido y hay un impulso enorme por volver a cuestionar la credibilidad de esos narradores con poder que vieron equivocadamente 1521 como la victoria de los españoles sobre los indígenas mesoamericanos.

La historia de esa batalla, dicen, fue mucho más compleja.

Tenochtitlan era un espectáculo maravilloso de lagos y canales; una de las mayores ciudades del mundo, casi mística, que Hernán Cortés y sus hombres pronunciaban como podían.

Así la describió el propio Hernán Cortés tras su primer encuentro con Moctezuma II, ocurrido el 8 de noviembre de 1519 y que fue un evento que marcaría para siempre la conquista del territorio del actual México.

Litografía 1892 – 8 nov 1519 Entrega Cortés en México

Con admiración, describió sus calles que, según palabras de Hernán Cortés, la mitad eran de tierra y la mitad de agua, por lo que debían transitarse en canoas.

Grabado S XVI Españoles llevando botes desde Tlaxcala a Tenochtitlán con ayuda aliados indígenas

Los puentes que atravesaban estas vías, eran tan sólidos y anchos que podían pasar 10 caballos juntos a la par.

Tenochtitlán – Artista mexicano Tomás J Filsinger

Tan impresionante le resultó al conquistador Tenochtitlan y la confederación mexica que en una de sus cartas llegó a sugerir a Carlos V que se erigiese emperador de aquellas tierras lo cual -decía- no sería menos meritorio que la Corona Imperial de Alemania.

Conocemos el área urbana de México-Tenochtitlan gracias a estudios con representaciones cartográficas que se han venido haciendo desde la época virreinal.

El sacerdote y cartógrafo mexicano José Antonio de Álzate en 1789 elaboró además de informes sobre testimonios, planos de la ciudad de siglos XVI y XVII.

Hay más planos y mapas también “bastante ajustados a la realidad”, como el famoso de Núremberg, editado en dicha ciudad alemana en 1524. Decir que es hoy por hoy el mapa más antiguo que existe de Tenochtitlan.

Mapa Nuremberg 1524 Tenochtitlán

Complejos arqueológicos como el impresionante Templo Mayor, el edificio del juego de la pelota y el tzompantli o altar de los cráneos, son muestras más que representativas del mayor y más grande imperio mesoamericano de todos los tiempos.

Además de los relatos de Cortés y del conquistador Bernal Díaz, los códices indígenas también nos permiten hacernos una idea de cómo era aquella imponente civilización.

En la obra de Bernal Díaz del Castillo, se puede ver la impresión que causó a los conquistadores el panorama que contemplaron al asomarse al Valle de México.

El escritor mexicano dice que Cortés, convencido de la grandeza de México, se empeñó en establecer ahí la capital de los dominios que había logrado y los que lograría después, aún y a pesar de los inconvenientes que presentaba el suelo cenagoso sobre el cual se hallaba.

Recordemos que Tenochtitlan y Tlatelolco se asentaron en islotes y se extendieron ganando espacio sobre la laguna y ciénagas que ocupaban el ‘Valle de México’.

El enigmático hallazgo de figuras prehispánicas en el dique virreinal del Albarradón de Ecatepec en México alzadas sobre aquel enorme lago deslumbraron a los recién llegados.

“La Venecia del Nuevo Mundo” como así la dio en llamar Cortés, era una ciudad lacustre, ubicada en medio de un lago, aislada, a la que solo se podía acceder por tres calzadas y que debía ser abastecida desde el exterior.

Boceto Tenochtitlán

Se ubicaba en medio de más de 2.000 km2 de lagos en los que había muchos peces, mientras que en las tierras circundantes se practicaba una agricultura muy productiva que permitía un buen sostenimiento y crecimiento de la población.

El escritor y colonizador español Fernández de Oviedo la describió como una ciudad palaciega.

Era una urbe refinada, con baños públicos, con una treintena de palacios que albergaban finas cerámicas y elegantes enseres textiles.

El palacio de Moctezuma, incluyendo sus jardines, ocupaba dos hectáreas y media, es decir, era más extenso que muchos alcázares españoles.

Los propios mexicas se sentían bien orgullosos de su capital, así como de los grandes logros que habían conseguido, muy especialmente en las décadas inmediatamente anteriores de la llegada de los hispanos.

El ejemplo más claro del alto grado de desarrollo de su ingeniería es sin duda el acueducto que abastecía la ciudad, el de Chapultepec, que portaba el agua dulce desde un extremo del lago de Texcoco. Es ahí donde se aprecian sin lugar a dudas los grandes conocimientos en ingeniería hidráulica que llegó a alcanzar esta civilización.

Antes del asedio definitivo, se dice que Cortés llegó a cortar uno de los acueductos, lo que implicó un sufrimiento extremo para los asediados, privados de agua dulce.

Quizás fueron precisamente el recurso hídrico y el alimentario el talón de Aquiles de Tenochtitlan, la vulnerabilidad de la mayor y más impresionante civilización mesoamericana, dependiente en todo momento del agua dulce abastecida por los acueductos y de los alimentos siempre llegados del exterior.

La fundación de Tenochtitlan fue llevada a cabo por los mexicas un 20 de junio de 1325. Llegaron así pues al valle de México, donde encontraron un nopal y a un águila sobre el mismo devorando a una serpiente, y siguiendo las instrucciones que les había dado Huitzilopochtli (el dios de la guerra), la mayor deidad en aquel tiempo, así eligieron y se erigió la capital en medio del lago Texcoco, rodeado de ciénagas y juncos.

Huitzilopochtli dios de la guerra Azteca

El 21 de abril de 1519, Jueves Santo, desembarcó Hernán Cortés un poco más al norte del hoy puerto de Veracruz. Traía consigo, diez naves, cien marineros, quinientos ocho soldados, dieciséis caballos, treinta y dos ballestas y diez cañones.

Prácticamente dos años después de aquel desembarco, un 13 de agosto de 1521 un grupo de españoles comandados por Hernán Cortés y acompañados por una coalición o alianza tlaxcalteca de pueblos indígenas conquistaba la todo poderosa ciudad de Tenochtitlan poniendo fin al gran imperio azteca.

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