En el Bicentenario de la Independencia


Por: Atilio Alberto Peralta Merino


A doscientos años de la consumación de la independencia nacional que celebraremos éste 27 de septiembre, me parece ampliamente recomendable la lectura del trabajo de historiografía de Francisco Bulnes dedicado a quiénes considera dos grandes calumniados: Hidalgo e Iturbide.


La movilización de huestes enteras realizando lo que Bulnes llama en concordancia con los manuales de guerra, “una estrategia africana” era la única acción posible de Hidalgo.


El propio Bulnes concede razón a la decisión militar de Hidalgo por sobre la contraria sostenida por Allende en su decisión de retirarse tras el aparente triunfo en el “Cerro de las Cruces” dado que, tras el hecho de que, precisamente Iturbide como parte integrante del ejército de Callejas había logrado detener el avance, una embestida insurgente la dejaría cercada en la capital novohispana, ante el movimiento de retorno que el propio Callejas como jefe del ejército y subordinado del Virrey Venegas había emprendido en esos momentos.


Considera incluso como propia de un escenario de guerra la tremenda situación que se viviera en Guanajuato en la “Alhóndiga de Granaditas”, y tilda de gazmoña a las aseveraciones criticas que sobre tal suceso expresaran tanto Lucas Alamán como José Marí Luis Mora.


Respecto de Iturbide deja en claro la “mala prensa” que acompañara a su figura desde el opúsculo que en su contra escribiera Vicente Rocafuerte, la cual reconoce como momento culminante la disolución del congreso de 1822, el mismo que se erige en un caso de especial significación en nuestra historia constitucional ya que se desenvolvería bajo el principio británico de la “supremacía del parlamento”, y no del norteamericano relativo a la “supremacía de la Constitución” que es el que ha imperado en nuestra historia política.


Congreso integrado, al decir de Bulnes, por borbonistas que detestaban a Iturbide aunque preconizaban las instituciones monárquicas y liberales que en su gran mayoría, simpatizaban con Iturbide pero detestaban la institución monárquica y, ello, en medio de la pretensión de reconquista del rey repuesto, Fernando Séptimo, quién había desconocido la independencia acordada en los “Tratados de Córdova”; generándose con ello una situación en la que, al decir de Bulnes, la disolución del congreso se erigía en una medida de supervivencia política.


Cien años atrás, con motivo del primer centenario de la consumación de la independencia, el gobierno de Álvaro Obregón encomendaría a José Vasconcelos, titular de la recientemente creada Secretaría de Educación Pública organizar los festejos concernientes a la efeméride en cuestión.

Al unísono de que el memorial oficial corriera a cargo de la coordinación de don Genaro García, se relazaron otros trabajos de enorme relevancia, destacándose de entre ellos “La Vida Literaria en México” de Luis G. Urbina.


Las conmemoraciones de hace un siglo han dejado huella perdurable, sin que, lamentablemente en los días que corren nuestra generación se encuentre en su capacidad de reflexión a la altura que la situación amerita: obras tan trascendentes como la de Luis G. Urbina o la propia de don Francisco Bulnes, se erigen hasta nuestros días en lectura obligada para comprender la vida cultural y pública de México lamentablemente dejadas de lado en la iniciativa editorial que actualmente ha emprendido el Fondo de Cultura Económico.

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