UNA REALIDAD PARALELA


EDUARDO PINEDA – ep293868@gmail.com

Pierre-Auguste Renoir –Francia, –“La Grenouillère”, –Impresionismo, –Año 1879, –Óleo sobre lienzo, –Museo Nacional de Estocolmo, Suecia. –Sitio donde Renoir y Monet pasaban tiempo juntos comparando sus obras–

El artista crea un mundo y lo habita, no le satisface el que le fue dado de nacimiento, tampoco el que le han construido desde la infancia. Se ha excluido de la realidad y se ha dedicado a forjar la suya. En esta nueva realidad él se recrea todo el tiempo, se reinventa cada vez y modifica a su antojo la atmosfera donde respira, por eso, el artista goza verdaderamente de libertad.
En una existencia creada, los límites son inexistentes, las barreras se difuminan, nacen y mueren leyes de una física plástica, flexible, maleable. Los hombres pueden vivir bajo el agua, las ropas no siempre penden hacia el suelo, tal vez no hay gravedad, el cielo cambia de colores tornasol, las muecas expresan sentimientos nunca antes vividos por ningún mortal. Los pensamientos escapan de las cabezas, los animales se humanizan, los colores se mezclan según el albedrío de su profeta que sostiene pincel y paleta en la zurda y un poder creador en la diestra.
El soplo divino del artista le permite hacer existir a sus especies de óleo, le da ánima a los colores y las formas, provee de independencia a su propia imaginación y deja fluir de la forma más profusa de que se tenga memoria la pasta en su paleta. La revuelve y la moldea como la arcilla que los dioses tenían entre las manos cuando hicieron al hombre, somos al fin y al cabo la obra de un artista en este lienzo que orbita al Sol.
¿Quién nos mira colgados en qué pared?
No hay respuesta…

Pierre-Auguste Renoir –Francia, –“Femme à l’ombrelle dans un jardín”, –Impresionismo, –Año 1873, –Óleo sobre lienzo, – Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, España.


El impresionismo es una forma de plasmar la imaginación del hombre bajo la presión de la realidad, por eso sus trazos son difusos, etéreos y sublimados ante la vista del espectador, mantienen proporciones acordes con la realidad física del artista, pero no son legibles los bordes de cada estructura plasmada. Es como un sueño etílico que se diferencia del surrealismo porque éste parece en cambio un sueño alucinógeno.
Es borroso, como si se mirara a través del humo, de la niebla. Tal vez éstas sean las formas del cielo, el paraíso prometido por las muchas religiones: borroso pero apacible, lejano pero táctil, deforme pero claro.
De entre los impresionistas, Pierre-Auguste Renoir puede enmarcarse como el más divino y celestial, porque sus difusos trazos resultan siempre apacibles, a diferencia de Van Gogh o de Monet, los Renoir son obras que evocan calma, paisajes, musas en praderas y flores, mesas con personas de fiesta comiendo, conversando, siempre en paz, los personajes y situaciones de Renoir son como escenas de la Utopía de Moro o de la Ciudad de Dios de Agustín de Hipona.
En Renoir encontramos también un sentido biográfico en cada uno de los relatos que narra con pinceles, vemos a las mujeres y hombres que significaron en su vida, los lugares y momentos que él disfrutaba. Nos cuenta sus pasiones, sus venturas, sus deseos de tranquilidad. El agua, plantas, personas disfrutando la vida y cielos en calma son sus temas más recurrentes.
Inspirado por el barroco europeo y por el arte gótico parisino, Renoir fue un amante de la belleza y la saturación de las formas, el lienzo se colmaba de colores y texturas táctiles, relieves de pasta de óleo, brillos y sombras que hacen parecer que la pintura salta de la tela, como si las flores fueran a despetalarse sobre los corredores del museo madrileño Thyssen-Bornemisza, o como si el agua de “La Grenouillère” se vertiera sobre los salones del Museo Nacional de Estocolmo.
Aunque los contornos no son definidos en la obra del prodigioso francés, los cuerpos humanos son tan claros para la mente del observador que se escucha desde el lienzo el zapateo de los bailarines, el chapuceo de los lagos y el viento entre el follaje. La obra de Renoir es una fotografía de la parte hermosa de la vida que parece haber sido humedecida por una lluvia tormentosa.

Pierre-Auguste Renoir –Francia, –“Bal du moulin de la Galette” –Impresionismo, –Año 1876, –Óleo sobre lienzo,  –Museo du Orsay, París

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