Política expansionista de Estados Unidos


Luis Navarro García
Madrid, España, 13 de mayo del 2022

La política expansionista de los Estados Unidos de América se hizo evidente con la compra de Luisiana en 1803 y la firma del Tratado Adams-Onís de 1819, con el que España cedía la Península de Florida.

Desde su independencia en 1821, México había tratado infructuosamente de consolidar un sistema de gobierno acorde a las necesidades del país. Para 1846 ya se habían experimentado las más diversas formas: monarquía constitucional, república federal, república central y dictadura, pero ninguna había logrado establecer un gobierno sólido capaz de superar la tremenda crisis económica que llevaba décadas azotando al país.

En la década de 1820 e inicios de la de 1830, México se había convertido en un hervidero de conspiraciones y de inestabilidad política. En estos años se hizo con el poder el general Antonio López de Santa Anna, quien se rebeló contra el gobierno electo en las urnas. En este golpe de Estado logró imponer su voluntad y colocar de presidente a Vicente Guerrero, manteniéndose él como jefe del ejército mexicano. A partir de 1823, fue imposible evitar el proceso de ocupación pacífica de miles de emigrantes, agricultores y aventureros, que se establecieron en la región de Twxas. La diputación provincial de Texas se negó a enviar a un diputado a la Legislatura Constituyente e informó que prefería ser un territorio independiente. Al reunirse el primer Congreso Federal algunos diputados como Carlos María Bustamante defendieron la postura texana. Para evitar más conflictos, el congreso concluyó que el Gobierno de Coahuila emitiría un decreto para la suspensión de la diputación provincial texana sin dejar de pertenecer al territorio nacional.

El gobierno estadounidense apoyó militar y económicamente a los separatistas para conseguir la independencia de Texas. Mientras que por otro lado, el General Antonio López de Santa Anna decidió partir hacia Texas, para defender Saltillo, habiendo recibido el apoyo que le acabaría permitiendo lograr importantes victorias sobre los separatistas texanos. Estados Unidos había intentado comprar en diversas ocasiones el territorio de Texas; sin embargo, sus ofertas habían sido rechazadas. Así pues, ante las constantes negativas del gobierno mexicano de escuchar sus peticiones y la imposibilidad de unirse al país vecino, los tejanos decidieron levantarse en armas. Texas empezó siendo una tierra desolada donde unos pocos inmigrantes estadounidenses la ocuparon, cercanos a los 30000. Temeroso de que el creciente número de población americana de la zona pudiera suponer un riesgo para México, su presidente, Antonio López de Santa Anna, decidió cerrar la frontera a nuevos movimientos migratorios. Además, impuso a los tejanos medidas restrictivas contrarias a la constitución mexicana.

En 1836, Santa Anna adoptó una nueva constitución eliminando todos los vestigios de los derechos de los estados. Como respuesta, Texas se declaró una república independiente. El presidente mexicano reunió rápidamente un ejército para acabar con la revuelta. Tuvo un éxito inicial, cuando atrapó una pequeña guarnición de Texas en el Álamo y la eliminó totalmente, pero fue derrotado y capturado por las fuerzas tejanas en abril de 1836 en la batalla de San Jacinto el 21 de abril de 1836. El general, apresado en el enfrentamiento, se vio obligado a firmar el Tratado de Velasco, que reconocía de facto la independencia del territorio.

Mientras tanto, la doctrina del Destino Manifiesto no hacía más que extenderse a nivel sociopolítico en EE.UU. Esta creencia defendía que los Estados Unidos era una nación destinada a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico. En 1845 EE.UU. se anexionó la República de Texas y México rompió las relaciones diplomáticas entre ellos. El 13 de mayo de 1846, el Congreso de los Estados Unidos aprobó por una amplísima mayoría declarar la guerra a México. La decisión llegaba tras las crecientes tensiones entre ambas naciones a cuenta de la anexión de Texas por parte de los Estados Unidos un año antes.

Aunque los Estados Unidos afirmaban que la frontera sur de Texas era el Río Grande (Río Bravo del Norte), la frontera siempre había sido el Río Nueces. Poco después de su elección en marzo de 1845, el presidente de los Estados Unidos, James K. Polk, trató de asegurar un acuerdo sobre la frontera del Río Grande y de comprar California, pero el gobierno mexicano se negó a discutir ninguno de los dos asuntos. Polk ordenó a las tropas estadounidenses que ocuparan el territorio en disputa entre los ríos. Cuando las patrullas mexicanas y estadounidenses se enfrentaron en abril de 1846, Polk afirmó que se había derramado sangre americana en suelo americano, un escándalo que, según él, requería una acción. Políticos menos belicosos, como el congresista de Illinois y futuro presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, presentaron resoluciones en las que pedían a Polk que señalara el lugar exacto de este ultraje.

Sin mayores dificultades, las tropas estadounidenses capturaron Nuevo México y la Alta California. El general Zachary Taylor condujo a las fuerzas estadounidenses a rápidas victorias en el noreste de México. En esa coyuntura, el gobierno del presidente mexicano Mariano Paredes y Arrillaga fue derrocado y Santa Anna volvió a la presidencia en septiembre de 1846. Inmediatamente, el presidente movilizó las fuerzas mexicanas y marchó hacia el norte, jactándose de que el número superior y el coraje de sus hombres significaba que firmaría un tratado de paz en Washington. Aunque Taylor y Santa Anna libraron una reñida batalla en Buena Vista, Santa Anna fue derrotado y obligado a retirarse el 23 de febrero de 1847. Ambos bandos sufrieron grandes pérdidas.

Un cambio en la estrategia de los Estados Unidos dejó a Taylor en el norte de México; se decidió que México sólo podía ser vencido capturando la Ciudad de México, vía Veracruz. El general Winfield Scott recibió el mando de la expedición. El 18 de abril de 1847, derrotó a Santa Anna en la batalla de Cerro Gordo. Aunque la resistencia mexicana siguió siendo formidable, Scott capturó la Ciudad de México el 14 de septiembre de 1847. Santa Anna se exilió voluntariamente mientras un nuevo gobierno mexicano negociaba la paz.

Entre mayo y julio de 1847, el Ex Convento Franciscano de Churubusco fue convertido en fortaleza militar (en 1580 los franciscanos cedían la orden a los dieguinos). Los monjes dieguinos abandonaron el lugar. Las tropas de los generales Manuel Rincón y Pedro María Anaya prepararon la defensa de Churubusco, enfrentaron a las tropas de Estados Unidos intentando detener su marcha sobre la ciudad de México. El Ejército invasor avanzaba desde Veracruz, siguiendo la ruta de Cortés. Su llegada era inminente. En los alrededores del ex convento se libró la batalla de Churubusco el 20 de agosto de 1847. A día de hoy dicho Ex Convento es el Museo Nacional de las Intervenciones.

El 2 de febrero de 1848, el Tratado de Guadalupe Hidalgo terminó formalmente con la hostilidad entre los dos países. En él, México renunció a Texas y cedió todo el territorio que ahora ocupan los estados estadounidenses de Utah, Nevada y California; la mayor parte de Nuevo México y Arizona; y partes de Oklahoma, Colorado y Wyoming. EE.UU. pagó a México 15 000 000 de dólares y asumió 3 250 000 de dólares en demandas de ciudadanos estadounidenses contra México. La firma estuvo a cargo de Nicolás Trist, comisionado de Paz de los Estados Unidos, y Bernardo Couto, Miguel Aristáin y Luis Cuevas, quienes no tuvieron opción para negociar: tomada la capital, la frontera norte y los puertos mexicanos, para muchos congresistas estadounidenses ni siquiera había razón para firmar la paz, pues conforme a ciertas normas de conquista el país estaba ocupado y con eso bastaba para anexionarlo.

A los mexicanos que se encontraron, de repente, residiendo en un Estados Unidos ampliado se les dio la opción de regresar a México o de convertirse en ciudadanos estadounidenses. Sobre el papel se les garantizó que sus derechos de propiedad serían respetados inviolablemente, la realidad fue bien distinta para muchos, pues empezaron a ser tratados como ciudadanos de segunda.

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