En la vida existe gente muy calculadora, que no da puntada sin hilo. Todo lo que hacen estas personas, es a cambio de una contrapartida, de la que puedan sacar el beneficio que ellos consideran oportuno, sin importarles mucho o nada, las consecuencias de sus pasos en la vida, sobre otros semejantes. Entre este tipo de personas, los hay que son verdaderos ingenieros de la trepada, y de la consecución, porque todo lo que les anima es avanzar y escalar, a costa de lo que haga falta. Estamos hablando de verdaderas apisonadoras, en algunos casos, donde no vuelve a crecer la hierva en el lugar que ellos habitaron.
Un día, una de las personas que obedece, más o menos, a este tipo de perfil, me comentó que yo era un gran estratega, y que hubiera sido un buen militar. Yo, me le quedé mirando perplejo, y, sin contestar, me paré a meditar sobre estas palabras.
Un gran estratega, un buen militar… sinceramente, me podría dejar llevar por la adulación, y caer en la fantasmada, porque, me paro a analizar mi realidad personal y existencial, y no encuentro estos valores que me atribuyen, sin merecerlos, porque no obedecen a la verdad.
Yo no soy tonto, o al menos no soy tan tonto como otros han pensado. No debemos caer en la subestima ni en la sobrevaloración. Lo que sí soy, porque he nacido con esa característica, que me viene de serie, es una buena persona, de tendencias bondadosas y positivas hacia los demás.
Fui educado en el cristianismo, y no tuve la mala suerte de toparme con educadores pederastas, ni dañinos en otros sentidos, sino que caí en las manos de personas que miraron y velaron por mí, con toda responsabilidad, y transmitiéndome los mejores valores que ellos tenían, y a los que debían su trabajo.
Si he de arrogarme algún mérito, simplemente fue la capacidad que tuve y que tengo, de aprovechar las buenas enseñanzas de las buenas personas, de asimilar lo bueno, y de aprender de las malas experiencias positivamente. Y nada más.
Me considero alguien que está aquí, en esta vida, para aprender de todo y de todos, y, de tal manera, conseguir superarme en mis defectos y en mis carencias. Como me enseñaron en el Colegio, estoy al servicio de todo el mundo, y procuro arrimar el hombro, sin complejos, con humildad, tratando de mirar por el bien de las personas con las que me relaciono.
La tal estrategia, y el sentido militar, con los que algunos piensan que yo actúo, es mera coincidencia con los pasos de una buena persona, que busca ser coherente con el Evangelio. Una persona sencilla, y una pobre persona, que, no obstante, valora su dignidad humana, pero sin dejar de perdonar a sus enemigos, ni dejar de tenderles la mano de la paz y de la reconciliación.
FRAN AUDIJE
Madrid, España, 2 de febrero del 2023
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