SER O NO SER…

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Célebre pasaje del Hamlet de William Shakespeare, que nos interpela en estos tiempos, a cerca de la realidad sobre la justicia y la moralidad: ¿Puede depender la justicia del criterio del poderoso?.

Ante la anterior pregunta debemos indicar, que ningún hombre es, o le es lícito, constituirse en Dios, o tomar el lugar del mismo. Y solo cuando esto ocurre, nos encontramos ante la reversión de la justicia y de la moralidad, pasando lo justo a ser injusto, y viceversa.

¿Se imaginan ustedes un mundo al revés?, pues resulta perfectamente posible. Estaríamos ante el caso de la institucionalización de la injusticia, caso en el que el mundo y las personas, dejarían de ser, para pasar a no ser. Se trataría de la negación del hombre, y, al decir de San Agustín, de la negación de Dios, de la aceptación de la nada.

¿Les suena algo esto?: A mí me está recordando al fascismo hitleriano más puro y duro. Me recuerda a los tiempos del fanatismo y de la marginación, a los tiempos de la persecución, a tiempos en los que se vacía el orden legislativo, para instaurar un régimen de terror, en el que la injusticia está subvencionada y sobrevalorada, la realización de un mundo adoctrinado, para que el pueblo empuñe la cruz gamada de su propia destrucción.

Un mundo, no obstante, en el que, para que dejemos de ser, la realidad se presenta muy atractiva: el mundo de la perfección corporal, de los cuerpos cincelados en el gimnasio; donde todo gira entorno a la sensualidad, que nos advierte un insospechado camino de felicidad, en el que la sexualidad pasa a ser el fin, dejando de ser un medio o un accesorio.

Estamos ante la reedición de la esclavitud, disfrazada de sexualidad, y concretada en la prostitución. Todo ha pasado a ser un objeto de placer, al que se le ha colocado un precio, que no necesariamente ha de ser pecuniario, sino que puede ser también en especie. La sexualidad se convierte, a pasos agigantados, en moneda de cambio, que hace desaparecer la dignidad y los derechos.

Ser o no ser… Permanecer en mi lugar, cumplir con mi deber responsable de ser humano civilizado, contra los vientos y mareas del dios hecho hombre, y constituido en una estafa al pueblo ciudadano, en el que el Evangelio o Buena Noticia sagrada, es reconvertida en un nuevo infierno en la tierra, muy lejos del Paraíso bíblico.

Como dijeran en otra gran obra, en este caso cinematográfica, estamos ante el «reverso tenebroso» de la Guerra de las Galaxias. El retorno del mal y de la maldad, a las instituciones del Estado, caracterizado por un trueque sin condiciones, que nos quita los derechos con tanta sangre, sudor, y lágrimas conquistados, para poner en su lugar un incentivo de la satisfacción meramente fisiológica. Tentación con la que es muy fácil conformarse, y, de hecho, las sociedades contemporáneas, están tirando la toalla en este sentido.

Estamos negando nuestro propio ser, para aceptar la nada y el caos, de momento no muy visibles, pero que nos es propuesta por personajes hábiles en el encantamiento de serpientes, de manera que caminamos hacia nuestra propia destrucción. Una destrucción propiciada por dioses humanos, los cuales, al tratar de tomar el lugar de Dios, desbaratan y desequilibran al mundo, propiciando el fin de nuestra civilización.

FRAN AUDIJE

Madrid,España,8 de agosto del 2023

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.


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