Lecciones y reflexiones a 50 años del Golpe de Estado en Chile

Escucha el artículo.

Tiempo de lectura 13 minutos.

Gerardo Kharriman Escorza

Lecciones y reflexiones a 50 años del Golpe de Estado en Chile.

Este año 2023 se cumplen 50 años del Golpe de Estado en Chile, acontecido el 11 de septiembre de 1973 y orquestado por la Junta Militar dirigida por el general Augusto Pinochet en contra del gobierno de la Unidad Popular (UP) y sobre todo contra el presidente socialista, pero democráticamente electo, Salvador Allende Gossens. Como consecuencia de dicho acontecimiento, la democracia en Chile fue disuelta, se estableció una violenta dictadura, el presidente Allende perdió la vida, y muchos chilenos fueron perseguidos, torturados, desaparecidos y expulsados de su país durante los 17 años que duró el régimen militar.

Uno de los corolarios más emblemáticos y dolorosos del Golpe de Estado fue la salida de muchos chilenos de su país debido a una implacable persecución política aplicada por la dictadura de forma despiadada. Una parte significativa de la diáspora chilena encontró refugio en México, gracias a la ya conocida tradición mexicana de asilo. La relación personal del entonces presidente de México, Luis Echeverría, con Salvador Allende fue crucial para que las autoridades diplomáticas mexicanas en Santiago, encabezadas por el embajador Gonzalo Martínez Corbalá, pudieran hacer efectiva la protección a la familia de Allende y muchos otros ciudadanos chilenos de diferentes perfiles, exfuncionarios, académicos, estudiantes, activistas, artistas, etc. Todos ellos fueron bien recibidos y acogidos en tierras aztecas y no pudieron regresar a su país sino hasta después del retorno de la democracia en Chile en 1990.

Entre los asilados que encontraron refugio en México se encontraba mi padre biológico, Luis Eduardo Carriman Pichicón, quien llegó a México el 21 de marzo de 1975, fecha en que recibió su asilo político. Regresó a Chile a principios de los 90, después de casi 20 años en la patria que le abrió los brazos a él y a los casi 3000 1 que emigraron a México por razones políticas en esos años. Luis Eduardo Carriman era un jovencito de entre los 17 y 18 años que estaba emocionado por la fiebre socialista de aquellos años. Su “delito” fue estar afiliado a un partido comunista cuando todo sucedió en septiembre de 1973. Por ese hecho, fue ubicado, y con engaños, secuestrado, torturado, encarcelado y posteriormente exiliado de su país. Dejó un niño recién nacido a quien no conoció sino hasta su regreso a Chile, homónimo suyo. Aquí en México procreo cuatro hijos más de diferente mamá, mi hermano David y yo por un lado, después mis hermanas Tania y Kenia por otro. De vuelta a su país, nació su última hija, mi hermana María. Somos en total seis hermanos para quienes la vida no fue nada sencilla en nuestras respectivas circunstancias. La primera mitad de nosotros (los varones) no conocimos a Luis Eduardo padre sino hasta la edad adulta. La otra mitad, mis adorables hermanas, si convivieron con él, pero con excepción de David y yo, todos los demás radican en Chile, y no fue sino hasta abril de 2008, cuando después de una exhaustiva investigación de mi parte, pude viajar a ese bello país, no sin contratiempos ni dificultades, a fin de encontrar el paradero de mi padre biológico y conocer a mis queridos hermanos, con quienes ahora tengo un estrecho, constante y entrañable contacto gracias a los nuevos métodos de comunicación digital.

Si bien siempre sentí curiosidad de saber cómo era mi padre biológico, no comencé mi búsqueda sino hasta mi edad adulta. No fue nada sencillo. En mi círculo familiar cercano no encontré ninguna información útil y cuando busqué en internet tampoco tuve éxito. Posteriormente acudí al gobierno gracias a las nuevas políticas de transparencia gubernamental, sin embargo, la respuesta recibida por el Instituto Nacional de Migración, dependiente de la Secretaría de Gobernación, tampoco fue positiva. A través de algunas amistades, se intentó rastrear datos fiscales, laborales o de seguridad social de mi padre biológico pero de la misma forma los esfuerzos de búsqueda fueron infructuosos. Parecía que no había registro alguno de él. Por fortuna, en el año 2007 ya colaboraba en la Dirección General para las Naciones Unidas en la Secretaría de Relaciones Exteriores. En aquel entonces uno de mis jefes directos, gran amigo y excelso diplomático de carrera, David Olvera, me sugirió ir al Archivo Histórico Diplomático de la misma Cancillería mexicana para revisar los archivos de los solicitantes de asilo en aquellos años. Después de la respectiva autorización y tras la revisión minuciosa de varios expedientes pude encontrar las primeras piezas del rompecabezas que me llevaron a Santiago de Chile al año siguiente.

Mis hermanas Tania y Kenia me comentaron hace varias semanas atrás que la Embajada de México en Chile, las convocó para hacerlas partícipe de un proyecto interesante para recopilar las experiencias de los hijos de los asilados denominado “No me fui, me llevaron: una aproximación al exilio chileno en México desde las segundas y terceras generaciones”, lo cual fue muy gratificante para ellas. Mi profundo reconocimiento a las autoridades diplomáticas de mi país por dicha iniciativa. Lamentablemente no hubo nada parecido aquí por parte de las autoridades chilenas, solo unas pocas actividades con personalidades de alto perfil pero nada más. Faltó un diálogo o acercamiento entre los asilados y sus descendientes. Las muchas actividades conmemorativas fueron realizadas por las instancias mexicanas, tanto gubernamentales, como académicas y de la sociedad civil.

¿Qué lecciones nos dejan los eventos en torno al Golpe de Estado en Chile? ¿Qué reflexiones nos motiva su transición de la dictadura y a la democracia? y ¿qué lecciones nos deja para el devenir histórico de Chile?

Los efectos del Golpe de Estado de 1973 han dejado muchas secuelas en el terreno político, económico y social en Chile, así como en su diáspora y todos ellos con repercusiones hoy en día. Desde el plebiscito de octubre de 1988, la transición de la dictadura a la democracia no ha sido nada sencillo y ha sido un camino de claroscuros. Si bien el progreso económico y social, así como la estabilidad política en el país contó con el reconocimiento internacional, los ulteriores gobiernos democráticos de la “Concertación”, coalición de partidos de centro y de izquierda que gobernó el país por los primeros 20 años, navegaron con altibajos pero también dentro de un marco institucional, jurídico y político heredado de la dictadura. Esto quizá fue uno de los obstáculos pero también una de las causas de los movimientos sociales de los años posteriores y que mostraron las grietas, inequidades y contradicciones del modelo chileno. No ha importado que los gobiernos recientes hayan transitado en ambos lados del espectro político, es decir, de la derecha a la izquierda, el hartazgo social acumulado por años fue de tal magnitud que tuvo como resultado la necesidad evaluar una posible sustitución del sistema pinochetista plasmado en la actual Constitución. No obstante, la reacción popular en torno al proceso para la adopción de una nueva Carta Magna ha arrojado más interrogantes y contradicciones en un país profundamente polarizado y dividido. El reto de la actual administración del presidente Gabriel Boric, de corte izquierdista, es la de coadyuvar al éxito de un proceso complejo pero incluyente.

Uno de los factores de la profunda división en la sociedad chilena es precisamente por las violaciones sistemáticas a los derechos humanos que tuvieron lugar durante la dictadura. El proceso para la reconciliación nacional ha sido lento, pese a los esfuerzos de los gobiernos chilenos posteriores para dar a conocer y esclarecer las atrocidades cometidas por los militares. El informe la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación o informe Rettig, la formación de la Comisión Nacional sobre Prisiones Políticas y Torturas, en la que participaron integrantes del Ejército chileno así como la Comisión Valech son ejemplos medulares de ello. Sin embargo, esto no ha sido suficiente. Las Fuerzas Armadas aún parecen intocables y el dictador Pinochet falleció sin haber sido juzgado.

Quizá una alternativa para la tan anhelada reconciliación es el desaprender lo aprendido para mirar con nuevos ojos y una perspectiva diferente sobre lo ocurrido en torno al Golpe de Estado y que pretende ofrecer una respetuosa autocrítica para ambos lados del entramado político-ideológico chileno:

En primer lugar, es fundamental reconocer que los extremismos son siempre dañinos y que el discurso o las narrativas de blanco o negro son por definición excluyentes. La verdad siempre tiene matices así como diferentes tonos de grises, y para lograr una comprensión más integral de lo sucedido y sus corolarios, es fundamental el conocer de forma desapasionada los mayores detalles posibles, tanto de un lado como del otro. La intolerancia y fanatismos siempre encuentran cabida en este tipo de enfoques extremistas. Una lección fundamental que en toda Latinoamérica debemos comprender, es la importancia de la tolerancia y el respeto incluso entre las antípodas de pensamiento, ideología o partidista. Los discursos que solo fomentan el antagonismo exacerbado entorpecen el progreso de un país y lo mantienen en el rezago y la convulsión en todos los sentidos. En nuestra historia abundan muchos ejemplos y corremos el riesgo de repetir los mismos errores. En Chile, la oposición política sobre todo durante el gobierno de la UP también tiene responsabilidad en la polarización que derivó en la dictadura.

En segundo lugar, es importante hablar y reconocer el mito de la Unidad Popular, en cuyo seno existía una frágil y compleja relación entre grupos moderados y extremistas de izquierda con diferentes prioridades y agendas que congeniar. Fue precisamente la división y el conflicto de intereses y objetivos entre las distintas facciones a interior de la UP, en donde residió la principal debilidad del primer gobierno socialista de Chile. Muchas de las acciones llevadas a cabo por el ala radical de la UP, fueron las que contribuyeron a la preocupación y malestar de diversos sectores de la sociedad chilena y torpedearon al mismo gobierno socialista. Adicionalmente, y sin menoscabo de la integridad, valor y sacrificio del presidente Salvador Allende así como de su genuino deseo de lograr lo mejor para su país, es menester reconocer sus errores y no solo sus aciertos en un contexto polarizado, en una sociedad que no estaba preparada y en los tiempos inadecuados. En suma, las circunstancias adversas, los factores (y actores) tanto internos como externos de la época, así como los desaciertos del presidente Allende y los de los distintos partidos de la coalición de la UP, lo que aumentó la desconfianza en diversos sectores de la sociedad chilena, principalmente de los militares . 2

En tercer lugar, considero que las personas o grupos afines en mayor o en menor medida de la dictadura, deben reconocer que en una democracia por imperfecta que esta sea, no hay argumento válido alguno para la vulneración del orden constitucional y del estado de derecho. Por lo tanto, ningún golpe de estado o cualquier irrupción de la legalidad pueden tener el privilegio de la legitimidad. Más aún, no existe ni existirá jamás, la justificación para la transgresión a los derechos humanos. El régimen de Pinochet tiene las manos manchadas de sangre y no debe existir impunidad ni simpatía con los perpetradores de los más de tres mil muertos y desaparecidos y los poco más de 28 mil detenidos y torturados. La historia de mi padre, además de trágica es dolorosa. Él era solo era un muchacho siendo torturado por militares por la única razón de tener simpatía por el socialismo de la época. Lo que le hicieron a él y a muchas personas es indecible y deleznable.

Finalmente, con la información desclasificada por el gobierno de los Estados Unidos, no existe duda alguna sobre la injerencia de las autoridades norteamericanas ya sea directa o indirecta en años previos y sobre todo, durante los tres años del gobierno de la Unidad Popular y que solo contribuyó a fomentar mayor inestabilidad en Chile. Aunque se entiende que el contexto mundial a fines de los 60 y principios de los 70 era sumamente delicado por el conflicto bipolar de la Guerra Fría, la activa intromisión estadounidense con fines claros de desestabilización política, no solo en Chile sino en otros países de la región es algo sumamente repudiable, y debe condenarse sin reservas y sin importar la afinidad ideológica o partidista.

Con lo anterior en mente, la conmemoración de los sucesos trágicos de septiembre de 1973 nos debe motivar a la búsqueda de un mejor comprensión, tolerancia y respeto. El riesgo del creciente autoritarismo, no solo en América Latina sino en otras partes del mundo tiene sus raíces en los antagonismos exacerbados y la falta de puentes de entendimiento promovidos por narrativas o discursos divisivos e intolerantes. La unidad y la reconciliación nacionales, aceptando que existen diferencias ideológicas y de intereses, puede ser posible. Ejemplos como lo hecho en Europa, Alemania, Japón y en Sudáfrica lo demuestran. Aunque los distintos procesos en Chile se han dado en pasos lentos, a veces progresistas y a veces contradictorios, el país ha dado muestras de civilidad, madurez democrática y altura política. Todos en Latinoamérica podemos seguir su ejemplo y hacer lo necesario para que nunca más se repitan golpes de estado, ni dictaduras ni violación a los derechos humanos. Los muchos chilenos exiliados y sus descendientes, tanto en México como en otras partes del mundo, sabemos sobre la importancia de la democracia, la libertad, la tolerancia y la salvaguarda a los derechos humanos de todas y todos.

Gerardo Kharriman Escorza
Internacionalista por la UNAM.
2

1La cifra total es un estimado de la Casa de Chile en México debido a que las autoridades mexicanas nunca han dado a conocer cifras exactas totales oficiales. Véase: Rojas Mira, Claudia Fedora, Las moradas del exilio: La Casa de Chile en México (1973-1993). 1ª Edición. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC). México, 2019. Págs., 83-84.

2Para conocer un relato muy interesante, completo, objetivo y desapasionado recomiendo ampliamente el libro intitulado: “Chile, surgimiento y ocaso de una utopía 1970-1973”, testimonio del ministro Héctor Mendoza y Caamaño, diplomático mexicano que atestiguó los acontecimientos como responsable del área consular de la embajada mexicana en Santiago. Su libro, es de esos ejemplares que solo pocos distraídos encontramos en la librería de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, ubicada en la planta baja del edificio ubicado en avenida Juárez 20, del Centro Histórico de la Ciudad de México

3Véase: Sagredo Baeza, Rafael. “Historia Mínima de Chile”. 1a. edición. México D.F. El Colegio de México, 2014. Págs. 266-267.

4Para algunos detalles interesantes véase: Buriano Castro, Ana; Dutrénit Bielous Silva, y Vázquez Valencia, Daniel. “Política y memoria: a cuarenta años de los golpes de Estado en Chile y Uruguay”, FLACSO México e Instituto José María Luis Mora. 1ª Ed. 2015. México. Págs. 80-82

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.


Descubre más desde REVISTA UNIDAD PARLAMENTARIA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Un comentario en “Lecciones y reflexiones a 50 años del Golpe de Estado en Chile

  1. Pingback: rjlescas

Deja un comentario