Uno puede ser mil cosas en esta vida, y sentirse muy orgulloso de ello, pero, dentro del ser de cada uno y de cada cual, deben existir siempre educación y respeto hacia todos los demás.
Tener derechos, al menos en una democracia que se precie, donde impere la Ley, significa, antes de todo, que también tienes la obligación de respetar los derechos de todos los demás. Menta el principio jurídico: “Mi libertad acaba donde empieza la del otro”.
Ser educado, o tener educación, equivale a ser alguien ético, independientemente de las modas o de las religiones. Lo mínimo para convivir en la sociedad, es la ética, o, lo que es igual, no perder bajo ningún concepto la educación. En otros tiempos se decía que: “Hay que ser un caballero”.
En nuestros días, se está hablando bastante del estado de la política, en uno de los ámbitos que más deja desear por sus abusos y delitos. En tal sentido, reza el refrán castellano: “En la mesa y en el juego, la educación se ve luego”. Es decir, que se debe demostrar la educación, ante todo en los momentos de prueba, cuando estamos sometidos a tentaciones, o cuando nos ponen contra la espada y la pared.
No olvidemos que el mérito está en la dificultad, no tanto cuando las situaciones dejan de ser exigentes, o cuando todo va a pedir de boca.
La política es un ámbito, precisamente, donde se somete a prueba a las personas más de lo normal, porque nos encontramos con la tentación de abusar del poder que disponemos. Se puede abusar en la política, utilizando la misma en nuestro beneficio, o cometiendo delitos bien gordos, como robar, o violar derechos, además de otros más graves aún que se podrían cometer, si la política se organiza como ente criminal.
Todos deberíamos estar al servicio, los unos de los otros, en la medida de nuestras posibilidades, pero la vocación del político, o del hombre de Estado, así como la de los funcionarios de la Administración Pública, es puramente de servicio hacia el resto de los ciudadanos.
Como aseveraba el ex presidente de Uruguay, José Múgica, la política no es para sacar plata, es decir, para enriquecerse, sino para servir al pueblo, al resto de mis compatriotas.
Cumpliendo con nuestro deber, algo que se estila poco en nuestros días, estamos contribuyendo a la convivencia y a la concordia sociales, porque nos estamos comportando con educación, respetando los derechos de los demás, que cuentan con idéntica obligación que nosotros: la de respetar, a su vez, nuestros derechos.
Hay un dicho definitivo al respecto: “Para llevarse bien, no se necesitan las mismas ideas, se necesita el mismo respeto”.
FRAN AUDIJE
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